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"Obligar a vacunarse implica un debate muy complejo"

A.G.
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La jefa del Servicio Territorial de Sanidad, Dolores González Herrezuelo, habla de salud pública y del papel de sus trabajadores en la pandemia

Dolores González Herrezuelo, jefa del Servicio Territorial de Sanidad. - Foto: Valdivielso

Apenas lleva unos meses en la jefatura del Servicio Territorial de Sanidad pero defiende con vehemencia e insistencia de veterana el trabajo que han realizado todos sus profesionales desde que empezó la pandemia de la covid-19, a la vez que se duele de lo poco conocida que ha sido esta labor con respecto a la de los sanitarios asistenciales del hospital y de la atención primaria a la que, por supuesto, no quita ni un ápice de valor. Dolores González Herrezuelo (Toro, Zamora, 1956), veterinaria de formación, que llegó hace treinta años a Burgos y que en los últimos cuatro -después de haber pasado por diferentes puestos en la Junta- ha dirigido el Laboratorio Agrario, dependiente de la Consejería de Agricultura, entiende que haya quien se pueda sorprender de que con su formación esté al frente de Sanidad -un departamento que se ocupa de muy variadas cuestiones relacionadas con la salud pública desde las vacunaciones y la prevención de las enfermedades hasta el cumplimiento de la ley anti-tabaco o el análisis de las aguas de baño- y afirma que la suya es una profesión que tiene, quizás como ninguna, una visión general de la sanidad pública: «Muchas veces la gente pregunta qué hace un veterinario en la Administración cuando lo que se debería preguntar es qué no hace».

Pues sea. ¿Cuál ha sido el papel de estos profesionales desde que empezó la pandemia?
Creo que hemos jugado un papel menos importante que el que podríamos haber jugado. Se han hecho muchas cosas, cada uno en nuestro ámbito, y desde este Servicio Territorial, aparte de Epidemiología, que ha llevado todo el peso, los veterinarios se han encargado del coronavirus en los establecimientos que tienen asignados y sobre los que tienen conocimientos. Se planteó que todos los establecimientos de los que son responsables -los relacionados con alimentación en todas sus formas- debían incorporar medidas higiénicas y un protocolo anticovid y estos profesionales han sido los responsables de vigilar de que se estableciesen y se cumpliesen a través de su control. Además, se hicieron cargo de las inspecciones de las residencias de ancianos y de los centros de día, tanto de los que servían comidas como de los que no, para poder controlar si se ejecutaban correctamente las medidas higiénicas.

Sí que resulta singular, si no se conoce la amplitud de su profesión, que los veterinarios se ocuparan de las residencias de mayores...
Alguien tenía que hacerlo. Así que a las personas que conocían estos establecimientos, que son los veterinarios porque hacen habitualmente las inspecciones de comedor y cocina, se les amplió su competencia, sin bajar la guardia, por supuesto, de la seguridad alimentaria en ningún momento. Desde el punto de vista de la formación los veterinarios somos capaces de evaluar cualquier riesgo sanitario vinculado a los alimentos y, por otro lado, la epidemiología en Veterinaria es de una importancia vital porque tiene un componente económico importante, sobre todo en la producción animal, y por eso se le da tanta importancia a la prevención de las enfermedades en función del conocimiento que se va adquiriendo. Todo lo que se hizo durante la pandemia -que era la primera vez que se veía en medicina humana- de confinar a la gente en sus casas y de restringir los movimientos, en medicina veterinaria se utiliza habitualmente. Si hay un brote en una granja se impide el movimiento de los animales, se dejan de vender y es muy sencillo. Todos los métodos y medidas epidemiológicas que se han tomado durante la pandemia son las habituales en medicina veterinaria. Así que teníamos muchos conocimientos. ¿Qué no teníamos? Como tantos otros colectivos, que ni se pensó que se podía llegar a lo que llegamos. 

Dolores González Herrezuelo, jefa del Servicio Territorial de Sanidad.Dolores González Herrezuelo, jefa del Servicio Territorial de Sanidad. - Foto: Valdivielso

¿Qué le contaron sus compañeros de aquellos días?
Pues que fueron durísimos, tanto, que la pregunta que más recibí al llegar aquí fue que cómo me había atrevido 'con la que está cayendo'...

¿Y cómo se ha atrevido?
Me pareció que era interesante y una responsabilidad poder aportar algo, no sé si poco o mucho pero desde luego sí una gran capacidad de trabajo que siempre he tenido, en un momento tan difícil de la historia,  no digo de Burgos o de Castilla y León o de España, sino de la humanidad entera. Y estoy disfrutando: me encuentro con  muchisímos retos cada día, con cosas nuevas que me resultan muy interesantes.

Volviendo al trabajo del Servicio Territorial, la labor de la sección de Epidemiología sí se dio a conocer.
Por supuesto y ha sido el pilar básico de todo. Yo aún no estaba aquí pero sé que muy al principio el propio hospital pidió información a su responsable, el doctor José Luis Yáñez, para ver qué previsión había. Y estudiando los datos de los países que iban un poco por delante de nosotros se pudo hacer un cálculo de los ingresos que podría haber, de los respiradores que iban a ser necesarios o de los EPI que iban a hacer falta y la propia gente de la UCI ha contado que gracias a esa previsión, el hospital pidió material y pudo solventar los problemas.

¿En qué más ha sido trascendental su trabajo?
Mira, para luchar contra un enemigo lo mejor es conocerlo lo más posible y la única manera de conocer una enfermedad es ver como evoluciona. Y esa evolución solo se ve recogiendo miles de datos sobre el tipo de pacientes a los que afecta, la sintomatología que da... Toda la vigilancia epidemiológica que realiza  esta sección se basa en recoger una enorme cantidad de datos para procesar y precisar cual es la mejor solución.

La vacunación contra la covid, de cuyo inicio se va a cumplir enseguida un año, también da su primer paso aquí.
De siempre, todas las vacunas que administra Atención Primaria y el hospital salen de aquí: gripe, campañas infantiles, hepatitis... y con la covid se hizo lo mismo, para lo que hubo que adaptar espacios y adquirir equipos -los famosos ultracongeladores- y lo que se hace es recibirlas, almacenarlas controlarlas y repartirlas en función de la organización de cada ámbito de la salud, con  cuyas responsables -Mónica Chicote en Primaria y Marta Puente en la Gerencia de Salud de Área- hemos tenido una magnífica relación. Es verdad que cada servicio tenemos nuestro papel pero la coordinación es muy buena.  

¿Se ha reforzado el personal para abordar esta carga de trabajo?
Pues realmente no tanto como nos hubiera gustado. De hecho, solo se contrató una enfermera pero como en todas las crisis, sale a relucir lo mejor y cuando ha habido olas, profesionales sanitarios de otras secciones como Promoción de la Salud u Ordenación Sanitaria han colaborado en la recogida de datos o en la filtración y el estudio de historias clínicas. En cualquier caso, esta pandemia es algo que ha desbordado al mundo así que no nos quejamos.

¿Siguen teniendo ahora -año y ocho meses desde que empezara todo- la misma presión?
Sí, muchísima. Por ejemplo, la quinta ola en Burgos especialmente fue caótica porque afectó un poco a las residencias de ancianos y, fundamentalmente, a gente joven entre 20 y 30 años, con mucha movilidad, en un momento que acababan carreras y salían, que empezaban los campamentos y las actividades de verano: no dábamos abasto a hacer la depuración de datos y, de hecho, tenemos aún datos sin procesar. Para conocer bien una enfermedad necesitamos tener todos estos datos, no podemos decir que equis pacientes son asintomáticos si no tenemos todos los datos. Aún no hemos conseguido digerir la quinta ola.

¿Qué tipo de datos recogen?
Todas las mañanas nos llegan los positivos y tenemos que saber sus contactos, si saben dónde se han contagiado, si tienen sintomatología, si están vacunados... cualquier cosa que nos indique cómo evoluciona la enfermedad porque se trata de hacer una foto fija de cada momento. El procesamiento de todos esos datos, que luego se ven en una tabla fantástica que se entiende al primer vistazo, se hace aquí y ha habido días de 400 positivos y hasta de 800 el verano pasado, así que se puede imaginar el nivel de trabajo que hemos tenido, porque había que relacionarlos entre sí, a los anteriores y a los posteriores, para conocer los brotes y nos encontrábamos con jóvenes que no podían  o no querían dar sus datos por temor a represalias, que, desde luego, no había.  

¿Cuánto les preocupa que haya gente que no se esté vacunando?
Es preocupante porque aunque España está por encima de los países de su entorno con que haya una sola persona que no lo haga puede poner en riesgo a otras.

¿Con respecto a las vacunas de los menores se controla si las familias se las ponen?
Sí, se controla, sobre todo, el cumplimiento de los calendarios. También se invita a las familias a vacunar y se pasan los datos a Atención Primaria pero también es verdad que no es obligatorio... 

¿Les preocupan los datos?
La verdad es que no. Por suerte, los negacionistas no son muchos pero aunque haya solo uno hay tratar de convencerle de las ventajas que supone la inmunización.

¿Sería partidaria de que fuera obligatoria la vacunación?
Implica un debate muy complejo y eso que me duele mucho la existencia de negacionistas. Puedo entender que alguien no quiera un tratamiento para una enfermedad que padece y de la que puede fallecer pero no me cabe en la cabeza que no se den cuenta de que no se trata de una protección personal sino de toda la sociedad, me parece de un gran egoísmo, tanto los negacionistas como los que han dejado esta responsabilidad en manos de los demás y piensa que como está vacunado el 80% de la población ya está a salvo. 

Por terminar con el tema de las vacunas. ¿Se ha normalizado ya, con la apertura de fronteras, el servicio de vacunación para viajeros?
Este año solo se ha recuperado la actividad al 25% porque los viajes no son tan frecuentes aún.

¿El uso de mascarillas ha podido reducir las intoxicaciones alimentarias?
Se han reducido pero no por el uso de las mascarillas. Este año ha habido cuatro o cinco, que hayamos tenido conocimiento. Muchas se producen en casa y los afectados no van al médico,  por lo que no traspasan del ámbito doméstico y seguro que esas se han seguido produciendo. Pero las que fundamentalmente conocemos son las que aparecen en celebraciones como bodas o en cenas y reuniones en establecimientos hosteleros y como todo eso ha estado muy restringido también ha bajado el número. La mascarilla impide, sobre todo, virus respiratorios y las intoxicaciones alimentarias están en la manipulación de los productos. No sé, por cierto, en qué momento dejaremos de usarlas y creo que deberían permanecer, cuando acabe todo esto, en caso de tener un catarro y que la gente se la coloque como signo de cortesía hacia los demás para no contagiar.

¿Cómo es de respetuosa con las normas higiénicas la hostelería burgalesa?
Todo es mejorable pero, en líneas generales, se hace todo muy correctamente.

Hace un tiempo contamos en el periódico que desde el Servicio Territorial le habían declarado la guerra la práctica de poner los pinchos sobre los mostradores a la intemperie. ¿Siguen en ello?
Por supuesto. Pero esto ha mejorado mucho, paradójicamente, gracias al coronavirus porque se tiene mucha más precaución y los hosteleros han sido muy cautos y colocan los pinchos dentro de las vitrinas. 

Hablando de prácticas vinculadas a la alimentación... ¿Siguen haciéndose matanzas de cerdos en casas particulares?
Sí, pero ha disminuido en 15 años hasta quedarse en un 10%. Entonces se mataban unos tres mil cerdos y en la última campaña no han llegado a los trescientos. Se sigue haciendo pero se concentra, sobre todo, en los puentes vinculados a las celebraciones familiares y se somete  a los animales a las analíticas correspondientes. 

¿Qué función desempeña el laboratorio de Salud Pública?
Sobre todo, control alimentario y de aguas de zonas de baños. Damos servicio, por ejemplo, al programa de muestreo de alimentos para el control de riesgos químicos: miramos estaño, colorantes, edulcorantes, nitratos, sulfitos...,  también se hace control microbiológico y toma de muestras de residuos de sustancias como corticoides, tranquilizantes o antibióticos en los alimentos; control de listeria y enterococos para empresas exportadoras que se lo requieren y control de drogodependencias, con algo más de 4.000 muestras anuales en orina que nos derivan desde el Centro Penitenciario, Cruz Roja o Proyecto Hombre.

¿Quince personas son suficientes para este volumen de trabajo?
Son pocas y con el problema que siempre tenemos, la elevada edad del funcionariado. El problema es el relevo. Cuando no hay una plantilla muy amplia nadie puede entrar a aprender porque no hay una plaza. 

Quería preguntarle por las infracciones contra la ley anti-tabaco que también son cosa suya. ¿Son muchas o la gente se va acostumbrando a cumplirla?
Hay dos tipo de inspecciones: unas aleatorias, que las hacemos aprovechando las visitas a establecimientos de nuestra competencia -centros sanitarios, hoteles, bares- y las dirigidas, que son las que provocan las denuncias. En lo que va de año se han presentado 16 y se han puesto seis sanciones.

¿Les ha llegado alguna denuncia del hospital? Se lo digo porque es una estampa muy recurrente la de gente fumando en sus alrededores -profesionales y visitas- a pesar de estar expresamente prohibido.
Ninguna. Tendríamos que actuar porque es nuestra competencia, así que habrá que abordarlo de alguna manera.

Se está hablando ya de darle una vuelta de tuerca más a la ley. ¿Está de acuerdo en endurecerla?
¿Alguien pensó hace diez años que llegaríamos al punto en el que estamos hoy? Algo que parece imposible, finalmente se consigue.

Otra de sus funciones es la de la prevención de enfermedades con campañas por la detección precoz de determinados tipos de cánceres y promoción de actividades saludables. ¿Por qué cree que no se le da la importancia que tiene?
No sabemos transmitirla y es una de las cosas que más me preocupa. Muchas veces la gente tiene miedo y prefiere no saber lo que le puede pasar cuando es justo lo contrario, que si lo sabes puedes hacer algo. Recuerdo al doctor Federico Saez-Royuela, ya fallecido y buen amigo, que siempre decía que la gente no sabía que la prevención en cáncer de colon evitaba muchas muertes, casi tantas como la del cáncer de mama y mientras a esas revisiones las mujeres están acostumbradas, a las del colon  la gente no se ha hecho del todo. Todo es educación y conciencia, pensando, además, en lo que se ahorra el sistema. Habría que cambiar el modelo porque estamos muy centrados en el 'estoy enfermo, que me curen' y no tanto en las actividades que nos ayudan a estar mejor como  el no fumar, el ejercicio, etc...