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"La teología, sin adjetivos, debe estar abierta a los pobres"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Joaquín Barrera, el superior de la orden, llegó a Burgos apenas un par de meses antes de la pandemia y lo hizo desde Roma, donde fue 11 años consejero del Padre General, responsable de la orden en el sur de Europa y tuvo trato con el Papa

Joaquín Barrero, superior de los Jesuitas. - Foto: Luis López Araico

Se reconoce jesuítico "pero en el sentido positivo" porque Joaquín Barrero (Lugo, 1949) no es hombre que busca las polaridades sino el equilibrio, según explica. De formación castellana, enseguida comenzó sus estudios de noviciado en la Compañía de Jesús en Valladolid porque su vocación fue temprana, con apenas 18 años, "algo bastante habitual en aquellos tiempos". Era 1967 pero todas las revueltas estudiantiles le pasaron de largo: "Todo aquello, ni olerlo", afirma entre risas, aunque sí fue testigo de un cambio total en la orden hasta el punto de que los novicios fueron invitados a sumergirse en el mundo real trabajando como albañiles o estudiando en la universidad como fue su caso. Así que hizo Filología Hispánica, una licenciatura que después completaría con Filosofía y Teología. Durante años se dedicó a la docencia en diferentes colegios de España (en Burgos, entre 1996 y 1998) y en 2008 fue nombrado consejero del Padre General de la Compañía, Adolfo Nicolás, y responsable de la Asistencia Europea Meridional, que abarca Portugal, Malta, Rumanía, Eslovenia, Italia y España. Estos cargos los compaginó con un voluntariado en la cárcel de Regina Coeli y con ser el superior de la Casa Generalicia. En diciembre de 2019 llegó a Burgos también como superior de la orden en la ciudad, una comunidad de apenas diez religiosos con una media de edad muy alta.

¿Es bajar en el escalafón volver de Roma a Burgos?

Nosotros no tenemos escalafón. Ese concepto de que hay que ir medrando -lo que tanto dice Francisco de la carrera- no lo tenemos. Damos el servicio que nos piden durante una serie de años y cuando pasan vuelves allá donde te indican. De hecho, estuve en Roma más tiempo de lo previsto porque lo normal es estar ocho años y yo me quedé once porque coincidió con el cambio de Padre General y el nuevo prefirió no mover a algunos consejeros.

Joaquín Barrera es superior de los jesuitas en Burgos desde diciembre de 2019.Joaquín Barrera es superior de los jesuitas en Burgos desde diciembre de 2019. - Foto: Luis López Araico

¿Cómo fue su estancia allí? Imagino que coincidir con el nombramiento de un Papa jesuita tuvo que ser un gran momento...

No se me olvidará cuando llegó el asistente de Asia-Pacífico casi temblando anunciándonos que el Papa Benedicto había presentado la renuncia. Fue una sorpresa y, desde luego, nunca tuvimos ni la menor sospecha de que su sucesor sería un jesuita. Nuestra curia está al lado y cuando salió la fumata blanca -se ve muy bien desde nuestra terraza el balcón del Papa- y supimos quién era tuvimos una sensación de extrañeza total. No se esperaba para nada, fue una sorpresa y como una cierta sensación de ¿ahora qué va a pasar? ¿cómo nos vamos a relacionar con él? Yo entonces no lo conocía personalmente pero sí sabía de su existencia porque siempre fue un cardenal de cierto relieve por su estilo muy pastoral y muy sencillo.

¿Lo celebraron al ser un gran logro de uno de los suyos?

No, pero sí se le mandó una felicitación y una indicación del Padre General de que le gustaría verle, y entonces Francisco nos llamó directamente. Al chico que cogió el teléfono -Andrea, un napolitano puro, de los que gesticulan mucho- casi le da algo cuando preguntó de parte de quién y le contestó que era el Papa Bergoglio. Sono un po' confuso in questo momento, decía.

¿Es tan sencillo como parece?

Y más. Después he tenido el regalo de tener que comunicarme de vez en cuando con él como superior de la curia para invitarle a comer a casa o para saludarle en nombre de toda la comunidad. Cuando a través del móvil me llamaba y me decía 'soy Bergoglio' al principio era como para echarse a temblar.

¿Qué de bueno está teniendo su pontificado para la Iglesia?

Una llamada tremenda a la sencillez y al Evangelio. Yo veo que cuanto más cita el Evangelio, a veces más nerviosos nos ponemos y no hay que ponerse nerviosos ni decir que está trastocando el orden de las cosas. Creo que está teniendo una trascendencia muy grande. ¿Continuará esto? La esperanza es que sí. Es verdad que se le nota algún achaque pero me dicen que en la relación cercana está muy lúcido y sigue en forma.

¿Quienes se ponen nerviosos están dentro de la Iglesia?

Sí, y esa 'oposición' no es anecdótica sino que está orquestada por los potentes núcleos del poder económico capitalista y neoliberal que tienen una capacidad inmensa de controlarlo todo, porque se sienten amenazados por un mensaje que aboga por un modelo social diverso, en donde el objetivo no es la acumulación de la riqueza en unos pocos o en unos países desarrollados, sino una vida digna para todos.

Creo que el proyecto Atalaya Intercultural debe resituarse"

¿Cree que Francisco irá a Ucrania?

Yo espero que sí. Su objetivo es estar allí donde la gente sufre más y, en ese sentido, es significativo ver los sitios por donde ha ido viajando.

Francisco se ha atrevido a poner el foco en los temas más delicados de la Iglesia: la financiación, el papel de la mujer, las personas de diferentes orientaciones sexuales...

¿Quién soy yo para juzgarles? le preguntó él a un periodista durante un viaje...

Exacto. Y en esta línea no se ha olvidado del gran tabú que es la pederastia. El País publicó que fue usted la persona que acordó una compensación económica con una víctima de un jesuita. ¿Han resuelto este asunto en la Compañía?

Te puedo asegurar que absoluta y totalmente y con una transparencia enorme. Sí, yo tuve un caso, cuando esto no había saltado para nada y sencillamente reconozco que me bandeé como buenamente pude porque no teníamos los protocolos y los procesos de los que hoy disponemos. Intenté -lo que ocurre es que es difícil acertar cuando estás perdido- atender a esa persona según mi conciencia y también actué con el jesuita, que dejó de serlo y de ser sacerdote. Esto fue sobre el año 2000 o 2001. Luego ya formé parte en Roma del comité de casos graves que está actuando con una transparencia absoluta y aquí en España el provincial envió todos los datos de la investigación que se había hecho desde 1927 de cuando data el primer caso. Y continuamente nos están actualizando los protocolos e insistiendo en lo importante que es crear una cultura de la seguridad y la transparencia.

Estuvo diez años acompañando a presos en la cárcel de Regina Coeli. ¿Qué le aportaba ese voluntariado?

Que mi entrega al gobierno general de la Compañía no me quitase la sensibilidad con el mundo de los necesitados. Fue algo muy bonito.

Usted iba, pues, de los palacios a las chabolas...

De tratar temas de mucha elucubración como, por ejemplo, cuáles eran nuestras preferencias apostólicas para la década próxima, a estar con jóvenes muy desestructurados, sin demasiados resortes morales o culturales en los que apoyarse. Volviendo al Papa, una vez dijo "es que si nosotros hubiéramos vivido las mismas circunstancias igual estábamos también en la cárcel".

¿Cómo recuerda los dos años que pasó en Burgos?

Como una etapa muy bonita. Vine de rector del colegio y me encargaron unir la comunidad de la Merced, que estaban todavía allí, con la de Molinillo, además de trasladar todo Barrio Gimeno y llevar el colegio a Diego Luis de San Vitores, así que me pasé los dos años entre ladrillos pero estuvo muy bien porque mis compañeros jesuitas respondieron maravillosamente. Lógicamente, les costaba dejar la Merced aunque aquellos locales eran tercermundistas, pero llevaban mucho tiempo allí y estaban muy centrados en el centro de pastoral y la iglesia y eso nos dio la oportunidad de comenzar a pensar en un proyecto nuevo. Fue cuando empezaron también las primeras ideas para la atención a la migración.

¿Cómo está ahora Barrio Gimeno?

Mi antecesor, Ramón Fresneda, me comentaba que eso fue su cruz. Y no es por evadir la pregunta pero sé poquísimo porque todo este asunto está centrado en la curia provincial. De vez en cuando me tengo que poner en contacto con ellos por cualquier desaguisado porque lo gestionan ellos. Creo que la venta ha llegado a buen fin aunque no se ha hecho el traspaso total porque que se está pendiente de unos permisos para el derribo y algunas cosas más. Ojalá nos lo aligeraran.

Su comunidad es de apenas diez jesuitas. ¿Existe la posibilidad de que desaparezca la orden en la ciudad en el medio plazo?

En un corto o medio plazo no tengo miedo de que esto vaya a ocurrir. El provincial sí va buscando cuáles son los núcleos que quiere priorizar y quizás Burgos no está en línea de salida pero tampoco en línea de dejarlo. Todavía unos años resistiremos. ¿Y qué pasará en esos años? Pues no lo sabemos: puede que quede un retén de tres o cuatro jesuitas que dinamicen las cosas con un buen grupo de laicos, pero eso supondrá que los laicos compartan muchas cosas. Y hay gente muy buena.

¿Ha encontrado muy cambiada la ciudad casi 25 años después?

Mira, en aquellos años no pude ni conocerla porque estaba todo el santo día entre planos, pero me siento muy bien aquí, ha sido desde el principio muy acogedora. Sí que he visto un cambio en relación con la Iglesia y la fe. La Merced llena hasta los topes que yo conocí es muy distinta ahora con respecto a la presencia de fieles o la vivencia religiosa de los alumnos y las familias es distinta, no digo que mejor ni peor, no juzgo, pero es muy distinta.

He visto un cambio en la ciudad con respecto a su relación con la Iglesia y la fe. La Merced que yo conocí hasta los topes es muy distinta ahora y también la vivencia religiosa de los alumnos y sus familias»

Una vivencia religiosa bastante menor, entiendo.

Sí, pero no hay que demonizar a nadie sino tener una presencia más clara de nuestro valor creyente.

La de ahora es una sociedad descreída, ya hay más niños que no son bautizados que los que sí lo son y eso que estamos en la que fue la 'reserva espiritual de Occidente'...

Hay un compañero que dice que a ver si se nos va metiendo en la cabeza que Burgos ha dejado de ser católica, sobre todo en comparación con aquel catolicismo tan arraigado que tuvo mucho tiempo. Algunos dice que la pandemia ha adelantado una crisis que se venía fraguando en el sistema religioso.

Hablé de esto mismo con el arzobispo hace unos meses y me dijo que le ocupaba pero que no le preocupaba. ¿Le pasa igual?

Igual. Y uniéndolo con el tema de la pederastia recuerdo que el Padre General nos dijo que de esa crisis la Compañía iba a salir más purificada. Pues digo lo mismo de la Iglesia, que de esta crisis va a salir con una profundidad mayor. Éramos muchos los que dábamos nombre a la Iglesia pero igual nos falta vivencia y profundidad. En la Asamblea Diocesana lo he comprobado: vamos a tener más capacidad de diálogo, de escucha, de oxigenar y no condenar.

¿Cree que eso será atractivo para quien se alejó de la Iglesia o para quien nunca estuvo?

No lo sé. Yo lo que pretendo es que no tengan miedo a hablar con un cura o a acercarse a una iglesia porque nadie les va a juzgar ni les va a mandar al infierno ni les va a impedir que realice sus valores sino que se les va a escuchar y a ofrecer el mensaje en el que cree, que es el de Jesús y es muy oxigenante, nos da vida.

Es usted también el presidente del proyecto Atalaya Intercultural. ¿Tiene planes para el mismo?

Creo que necesita resituarse.

¿En qué sentido?

Ha cambiado mucho la inmigración y esto supone hacer frente a aspectos que antes no captábamos tanto con la respuesta de tipo asistencial pero hoy la complejidad es mayor, sobre todo en cuestión de integración en otras culturas y otros contextos. Me he encontrado, además, con que las congregaciones religiosas que crearon Atalaya han tenido una reducción considerable, por lo que la fuerza fundacional ya no se tiene hoy y todos estamos viendo cómo resituarnos con las fuerzas que tenemos. La idea sería unificarlas bajo un mismo paraguas más amplio y para eso estamos hablando con la Fundación Íncola para reforzarnos. Y aquí en Burgos cada vez estamos colaborando más con otras instituciones de ayuda al inmigrante para no duplicar servicios.

Que nadie tenga miedo de acercarse a una iglesia. No se le va a juzgar ni mandar al infierno sino que se le ofrecerá el mensaje de Jesús, que es muy oxigenante»

Antes le preguntaba por si había visto la ciudad cambiada. ¿Usted llega para cambiar algo a la comunidad jesuita?

Vengo para acompañar a mis hermanos y ver entre todos qué podemos cambiar. Sí dar voces de alerta diciendo que lo que estamos haciendo está bien pero quizás lo tenemos que hacer con más sensibilidad y poniéndolo más en red entre nuestras obras de Burgos. Aquí hay un colegio, una iglesia, una presencia en Atalaya, un centro de pastoral... para transmitir vida, oxígeno, esperanza y ánimo a la gente.

¿Qué significa ser jesuita en 2022?

Tener una vivencia muy grande de un Dios que lo encuentras dentro de ti y de los demás, que no te deja indiferente y que tienes que responderle con maneras de dignidad humana y con toda la urgencia que la situación está exigiendo.

¿Cómo se le convence a esa gente que se ha apartado tanto de la Iglesia de que Dios existe y más con las barbaridades que estamos viendo últimamente?

De forma racional es muy difícil hacerlo. De forma experiencial yo solo puedo transmitirlo desde mi confianza en ese Dios que me enseña a Jesús y que le lleva a la muerte pero también a la vida.

¿Queda algo de la Teología de la Liberación en la Compañía de Jesús?

Con ese nombre yo creo que ya no queda nada pero sí su sustrato porque esa teología se ha ido reconduciendo con el avance y el diálogo y lo que ha sido la evolución eclesial de Latinoamérica.

En el año 2009 estuvo en Burgos el jesuita y ministro nicaragüense Fernando Cardenal y le hice la misma pregunta. Su respuesta fue "mientras haya pobres y cristianos la Teología de la Liberación tendrá sentido". ¿Lo comparte?

Lo comparto aunque no sé si con ese nombre. En la curia general he tenido varias veces la oportunidad de escuchar a Gustavo Gutiérrez, el gran padre de la Teología de la Liberación, y estoy muy de acuerdo en que la teología sin adjetivos tiene que estar abierta a los pobres y hacerse de rodillas delante de ellos. Y en este sentido, Latinoamérica nos ha supuesto un bien muy grande a toda la Iglesia.

Explíqueme por qué los jesuitas tienen esa apuesta por los pobres en Latinoamérica y en España gestionan algunos de los colegios más elitistas del país.

Esto nos lo preguntan mucho. La Compañía tiene una diversidad de opciones de presencia muy grande y una de ellas, prioritaria, es la educación. Es verdad que tenemos esos grandes contrastes pero la pregunta es cómo educamos, con qué valores, y el reto es preparar a una sociedad con otros valores. A veces lo logramos y otras, no, porque es luchar contra corriente. Pero te diré que en nuestro colegio de Burgos hay todo tipo de familias.