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Cuidar de las abejas y poder vivir en el pueblo

B.A. / Salas de los Infantes
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La apicultura supone en la Sierra de la Demanda 60 puestos de trabajo directo y más de 130 personas elaboran miel como aficionadas. Es una de las actuales vías de emprendimiento entre aquellos que deciden apostar por residir en el medio rural

Rodrigo y Diego Hurtado: "Nuestro padre nos ha enseñado todo sobre las abejas. Ha sido el maestro". - Foto: f2estudio

Su tamaño es inversamente proporcional a la importancia de su existencia, ya que permiten la reproducción de las plantas y son indispensables para la conservación de la biodiversidad. Ayer, 20 de mayo, se celebró por quinto año el Día Mundial de las Abejas, una fecha para recordar la necesidad de protegerlas y de que dependemos de ellas y de otros polinizadores. Además elaboran miel, cera, polen, propóleo o jalea real, todos productos que ofrecen numerosos beneficios para la salud. Su crianza y cuidado a través de la apicultura son fundamentales para su conservación y también para el asentamiento de población en el medio rural. 

Allí, especialmente en la Sierra de la Demanda, encontramos uno de los rincones más dulces de la provincia, donde tradición familiar y emprendimiento se dan la mano para obtener lo mejor de estas zumbadoras que elaboran aquí una miel de gran calidad. El sector ofrece trabajo estable a unas 60 personas y más de 130 producen como aficionados en esta zona.  Rodrigo y Diego Hurtado han convivido con las abejas desde niños. Su padre, Germi (ya jubilado), siguiendo el legado a su vez del suyo, les ha enseñado todo sobre ellas, «él ha sido el maestro», asegura Rodrigo. En 2019 decidieron dar el salto y apostar por la apicultura como forma de negocio y de vida y así nació Apícola Monte Gayubar, a la que se dedican en cuerpo y alma haciendo un guiño a uno de los parajes de su pueblo, Barbadillo del Mercado, localidad mielera por excelencia. 

Tienen repartidas 400 colmenas por diferentes términos de la Sierra de la Demanda, explica uno de los hermanos, mientras la extracción y el envasado lo realizan en una nave de la capital. Una miel «cien por cien natural y elaborada de forma artesanal», que comercializan a través de su web y en comercios y que también ofrecen al por mayor. En Barbadillo también está asentada Apicast, con colmenas propias y que venden su miel y también otra procedente del norte de la península y que envasa en la localidad. Igualmente en Barbadillo se encuentra Hernando Hurtado, donde enfrascan anualmente 5.000 toneladas de miel producida en España, según recoge la página web de la empresa que más volumen de miel gestiona en la comarca. 

Ana Nebreda (Mataviejas): Ana Nebreda (Mataviejas): "El mejor halago es que digan que mi miel sabe como la de antes". - Foto: f2estudio

Desventaja. Muy cerca, en Hortigüela, y detrás del nombre Sabinares del Arlanza, está Agustín Blanco, el más experimentado de los apicultores que aparecen en estas páginas. Con 20 años dejó atrás el País Vasco y decidió instalarse en Hortigüela, el pueblo del que emigraron sus padres y donde su abuelo ya elaboraba miel. «Para poder empezar tuve que trabajar de otras cosas, fueron unos comienzos difíciles, pero aquí sigo 40 años después», relata Blanco, que hace un repaso a cómo ha cambiado el sector en estas cuatro décadas.

«Al principio vendía el kilo de miel a 95 pesetas (unos 60 céntimos de euro) y ahora lo hago entre 6 y 7», cuenta. La aparición de la varroa (el principal enemigo de los apicultores y su mayor quebradero de cabeza) y del avispón asiático han supuesto un problemas de sanidad apícola que antes no existía. «Eso nos obliga a reinventarnos y buscar soluciones, es un trabajo muy entretenido, no nos aburrimos nunca». 

No solo es difícil el trato con la varroa y el avispón asiático, también con las administraciones. «En la industria rural estamos en desventaja respecto a las que hay en las ciudades, nos exigen lo mismo que a aquellas que facturan millones», señala, y pone un ejemplo. «Hay una cantidad de burocracia en España que a nivel europeo no existe y que nos limita, quita tiempo y te impide crecer», asegura. Su miel, como el explica, «es genuina, de autor» y la obtiene de las colmenas repartidas por el valle del Arlanza y la Ribera del Duero.

Carlos Vicente (Demandamiel): Carlos Vicente (Demandamiel): "Cuando estoy con las abejas es mi momento de desconexión". - Foto: Jesús J. Matí­as

También comercializa otras procedentes de Valencia o de Extremadura. «Hay que ofrecer variedad porque las tiendas así lo demandan», explica Blanco, que lamenta una mayor participación por parte de las instituciones, ya que la apicultura en esta comarca, donde hay casi 30.000 colmenas de trashumantes, podría explotarse más y ofrecer trabajo a un mayor número de personas en el medio rural, «pero para eso tienen que existir una implicación». 

En Salas de los Infantes, tres jóvenes emprendedores y amigos, Carlos Vicente, Yago Matías y Ana Nebreda, empezaron en la apicultura por hobbie y comenzaron a comercializar su miel el año pasado. El primero de ellos le dedica el poco tiempo libre que le deja su trabajo en Producciones Salas, pero asegura que cuidar de sus abejas es su momento de desconexión y disfruta más duplicando las colmenas y creando núcleos que del propio proceso de extracción de la miel. Empezó con 4 y este año quiere llegar a 70 colmenas divididas en dos colmenares en Salas. «Yo no me dedico a sacar kilos, sino a intentar hacer algo muy bueno y de momento a la gente le está gustando mucho», asegura el joven, que utiliza colmenas de chapa y aislante, no de madera. «También uso mi propia cera, no la compro. Las abejas tardan el doble en producirla, pero luego ahí está el resultado», dice en relación a lo que comercializa desde hace unos meses detrás de la etiqueta Demandamiel. 

Apuesta de futuro. También ha tenido muy buena aceptación entre los clientes Miel Mataviejas, uno de los motivos por los que Ana Nebreda y Yago Matías decidieron emprender una nueva vida y asentarse en Salas. En la ciudad milenaria tienen un colmenar, el otro está en Carazo, junto al nacimiento del río del que han adoptado el nombre y donde el abuelo de Ana, Crescencio, ya elaboraba miel. Para ellos también empezó como afición, pero ahora ya es una clara apuesta laboral de futuro. Son autodidactas, recogen los consejos de otros apicultores de la zona y aseguran que el mejor halago que reciben es el de que su miel sabe como la de antes. 

Abel García (El Castillejo): Abel García (El Castillejo): "Este trabajo se convierte en una forma de vida y a mí me gusta". - Foto: f2estudio

Ana Nebreda confiesa que les gustaría crecer, ampliar los colmenares hacia la Sierra, pero sin perder el carácter familiar de su empresa y de poder controlar todo el proceso. «Nuestro principal objetivo es seguir creando miel pura y de calidad». Entre las ideas futuras de esta veterinaria emprendedora también está la de divulgar su profesión, organizar talleres o visitas guiadas a los colmenares. 

La relación de Abel García con la apicultura surgió como la posibilidad de poder trabajar y de vivir en Monasterio de la Sierra, su pueblo. «Empecé con ello porque yo quería quedarme aquí de cualquier manera», asegura. «Sabía que tenía que haber algo que pudiera hacer, y tras darlo vueltas pensé en la apicultura, porque tradicionalmente las familias siempre han elaborado miel en Monasterio, sacaban con ello un extra». Empezó a hacer cursos «sin parar» y se lanzó. En el 2013 sacó la primera cosecha de El Castillejo, una miel donde se aprecian cuatro tipos diferentes de brezo, calluna y roble y que elabora en ecológico. De hecho,  su cosecha de 2020 recibió el premio a la mejor miel de brezo en categoría oscura en el Concurso Hispano Luso de Mieles Ecológicas y también obtuvo la mayor votación con la de 2021.  «Al principio cuesta mucho abrirse en el mercado y yo he buscado venderla en sitios donde creo que los clientes la aprecian más». Y lo hace en tiendas de la zona y especializadas de Burgos, Navarra y País Vasco. 

Sus 700 colmenas están repartidas por Monasterio y allí también tiene su sala de extracción. «Este trabajo se convierte al final en una forma de vida y a mi me gusta vivir en el pueblo y con el ganado. Es esclavo, pero también una satisfacción y una tranquilidad por lo que estás haciendo», relata en relación a la decisión que tomó hace años tras probar en otros empleos hasta dar con el que realmente le hace feliz. 

Agustín Blanco (Sabinares del Arlanza): Agustín Blanco (Sabinares del Arlanza): "Los comienzos fueron difíciles, pero aquí sigo 40 años después". - Foto: f2estudio

Como las abejas, que trabajan en equipo, también lo hacen la mayoría de ellos. Algunos son amigos, se ayudan, se dan consejos e intercambian los 'trucos' o tratamientos que les funcionan. Así también consiguen  sacar  lo mejor de ellas.