TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Silencio en Anfield

14/04/2021

Un estadio es un lienzo sobre el que se van improvisando pequeñas obras de arte o desgracias ejecutadas ante millones de personas. Claro que hay un enorme hueco para la épica del ganador, de eso se trata el juego: una celebración icónica, un capitán izando el trofeo a los cielos, una piña tras un gol, las sonrisas de toda la plantilla y el confetti y Farrokh Bulsara cantando «We are the Champions»… pero no todo van a ser pinturas blancas y optimistas. También hay estampas oscuras, patéticas y barrocas que invitan a la tristeza: un portero perdido en la niebla o el humo de las bengalas, un central abatido bajo la lluvia tras un autogol en el 90, el 'cadáver' de un derrotado en la gran final. A veces, para encontrar la magnitud de la euforia hay que ponerla en contraste con el peso de la tristeza de enfrente.

Y en ocasiones, como nos ha demostrado la puñetera pandemia, el propio lienzo es el protagonista. Hoy, en un partido gigantesco a orillas del Mersey, con un billete hacia semifinales de la Liga de Campeones en juego y un choque de trenes legendario sobre el verde casi flúor del césped de Liverpool, nadie cantará You'll never walk alone en Anfield. El oído está preparado para notar variaciones de volumen en el ruido, pero sólo el corazón puede percibirlas en el silencio; y el de esta noche corrobora que el vacío es más penoso en unos estadios que en otros.

Bueno para el Real Madrid. La atmósfera de los imposibles no se recrea sin público: el propio Madrid no tendría en su 'palmarés invisible' las legendarias noches de remontada europea sin el asfixiante calor del Bernabéu… y el Liverpool no habría firmado el milagro del 4-0 ante el Barça (tras el 4-1 del Camp Nou) sin esa marea roja que devora al adversario en cuanto le tiemblan las piernas. ¿Partidazo? Sí, pero menos.



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