El pueblo que cabe en 27 metros cuadrados

I.P.
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Manuel Leiva ha decorado la fachada de un viejo pajar de su pueblo, Villanueva de Teba, pintando sobre ella los inmuebles más emblemáticos como la iglesia, la ermita, la escuela o el lavadero y varias escenas de las labores agrícolas

Manuel delante de la fachada que ha pintado con los edificios más relevantes. - Foto: Jesús J. Matí­as

A buen seguro que si a cualquiera de los nacidos en un pueblo nos piden que hablemos de lo más relevante de él, que describamos sus edificios principales o sus lugares de interés, a todos nos vienen a la mente las mismas imágenes: las de su monumental iglesia, la de las escuelas, algún edificio señorial, el río o el arroyo, los campos de cereal si hablamos de páramos o las cumbres de alguna montaña si estamos en la sierra. Y si echamos manos de los años de infancia, cada cual se remontará a los suyos, nada tendrá que ver lo que dibujaría un chaval del siglo XXI con otros del XX. Manuel Leiva es del siglo pasado, nació en los años 50 en Villanueva de Teba, a los pies de los Montes Obarenes, y sus recuerdos de infancia y juventud no están ligados al ordenador, al móvil, ni siquiera a nadar en una piscina. Lo están a pasar las horas en la escuela y a corretear por las calles cuando salía, a ayudar a trillar, a jugar a las tabas, al escondite... y en verano a esa era que tenía enfrente de la casa donde nació, en la que hoy, remozada, vive una hermana. A él le tocó un pajar al lado, aunque también tiene casa en el barrio llamado La Zarrumba. 

Manuel emigró con 22 años a Vitoria a trabajar, pero Manuel será siempre de Villanueva de Teba, aunque reparta su tiempo de jubilado entre la capital vasca, su pueblo natal y Cillaperlata, el de su mujer. 

Es más que probable que Manuel nunca pensara salir en un periódico, pero aquí está hoy, cobrando un protagonismo que él no ha buscado, pero que a otros les ha parecido que merecía la pena por su obra. ¿Por qué si salen artistas, grafiteros que pintan fachadas -arte urbano, como se ha bautizado- no va a salir Manuel Leiva que también ha pintado una pared?. Pues aquí está este hombre que ha metido a su pueblo en 27 metros cuadrados, los de esa fachada del pajar que heredó de sus padres y del que solo queda eso, la fachada, vaciado por dentro porque iba a dar más trabajo estar arreglando el viejo tejado que tirarlo.

Este burebano no tiene una trayectoria como dibujante, pero hace unos años se le ocurrió dibujar y pintar en la pared del garaje de su casa el barrio de La Zarrumba. Como le quedó bien, le entró el gusanillo y el verano pasado decidió encalar de blanco la pared del pajar y dibujar en él los edificios más singulares de Villanueva de Teba, así como su visión del pasado en contraposición a la modernidad, de lo que él más conocía, las labores del campo.

Así, cogió la cámara y se puso a hacer fotos de la iglesia, la ermita de San Roque, de las escuelas y el Ayuntamiento, de varias casas de piedra señoriales del pueblo, del lavadero restaurado y hasta del cementerio, al que ha llamado ‘lugar  de encuentro’. Midió la pared, pensó la distribución y proporciones de los dibujos -calculadas en hojas de papel cuadriculado- y se puso manos a la obra. Comenzó el verano pasado a pintar, hasta el mes de noviembre que llegó la lluvia y lo dejó, y ha seguido éste a ratos hasta que lo ha concluido.

A la izquierda de la fachada ha plasmado sus recuerdos de las labores del campo -en blanco y negro-, la siembra, la siega y la trilla con las mulas, que ha fechado en la década de los 50 del siglo pasado siglo, y la llegada de las primeras trilladora, hacia los 70. A  la derecha, guardando las mismas proporciones, las mismas labores, pero con la mecanización del tractor  y las primeras cosechadoras. ya en los años 70 y posteriores. En el centro de la fachada, dos casas señoriales, el lavadero, la iglesia, la ermita, la escuela y su barrio de La Zarrumba. Además, tapió las dos ventanas, una a cada lado, las revocó y también las ha pintado, con sus visillos y sus tiestos floreados, dando la sensación de habitabilidad en la casa.

Nunca un pueblo ha cabido en tan poco espacio, ya que la fachada tiene unos 9 metros de ancha  por 3 de alta aproximadamente. Para preservar la fachada y que no se deterioren los dibujos, al finalizar ha dado una capa de esmalte especial a toda la fachada.