Atrapada en la Casa Blanca

M.R.Y. (SPC)
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Melania Trump vive recluida en Washington, desde donde mueve sus hilos 'en la sombra' más de lo que se sospecha

Atrapada en la Casa Blanca - Foto: TOM BRENNER

Cuando Donald Trump se instaló en la Casa Blanca, lo hizo solo. Su mujer, Melania, y el hijo que ambos tienen en común, Barron, optaron por quedarse en Nueva York, esperando a que el niño -entonces de 10 años- acabara sus estudios. Tardaron medio año en mudarse y convertir la residencia presidencial en el hogar familiar. Al menos, de cara al exterior. 
Melania Trump es una de las primeras damas más misteriosas y reservadas de las últimas legislaturas y, por ello, provoca un gran interés. Bajo el título Free Melania: The Unauthroized Biography (Melania libre, la biografía no autorizada), la periodista Kate Bennett, la única corresponsal en Washington dedicada a cubrir exclusivamente la información sobre la eslovena y la familia del magnate, intenta acercarse un poco más a la enigmática exmodelo. 
El nombre de la obra es un juego de palabras que alude a Free Melania (Liberad a Melania), una consigna habitual en las manifestaciones en Washington contra el mandatario republicano. Algo que ella misma dice no entender: «No comprendo eso de ‘liberen a Melania’. ¿Por qué no sería yo feliz aquí?», le comentó a Bennett.
Sin embargo, son muchas las voces que apuntan a que la europea no es precisamente feliz en la Casa Blanca. A su tardía mudanza a la capital del país, se une la noticia publicada en el libro -que llegará a España en las próximas semanas- de que la pareja presidencial es una de las pocas que no comparten dormitorio en la residencia de la avenida Pensilvania. Melania vive en sus propias estancias dentro del gigantesco inmueble -de más de 9.000 metros cuadrados- y no solo hace su día a día en estancias diferentes a las de su marido, sino que ha decidido ubicarse en una planta diferente, haciendo suya la habitación que en el anterior mandato ocupaba la madre de Michelle Obama.
Para ella, según la periodista, es un suplicio haberse cambiado de la Torre Trump de Nueva York a su nuevo hogar, donde no puede caminar por los jardines cuando le plazca, ni regular el termostato a su antojo y, ni siquiera, abrir una ventana sin autorización del Servicio Secreto.
Eso sí, dentro de su reclusión -es bastante reacia a aparecer en actos públicos-, el personal de la Casa Blanca la califica como una mujer «amable y cálida», muy lejos de esa imagen de hielo que proyecta. Y que es debido, según ella misma, a que «no soy alguien que sonríe solo porque hay una cámara enfrente».
influencia poderosa. Lejos de otro estereotipo sobre ella, el de mujer florero, Melania tiene mucha más influencia sobre su esposo de la que piensa. «Es una influencia poderosa», apunta Bennett, «tanto en materia política como en la forma en que maneja a su personal».
Como muestra, la eslovena fue directamente responsable del despido de Mira Ricardel, asesora adjunta de Seguridad Nacional, después de que ambas tuvieran un enfrentamiento en el viaje de la esposa del mandatario a África en 2018. En noviembre del pasado año, la Casa Blanca anunció la salida de Ricardel después de que la oficina de la primera dama pidiera abiertamente su despido.
También estaría detrás del cese, en 2017, de la jefa de Servicio Angella Reid, que se encargaba de supervisar las actividades administrativas de la mansión presidencial.
Tampoco son buenas las relaciones con Ivanka, hija de su marido, desde que Trump llegó al poder. Al cordial trato anterior, le ha sustituido la tensión. A Melania no le agrada que se haya inventado la figura no oficial de primera hija que ocupa la joven, ya que en ocasiones se ha sentido relegada. Tampoco le gusta que la asesora se implique en los aspectos positivos de su padre y se mantenga al margen de los controvertidos.
A pesar de estas afrentas, Bennett niega que la exmodelo no quisiera que su marido se presentara a la carrera electoral. «Le presionó mucho para que lo hiciera. En parte, porque sabía que ganaría y porque haría un buen trabajo», apunta la periodista.
Sobre la relación personal con su esposo, existe mejor trato del que se rumorea. La pareja habla continuamente por teléfono, aunque, según el libro, la eslovena mantiene «frecuentes y tercas» discusiones con Trump. De hecho, desarrolla una teoría curiosa: cuando ambos se enfadan, ella usa ropa masculina para provocar a su pareja. A él le gusta ver a las mujeres con «vestidos femeninos, apretados, cortos y supersexys». Y, así, le desafía.
«Cada cosa que hace Melania tiene sentido», afirma Bennett. Así que ahora se le puede mirar con otros ojos.