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"Han ocultado féretros y convertido la manipulación en agitación"

Carlos Cuesta (SPC)
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Periodista de raza que ha ejercido su profesión durante 50 años en primera línea de la prensa nacional, ha sido columnista, ha participado en tertulias políticas y ha publicado obras basadas en la Historia nacional

"Han ocultado féretros y convertido la manipulación en agitación" - Foto: TOMÁS FERNÁNDEZ DE MOYA

Antonio Pérez Henares (Bujalaro, Guadalajara, 1953) durante cinco décadas ha ejercido el periodismo desde la primera línea. Comenzó en el diario Pueblo y, en su carrera, fue director de Tribuna y también de publicaciones en el Grupo Promecal, además de ser columnista y tertuliano en numerosos medios de comunicación, hasta que, al inicio de la pandemia, decidió, por dignidad, como él mismo ha confesado, abandonarlas. Acaba de publicar un libro «por la libertad y sin miedo contra el pensamiento único y la censura» que, según subraya «ha tenido la necesidad de escribir», titulado Tiempo de Hormigas. También es autor de novelas históricas como Álvar Fáñez, La canción del bisonte y Cabeza de Vaca, así como de la tetralogía Prehistórica compuesta por Nublares, El hijo de la Garza, El último cazador y La mirada del lobo

Da la impresión, leyendo su libro, que en España no todo el mundo puede opinar libremente y, sobre todo, si se trata de defender la objetividad ante una tendencia que denuncia de pensamiento único impuesto desde la izquierda.

Pues sí, he tenido la necesidad de escribir este libro y de hacerlo por que creo en la importancia de hablar con libertad y sin miedo de lo que está pasando en España, que es muy grave. Tiempo de hormigas denuncia que nos están robando, critica la tiranía cursi y absolutamente opresiva que nos están imponiendo, habla de la censura que, de una manera hábil y opresiva, se está imponiendo porque resulta que ya hay cosas de las que parece que no podemos hablar, ni tampoco pensar.

¿Qué razones le mueven a abandonar las tertulias y que, según ha declarado, ha sido por un tema de dignidad personal y profesional?

Este tema lo abordo en este libro que he escrito desde mi cabaña de madera, retirado en el monte, en un lugar único de Guadalajara y desde allí también tomé esta decisión. La verdad es que empezaba a llover sobre mojado y, aunque ocurre en más medios, he puesto el acento en las televisiones porque es dónde se ha dado el proceso más terrible de control que yo he conocido de manipulación creciente y propaganda. El estallido se produjo después de aquel día 5 de marzo del pasado año que yo estuve por última vez en La Sexta, en el programa Al rojo vivo, donde se intentaba por todos los medios que no saliera información real de lo que se estaba produciendo en España. Había mucha tensión y se negaban a admitir los contagios, incluso, también el día 6 porque había que preservar una manifestación del 8 de marzo. Según dijo la vicepresidenta del Gobierno «nos iba la vida» y, ya lo creo, porque se fue la vida de más de una persona. Aquello fue el gran aspersor del coronavirus.  

 

También denuncia mentiras graves.

Yo no puedo entender cómo en una rueda de prensa que esté el Gobierno la primera pregunta no sea: «Oiga, ¿porqué siguen ustedes ocultándonos, porque esconden 30.000 muertos, que sabemos que la cifra supera los 100.000? y ante la contumacia de la mentira, porque este país tiene memoria de pez, se han ocultado los féretros, era pecado sacarlo a la luz, y se ha convertido la manipulación informativa en agitación.

Ha habido mentiras, una tras otra, y yo no quise ser partícipe de esta realidad ni un segundo más de lo que era todo aquel escenario de tergiversación, envoltura de silencio y, en el fondo, de falsedad.

Pero no toda la prensa se ha comportado de la misma manera.

He de aclarar que la prensa escrita, tanto en papel como digital, no ha caído para nada en esta ocultación, ni las radios, ni tampoco algunos compañeros de gran potencia mediática que han mantenido el honor de la profesión. Lo que no se puede hacer es convertir los medios de comunicación en tentáculos del poder o someter la información a unas directrices ideológicas.

Asegura que se está metiendo en muchos charcos con estas declaraciones y este libro. ¿No tiene miedo a ser calificado con adjetivos que no son los más bonitos por defender sus ideas? ¿Ya le está pasando?

Sí, el problema que nos estamos encontrando, y es el motivo esencial de este libro, es que cuesta mucho pronunciar España. «Yo no soy de este país», le oí a un vicepresidente de Andalucía y 17 veces dijo en un programa de televisión «este país» por no decir España. Está en nuestro cerebro la autocensura de lo que consideran unos que no está bien o está feo o prohibido. España era más libre en los años 80 y 90 que ahora; ya habíamos enterrado ahí el odio de la dictadura definitivamente -eso creíamos- lo que había sido aquel período terrorífico de la Historia nacional. El fracaso de la república fue una esperanza, pero luego un terrible fracaso con la preguerra, la guerra, las postguerra, la depresión y, finalmente, la dictadura. 

¿Qué recuerda usted de los últimos años de la dictadura franquista?

Yo estuve detenido más de media docena de veces y ahora, efectivamente, me llaman «facha», «fascista», y la verdad es que son personas que no han visto un fascista en su vida, ni mucho menos han combatido contra ellos. Pueden decir eso, y hacer toda esta cantidad de barbaridades porque el pueblo español en un momento lúcido de su existencia y generoso consiguió dar un paso adelante, pasar página y llegar a la reconciliación de ambos bandos.

Los españoles estuvimos durante mucho tiempo reconciliados y hemos vivido una época impresionante de progreso, de libertad, hemos conseguido cuotas inauditas y alguien abrió la espita del odio, y tiene un nombre: José Luis Rodríguez Zapatero. Él fue el Juan Bautista de esto, y sus mesías extendidos han sido los podemitas que han esparcido el odio y ahora llaman a combatirlo.

Ellos son quienes han aventado el enfrentamiento entre españoles. Yo eso es lo que no le perdonaré nunca al expresidente del Gobierno y por lo que me enfrento seriamente a los extremos que, en estos momentos, amenazan nuestra estabilidad.

Pero, ¿qué más ha pasado con Zapatero, con la Ley de Memoria, para que calara con tanta fuerza y la sociedad más informada de la Historia de España se deje manipular y no saque sus conclusiones?

Claro que cala con fuerza. Hay responsabilidades en muchos sitios. En el libro, cuento que el momento en el que se jodió España fue aquel 11-M de 2004, porque nadie estuvo a la altura, al revés. El primero, Aznar que, lejos de colocarse en el papel de Estado, y llamar a todos los partidos a la Moncloa para decirles que como esto va a ser obra de ETA, entonces, me voy a a apartar... Luego, estuvo la campaña tremenda que se montó también en contra y, finalmente y siento decirlo, el pueblo español tampoco estuvo a la altura. Lo que no puede una nación es echar la culpa cuando hay un atentado terrible que le han matado a 192 compatriotas y que acabaron echándole la culpa a su Gobierno. 

 

Después llega Pedro Sánchez y mantiene, incluso, con más fuerza los postulados que dividen a los españoles, pacta con quien prometió que nunca lo haría y se maneja en función de sus intereses personales sin tener en cuenta sus promesas y declaraciones anteriores y, frente a esto, los votantes y cargos socialistas se mantienen callados, salvo contadas excepciones como Felipe González, Alfonso Guerra o, por ejemplo, José Luis Corcuera.

El poder y el pastel. La traición que se ha hecho en España cuando Sánchez dijo «jamás pactaré con la extrema izquierda ni con los separatistas e, inmediatamente después de estas palabras, hacer lo contrario que prometió y ponerse de rodillas delante del separatismo es lo que ha marcado la gran polarización, que es como estamos ahora, con la gente que quiere destruir nuestra Constitución, los unos y los otros, por que, es la extrema izquierda la cómplice de los separatistas y hasta han pactado con Bildu, los herederos de ETA. 

¿Qué pasa con los barones del PSOE que tampoco se pronuncian? 

Los barones socialistas, y a las pruebas me remito, ya ni pellizcos de monja dan, se la comen toda. Tenemos la peor clase política de la Historia, y aquí meto a todos cuyo único elemento esencial es el poder, y su única patria es su partido. Ese el drama y, en una situación tan tremenda como la que estamos viviendo, lejos de tener al frente a dirigentes como tuvimos capaces de la generosidad, del acuerdo, tenemos a lo peor que ha dado España. Esta gente lo único que ha hecho en toda su vida, que ni han estudiado ni han trabajado ninguno en otra cosa que no sea la política, es vivir del poder, ese es el problema de fondo. Y nuestra sociedad también tiene que ir haciéndoselo mirar. ¿Qué se puede esperar de un pueblo donde el referente cultural máximo es Jorge Javier Vázquez? ¿Qué se puede esperar?

¿Y porqué hemos llegado hasta esta situación política? 

Pues, posiblemente, porque se ha alentado todo ello. En estos momentos, el consumo esencial de lo que se llama información es la telebasura, yo le sigo llamando telebasura, porque es lo que ha sido siempre, donde aparecen toda una recua de personajes -lo último es irse a una isla a ver quién se acuesta con quién o sacar a relucir una historia olvidada y ya juzgada donde aparece una señora porque es hija de no sé quién o el hijo de otra y se monta un quilombo tremendo- y todo el país, cuando tiene 100.000 muertos encima, una crisis económica brutal y atroz, se engancha a esta programación.

¿Y no es posible que vuelvan a surgir personas como Rosa Díez que abandonó a Zapatero y fundó UPyD? ¿Porqué parece que no puede ocurrir esto con Pedro Sánchez?

El PSOE ya no existe, el viejo partido que hemos conocido ha desaparecido, el sanchismo no es una formación «democrática», para que nos entendamos, Sánchez se ha cargado todos los resortes de su pensamiento. ¿Os acordáis de aquello de las primarias? ¿Qué es eso? Eso es caudillismo. En el momento que Sánchez consigue las primarias hace un plebiscito, que es lo que hacen los tiranos, ya ni comité federal ni nada. 

Critica los ataques a la Constitución, a la lengua, la gran polarización que existe, pero ¿hay alguna solución a todos estos problemas?

Sí, claro. Creo que lo que hay que hacer es defender la libertad porque empieza a estar amenazada seriamente. Hay censura, hay autocensura, la gente tiene miedo a hablar de determinadas cosas, se imponen los mandamientos de la progrecracia, dónde se puede hablar de unas cosas y siempre en un sentido y de otras no; se condena a la gente que se sale un milímetro de lo que ellos consideran que es lo bueno y, los malos, son arrojados a las tinieblas exteriores. Te pongo casos tan terribles y flagrantes como Plácido Domingo o el gran investigador y catedrático Francisco Ayala, ambos destruidos porque alguien dice que un día hace 30 o 40 años tuvo con él un comportamiento indecoroso e inapropiado, que le hizo una insinuación. Y, por eso, esos hombres son absolutamente destrozados como personas y toda su profesión arruinada. Y eso, luego se confunde con lo que es un verdadero depredador social y sexual, con lo que es un violador grupal.

Voy a pisar otro charco, yo siempre he sido un hombre a favor de la absoluta igualdad de hombres y mujeres. El feminismo es igualdad y lo que se pretende decir ahora no es feminismo, es hembrismo, lo que ahora se dice es que el varón es un criminal en potencia por el mero hecho de ser hombre. Y se habla de género cuando lo que se quiere hablar es de sexos, incluso, he visto recientemente una portada que dice «el primer hombre que va a dar a luz», ¡vaya estupidez!, no es un hombre, es un transexual que era mujer de origen, de sexo y aparato reproductor femenino y que la biología le permite engendrar y dar a luz.

 

Respecto a la Ley de Memoria Histórica, denuncia una gran incultura en la izquierda que, incluso, trata de tumbar esculturas de personajes históricos, colonizadores, que no pertenecían al franquismo, pero que se les acusa de haberlo sido.

La palabra España en sí misma es «facha», la izquierda no era así, para nada. La izquierda del 98 y del 27 tenía otra idea del país. Por ir por partes, la Ley de Memoria Histórica es mentirosa y tuerta. Unos son los buenos -ellos- y, otros, son los malos, como que no supiéramos que asesinos y asesinados los hubo en los dos bandos, que la guerra civil fue una atrocidad, que fue un fracaso terrible y colectivo de nuestro pueblo, que nos matamos con furia. Todo ello, fue superado con la Ley de Reconciliación Nacional.

Con la ley de la Memoria se ha vuelto atrás, al enfrentamiento y, tristemente, se ha sembrado el odio y se ha conseguido. Y todo esto, cuando se traslada al conjunto de la Historia de España ya es atroz, porque hay una izquierda que considera que, desde la palabra, la propia lengua, una lengua universal que hablan 600 millones de personas está siendo acorralada allá donde la izquierda y los separatistas gobiernan en España. Acorralan el tesoro mayor que tiene nuestra nación.

 

Hay comunidades donde el español está siendo marginado, como Cataluña, País Vasco y, en los últimos años, también Baleares o la comunidad Valenciana y, lo que es peor, los ciudadanos de estas autonomías no hablan por miedo.

Yo calcé un manifiesto contra la Ley Celáa en defensa de nuestra lengua a la que se sumaron, en un primer momento, 100 escritores de primerísima línea, ahora hay muchos más de diferentes sensibilidades ideológicas, entre ellos el premio Nobel Mario Vargas Llosa. Yo creo que, al menos en la literatura, se están levantando en defensa de la lengua y que es uno de los espacios donde más se defiende la libertad por que están atacando a nuestra propia herramienta de creación, la palabra, pero también se está atacando de una manera inaudita a la Historia. Según esta doctrina, aquí fascista es Altamira, todos son fascistas porque, claro, todos son políticamente incorrectos. Lo que pretenden hacer esta panda de indocumentados es juzgar toda la historia anterior y destruirla. Se consideran y constituyen en sanedrín y todo aquello que no entra dentro de aquella progrecracia es reo de hoguera. Son peor que la inquisición.

Habla también en Tiempo de hormigas del trato que se da a los cazadores y describe para ellos un futuro muy negro.

Lo estoy viviendo, yo soy cazador y lo digo claramente, soy cazador porque soy ecologista, me remito a Miguel Delibes y a Félix Rodríguez de la Fuente con quien tuve el privilegio de ver cómo rodaba El hombre y la tierra al lado de mi pueblo, en Pelegrina. Los dos eran cazadores y los dos eran grandes ecologistas. El ecologismo, igual que el feminismo, que son dos de las mejores ideas que han existido en el mundo están sufriendo verdaderas situaciones de estupefacción y de locura. ¿Qué tiene que ver el ecologismo con una trastornada que sale diciendo que los gallos violan a las gallinas? o alguien que va por el mundo soltando grandes barbaridades cuando si el hombre es sapiens es porque fue cazador. Desde el inicio, fuimos grandes cazadores y ahora seguimos cazando y, nunca en la historia de la humanidad como ahora se han sacrificado más animales para que podamos comer, lo que pasa es que en vez de sacrificar animales salvajes lo hacemos con la ganadería que no es otra cosa que caza estabulada.

¿Cómo imagina España, si se mantiene esta evolución de polarización que usted describe con la nueva ley Celáa de educación, la situación de los independentistas frente a la idea de unidad de España en las próximas dos o tres décadas?

Aunque la razón a veces me lleve a la melancolía soy optimista. Recuerdo que mi primer artículo censurado fue por hablar de Buero Vallejo, hace 50 años. La gente sabe que él estuvo condenado a muerte por el franquismo, pero desconoce que su padre fue asesinado por los republicanos en Paracuellos y él fue quién me dio la lección de reconciliación y de perdón más grande cuando me dijo que pasáramos página del todo. Sin embargo, que esa censura me vuelva hoy y se la considere como buena con todo lo que está ocurriendo no puedo entenderlo pero, a pesar de todo ello, creo en la rebelión y en la palabra. Pienso que hay que poner pies en pared y no permitir más desafueros y eso, solo hay una manera de hacerlo, empezando a ejercer sin miedo la libertad. Yo, en este libro, es lo que he querido hacer. Sé que, efectivamente, me meto en muchos charcos, y como diría Quevedo, aunque me señales con el dedo y me amenaces no voy a tener miedo y lo único que voy a hacer es ejercer mi libertad, y a quién dios se la dé, San Pedro se la bendiga, que es el patrón de Burgos y de mi pueblo. Yo, jamás trataré de impedir que nadie diga lo que quiera, aunque esté en total desacuerdo con él.