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El 'boom' de viviendas turísticas arrecia tras la pandemia

H.J.
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En los 10 primeros meses del año se han superado las altas del ejercicio pasado y ya son 250. Entre todas suman más de 1.500 plazas

Dos parejas de turistas franceses, en una vivienda recién abierta del centro histórico de Burgos. - Foto: ALBERTO RODRIGO

El ritmo de altas de las viviendas de uso turístico ha vuelto a incrementarse después de la pandemia. Después de un año 2020 en el que el número de altas decayó notablemente respecto al ejercicio anterior, en los últimos meses se nota que los propietarios vuelven a animarse. Espoleados por el incremento de la movilidad y por la posibilidad de sacar rentabilidad a inversiones inmobiliarias, o directamente como una forma de obtener ingresos, cada vez hay más pisos turísticos repartidos por el territorio provincial.

Según datos aportados por la sección de Turismo de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León, este tipo de viviendas alcanzan ya las 247 en toda la provincia de Burgos tras haber sumado 49 entre el 1 de enero y el viernes 5 de noviembre.

Este casi medio centenar supone un repunte de la tendencia alcista tras las 44 incorporaciones de 2020, cuando se produjo un visible desplome respecto a las 76 de 2019. Parece evidente que los meses más duros de la pandemia, cuando no se podía viajar ni siquiera entre localidades o provincias vecinas, invitaba poco a la apertura de nuevos recursos turísticos.

Hablamos siempre de aquellas viviendas que cuentan con los permisos autonómicos en regla, lo que les permite aparecer en el portal de datos abiertos disponible en la página web de la Junta. Porque un problema que sufre el sector, y que hace meses denunció la Asociación de Viviendas y Apartamentos de Uso Turístico de Burgos (Viatbur) es la presencia de una "competencia desleal" de quienes no tienen las viviendas correctamente dadas de alta para evitar impuestos.

Las casi 250 que son legales suman en la actualidad más de 1.558 plazas, lo que supone una media de más de 6 por cada vivienda.

La normativa autonómica exige que las viviendas de uso turístico tienen que contar, como mínimo, con un dormitorio, salón-comedor, cocina y cuarto de baño o aseo, salvo las viviendas tipo estudio, en las que el dormitorio, salón-comedor y cocina ocupen un espacio común. Además, deben disponer de una licencia de primera ocupación, cédula de habitabilidad o autorización municipal correspondiente.

Freno en la capital. De ahí que también estén obligadas a pasar por un trámite en el correspondiente ayuntamiento. En el caso de la capital, y pese al incremento que se observa en toda la provincia, el concejal Miguel Balbás, apunta a una caída en las licencias concedidas a lo largo del último año en el municipio de Burgos. Entre enero y agosto (últimos datos conocidos) han pasado por la correspondiente comisión 18 viviendas frente a las 41 de 2020 y las 54 de 2019.

La ubicación por excelencia de este tipo de establecimientos es el centro histórico. De hecho, los permisos de este año se concentran todos en la parte más antigua de la ciudad, aunque en el listado de la Junta, que es mucho más amplio, pueden encontrarse multitud de ejemplos diseminados por otros barrios y que están orientados no tanto al uso puramente turístico sino también a estancias por motivos de trabajo o visitas médicas.

Hasta junio de 2020, tanto los apartamentos (que son negocios en bloques y llevan otro tipo de regulación) como las viviendas de uso turístico estaban sujetos a tramitación de una licencia ambiental y su posterior comunicación de inicio. Pero desde aquel verano, y tras la simplificación de la actividad administrativa, basta con una comunicación ambiental y los propietarios pueden empezar a ejercer la actividad sin esperar a los informes municipales.