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El Pozo Azul pinta negro

H.J.
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Tras dos veranos sin exploraciones, la extrema dificultad de la surgencia de Covanera hace temer que su conquista se paralice durante años

El Pozo Azul pinta negro - Foto: Jesús J. Matías

Ha sido comparado con retos tan gigantescos como el Everest o con la conquista de los polos. Incluso con las misiones espaciales. A sus profundidades ha llegado menos gente que a la luna y en los últimos años fue objeto de intensas campañas de exploración, pero el Pozo Azul ha levantado semejante barrera para las capacidades humanas que empieza a convertirse en una utopía a corto plazo.

La gigantesca cavidad situada junto a la localidad burgalesa de Covanera, cerca del cañón del Ebro, no tiene todavía un final conocido. Algunos de los mejores buceadores del mundo se han internado 14 kilómetros en la montaña y no han logrado saber dónde acaba. Para llegar hasta ese punto tienen que superar varios sifones (inundados por completo), entre los cuales se intercalan cavidades secas repletas de rocas traicioneras y cortantes.

El buceo de larga distancia, complicado además por grandes profundidades que exigen respetar los tiempos de descompresión, no es posible sin el apoyo de torpedos o bombonas extra. Y todo ese material, pesadísimo fuera del agua, hay que transportarlo por las entrañas de la tierra, sin comunicación alguna con el exterior.

Semejante cúmulo de dificultades hace de la incursión en el Pozo Azul una tarea titánica y extremadamente peligrosa, en uno de los entornos más hostiles imaginables, que muy pocas personas en el mundo son capaces de afrontar. Quienes han alcanzado en los últimos años las puntas de exploración han sido buceadores británicos y holandeses, a los que las dificultades de movilidad por la pandemia ha complicado viajar en los dos últimos veranos.

De ahí que las campañas de 2020 y 2021 hayan pasado sin fruto alguno por Covanera. No ha habido la cuadrilla de entusiastas que durante muchos meses de agosto animó el Bar Muñecas, ni el trasiego constante por el camino que comunica el pueblo y las heladoras aguas de la surgencia. Porque no vinieron las grandes estrellas de Inglaterra o Países Bajos, pero tampoco el equipo de españoles que desempeñan un papel fundamental en la logística y en la llegada a la primera cavidad, el que podríamos considerar como primer campo base de la cueva.

Xesús Manteca y Pedro González, dos de sus componentes, explican que las dificultades para seguir explorando el Pozo Azul son de diversos tipos. Por un lado, el amateurismo con el que se emplean todos ellos, pues ninguno es buceador profesional, todos tienen su trabajo y por tanto necesitan reservar tiempo para la preparación previa, para desarrollar horas de práctica, para tener una soltura y un manejo perfecto, y para la campaña propiamente dicha.

Por otro, los fondos para costear el material necesario, que no es tan caro como hace un tiempo y se va abaratando como todos los avances tecnológicos, pero que supone un esfuerzo que pocos pueden permitirse en la adquisición de las últimas mejoras que ayuden a llegar un poco más lejos. Es una actividad poco mediática y no hay patrocinadores que lo impulsen de forma decidida.

 

(Más información en la edición impresa de hoy de Diario de Burgos)