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Más opciones de tratamiento para mayor supervivencia

G.G.U.
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La investigación en los tumores del pecho avanza muy rápido y casi de año en año hay novedades que mejoran el pronóstico de las pacientes. El PET-TAC recién estrenado en el HUBU permitirá afinar diagnósticos

Las oncólogas responsables de la mama en Oncología Médica del HUBU, Blanca Hernando y María García, quienes detallan en este reportaje los avances terapéuticos existentes. - Foto: Alberto Rodrigo

El rostro de las oncólogas responsables de la mama en el HUBU, Blanca Hernando y María García, es habitual en estas páginas cada 19 de octubre; todos los años participan en la cobertura especial de Diario de Burgos porque son especialistas en una materia en la que hay tanta investigación que siempre surgen avances que divulgar. En esta ocasión, las profesionales no esconden su satisfacción por poder contar en Burgos con el equipo más avanzado del mercado en detección de cáncer e infecciones, el PET-TAC, que de forma progresiva se utilizará «con todos los pacientes» porque ayuda a afinar diagnósticos. Y, a partir de ahí, ofrecer los mejores tratamientos para cada tipo de cáncer; otro ámbito en el que tienen grandes noticias. 

El HUBU diagnosticó el año pasado 250 nuevos cánceres de mama, los mismos que en 2019. De estos, unos 40 se corresponden con pacientes de Aranda y el resto, con el área de referencia del complejo asistencial de la capital. Y la estadística no varía con respecto a los subtipos: el 70% son luminales, el 15% HER2 y el otro 15%, triple negativo. En el último congreso europeo se compartieron las últimas evidencias científicas en materia de tratamientos para cada uno de ellos; fármacos que, salvo uno aún no disponible en el mercado, ya se administran en el HUBU. Ytodo ello como resultado de un trabajo multidisciplinar, el del comité de mama, que Hernando y García elogian. «Para tener diagnóstico y valorar opciones de tratamiento necesitamos el trabajo en equipo», afirman, antes de detallar los avances para cada uno de los subtipos.

Luminales. Son los más frecuentes y dependen de las hormonas, por lo que se tratan con hormonoterapias. Y en los casos de enfermedad precoz se ha comprobado que si se prolonga hasta siete años el uso de inhibidores de aromatasa para reducir los niveles de estrógenos en lugar de cinco, el riesgo de recaída, muy frecuente en estos tumores, se reduce un 22% y el de muerte otro 23%.

Para quienes estén en fase avanzada, con metástasis, hay un ensayo «súper importante» (Monaleesa 2) que consiste en asociar la hormona a un inhibidor de ciclinas y que aumenta en un año la supervivencia, «con una media que supera los cinco años; con un tratamiento oral y sin quimioterapia».

Y si esto no funciona, hay un fármaco de segunda línea para pacientes con una mutación concreta (PIK3CA) que «ha demostrado beneficio». Como el HUBUya tiene secuenciador, se puede saber qué pacientes metastásicas luminales pueden beneficiarse de este tratamiento dirigido». «No hay que mandarlas a otro sitio», subrayan.

HER2. Para los tumores de este tipo en fases iniciales hay un metaanálisis que ha probado que se puede reducir a la mitad el tratamiento (el período estándar es de un año) con una combinación concreta de fármacos. «Hemos sido muy agresivos y ahora vemos que tenemos buenos resultados con tratamientos más cortos», dicen.

Para los casos de enfermedad avanzada hay un estudio que las especialistas definen como «la bomba» porque ha cambiado el tratamiento estándar de segunda línea. Se trata del fármaco Trastuzumab Deruxtecán, «que disminuye en un 72% el riesgo de progresión en comparación con otro fármaco que para nosotras también es maravilloso, que es el TDM1». Es más, afirman que «a los 12 meses, el 76% de los pacientes que recibían este fármaco estaban libres de progresión, frente al 34% con TDM1».

Triple negativo. Un 15% de los cánceres de mama son de este tipo, que no expresa ni receptores de estrógenos ni HER2, así que lo habitual es 'atacarlo' con quimioterapia. Y ahora se ha comprobado que si en fase precoz se suma el uso de carboplatino a la quimio estándar se consiguen evitar recaídas en el 80% de las pacientes. «Conseguimos que se curen, a cuatro años», dicen, añadiendo que otro estudio ha demostrado que, también en estadios iniciales, se puede aumentar la supervivencia si se combina la quimioterapia con inmunoterapia durante un tiempo limitado.

Y en estadios avanzados de enfermedad también hay dos estudios esperanzadores a base de inmunoterapia. El primero se llama Keynote 355 e indica que si se emplea quimioterapia con una inmunoterapia concreta (pembrolizumab), se aumenta la supervivencia a 23 meses en lugar de los actuales 18 meses. «Pero no sirve para todas las pacientes, tienen que tener una expresión alta a PDL1 [a una proteína]», apuntan.

Otro tanto sucede con el siguiente estudio esperanzador para este grupo de pacientes, el Impassion 130. En este caso, se aumenta la supervivencia a 25,4 meses si se combina la quimioterapia con un fármaco denominado Nab-Paclitaxel a una inmunoterapia de nombre Atezolizumab. Pero, de nuevo, es para pacientes con expresión alta a PDL1. «Es decir, es para pacientes concretas», apuntan.

Por último, las dos expertas en cáncer de mama del HUBU tachan días en el calendario para poder administrar un fármaco «potentísimo» que todavía no está en el mercado, pero que «ha dado resultados espectaculares» con los diagnósticos de triple negativo. Es el Sacituzumab govitecan, ya aprobado en Estados Unidos.