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Hand Bike, una forma de afrontar la vida

A.C.
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Luis Alberto Santamaría, de Villarcayo, es el actual subcampeón de España de hand bike en su categoría de discapacidad y uno de los poco más de 50 hand bikers federados de España

Luis Alberto Santamaría sobre su nueva hand bike de fibra de carbono, patrocinada en buena parte por la marca Carbon Master, de Baracaldo. - Foto: A.C.

Luis Alberto Santamaría rompió su primera silla de ruedas en solo cuatro meses, porque a pesar de su paraplejía, en su mente había pocos límites más allá del hecho de no poder andar con los pies. Una sencilla frase resume la filosofía de este deportista de 43 años, al que un accidente de motocicleta en las curvas del embalse de Sobrón, dejó malparado en 2015: «Nunca me he sentido un discapacitado. Echo de menos andar en moto, no andar».

Con esta filosofía decidió adentrarse en el mundo de la bicicleta ya en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde permaneció ocho meses, y  en 2020 quedó subcampeón del Campeonato de España en su categoría tanto en contrarreloj como en ruta. En noviembre aspira a subirse de nuevo al podio en el Campeonato de este año que se celebrará en Cadalso de los Vidrios (Madrid). Santamaría es uno de los poco más de cincuenta hand bikers existentes en España y el único de Burgos.

Antes de que su accidente le causara el estallido de la dorsal 11 y la fractura de la 12, nunca había practicado deporte, «ni en el colegio». Solo disfrutaba del enduro con la motocicleta de monte los fines de semana y por afición, nunca en competición. Sin embargo, ahora ve la bicicleta de mano o hand bike como «una forma de afrontar la vida», una nueva vida con mucho tiempo y en la que los férreos y rutinarios entrenamientos le ocupan de dos a cuatro horas diarias seis días a la semana.

Antes de salir del hospital de Toledo ya había comprado su primera bicicleta adaptada. Su primera carrera la disputó estando aún hospitalizado. Fue la edición de ‘Ponle freno’ de 2015, en Madrid. Después comenzó a coger la bicicleta sin intención de competir y empezó a dar paseos y a participar en citas populares como la Behobia-San Sebastián, a la que sigue yendo cada edición para reencontrarse con su compañero donostiarra de habitación en Toledo. La primera carrera seria llegó en 2017, nada menos que en el circuito de velocidad de Jerez, donde recuerda que lo hizo «muy mal» y le llegaron a doblar, pero su amigo Daniel Cerezo insistió en que lo tenía que seguir intentando y ahora su garaje está lleno de copas y premios.

Se lo empezó a tomar más en serio y sus brazos y su torso se fueron transformando y escalando podios. En las cuatro primeras carreras de la Copa de España de 2021 ha sido dos veces primero y dos, segundo. Le quedan tres más en Cheste, Mazarrón y Totana para concluir. En el Campeonato de España aspira al podio, aunque sabe que tiene delante a Martín Berchesi, «ahora imbatible para mi, salvo que pinche», aunque poco a poco se va acercando a su nivel.

Dejará la bicicleta si le deja de divertir, pero eso no parece que esté cerca. «El bronce en Tokio en mi categoría tiene 63 años. Nunca se sabe si podré alcanzar los Juegos Olímpicos», dice. Los ayuntamientos de Santa Gadea del Cid, el pueblo de su madre, y el de Villarcayo, el de su padre y su casa, confían en él y en sus capacidades, así como la Fundación Caja Rural y muchos otros patrocinadores privados.