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SOS, conflicto familiar

GADEA G. UBIERNA
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Sale a licitación el Programa de Apoyo a las Familias, cuyo objetivo es reconducir un abanico de situaciones: de negligencia con los niños a violencia hacia padres. El inicio del curso es un momento crítico

Muchas de las situaciones que pueden acabar derivando en un conflicto familiar se producen en la adolescencia, pero con la ayuda necesaria pueden encauzarse en dos o tres meses. - Foto: Luis López Araico

Cuando una familia con hijos adolescentes a su cargo siente que la crianza se ha complicado al punto de no saber cómo gestionarla, cuando unos padres aprecian reacciones explosivas en un hijo hasta ese momento tranquilo, cuando hay un deterioro de las relaciones tan profundo como para intuir que ha provocado un conflicto es posible que se esté en situación de necesitar del Programa municipal de Apoyo a las Familias, un servicio del Ayuntamiento que sale ahora a licitación y cuyo objetivo es reconducir dinámicas ‘descontroladas’ en las que hay menores implicados. Hasta el 1 de julio habían trabajado con 122 familias, con 212 niños y adolescentes a su cargo y en más de la mitad de los casos la intervención se produjo por temas agravados a causa del tiempo. De ahí la importancia de una intervención temprana.

«Vemos que hay familias con una crianza totalmente normalizada en las que, de repente, surgen dificultades con la adolescencia que no saben cómo gestionar. Estos padres, con unas sesiones de asesoramiento pueden readaptarse y resolverlo bien, evitando que el problema se complique, se cronifique y derive en una violencia filioparental», explica la psicóloga más veterana de este programa, Anastasia Velasco, destacando que «a cualquiera le puede pasar, que en un momento dado se pregunte dónde se ha quedado su niño maravilloso de antes de ayer».

Este tipo de intervenciones son cortas, de entre dos y tres meses, «y eficaces, porque esas familias tienen habilidades, pero se asustan porque la situación les pilla desprevenidos». Sin embargo, también son las menos numerosas en la estadística de actuaciones de este programa, que de momento gestiona la Fundación Lesmes y que cuenta con cuatro equipos conformados por dos psicólogas y una educadora social. En total, doce profesionales. En julio prestaban este asesoramiento técnico y precoz a 17 familias de las 122 con las que trataban y la concejala de Servicios Sociales, Sonia Rodríguez, explica que «muchas veces no se recurre a estos servicios porque se vinculan con situaciones de vulnerabilidad económica y, también, porque la familia se relaciona con la intimidad y se intenta resolver sin ayuda externa o porque se piensa que están solo para dificultades graves y no tiene por qué».

El comienzo del curso es una época crítica en ese sentido porque la vuelta de las rutinas, los horarios rígidos y las tareas generan fricciones que, si no se saben manejar, engordan. Siempre ha sido un momento de aumento de intervenciones, pero también porque los menores en riesgo por otro tipo de circunstancias son más visibles. Es decir, muchas veces son los profesionales de colegios e institutos quienes dan la voz de alarma si ven que hay problemas de relación con los compañeros, excesiva irritabilidad, cansancio, tristeza, cambios de rendimiento... «Hay veces en las que los problemas están relacionados con cuestiones más profundas, muchas veces asociadas a carencias de los padres en sus propias infancias y cuando les toca criar, eso se presenta de nuevo. Es un trabajo más intenso que los asesoramientos técnicos, porque no se trata solo de dotarles de habilidades, sino de asesorarles sobre sus propias emociones.

Padre y madre también deben hacer un trabajo personal para ser figuras de apego para sus hijos. Y eso lleva más tiempo, hasta dos años», dicen las profesionales del programa, que coordina la técnico del área de Familia e Infancia del Ayuntamiento Inmaculada Valderrama.

Más violencia filioparental. El objetivo del programa siempre es proteger a la infancia y tratar de poner los medios para que las causas del riesgo desaparezcan y redunden en toda la familia. Así, la casuística que motiva la intervención es muy variada: de las negligencias con los niños, que es lo más grave y abarca desde la violencia a la desatención, al extremo contrario, que serían las agresiones de hijos a padres. «Esto último es algo que hace nueve o diez años no se veía y, cuando aparecía, era diferente. Ahora está asociado a un estilo educativo permisivo, en el que se le ha dado todo al niño, que en la adolescencia quiere seguir haciendo lo que le da la gana».

Ese extremo podría evitarse con las actuaciones tempranas que defiende el equipo y que no siempre son tan rápidas como se quisiera porque los recursos son limitados y se prioriza lo más grave.  De hecho, cada equipo suele tener una media de 5 familias en lista de espera. Para minimizar las demoras y dar más agilidad al programa, la licitación del nuevo contrato de prestación del servicio incluye como novedad la incorporación de dos profesionales más: un psicólogo y un educador social. «Se va a complementar en el próximo contrato, porque cada vez se acude más a los servicios sociales y se aumentan las funciones», explicó la concejala responsable de Servicios Sociales, Sonia Rodríguez, matizando que se destinarán 600.000 euros al año. 

Se accede siempre por derivación de los Centros de Acción Social (CEAS).