Buscarán una entrada al Pozo Azul a 6 kilómetros del inicio

I.L.H.
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El británico Jason Mallinson recorrerá el complicado tramo hasta Tipperary, y en la galería seca tratará de localizar alguna cavidad que enlace con el exterior. En superficie estará el resto del equipo apoyado por un sistema de comunicación por texto

Buscarán una entrada al Pozo Azul a 6 kilómetros del inicio - Foto: Patricia González

Para llegar a Tipperary, la segunda burbuja del Pozo Azul, hay que atravesar buceando cerca de seis kilómetros descendiendo a casi 80 metros de profundidad máxima (lo normal de los buceadores recreativos es hacerlo hasta 40 metros). Es tan complicado traspasar el segundo sifón (como se denomina al tramo inundado) que solo lo han conseguido siete espeleobuceadores, de los que ninguno es español. Las dificultades aumentan según se avanza, por lo que continuar desde ahí, doblar esa distancia y seguir explorando más allá de los cerca de 14 kilómetros ya conocidos es una hazaña al alcance de muy pocos.
El espeleobuceador británico Jason Mallison es el mayor experto en las galerías subterráneas de Covanera, a las que acude para explorarlas desde 2001, pero lleva tiempo advirtiendo que está próxima su retirada. Por eso en esta campaña quieren centrar los esfuerzos en una tarea que, de lograrse, ayudaría a que los futuros exploradores puedan darle el relevo con mayor facilidad.
La intención de este año es «localizar con la mayor precisión posible la situación en superficie de la segunda burbuja, a la altura de la galería denominada Tipperary», subraya Pedro González, miembro del equipo que acompañará las próximas dos semanas a Jason Mallison. Lo que persiguen es encontrar en la roca una entrada (o salida) que conecte directamente con Tipperary, lo que, de lograrse, permitiría a los espeleobuceadores empezar la exploración sin sufrir las complicaciones técnicas de los primeros 6 kilómetros. Si el acceso en ese punto fuera sencillo o no excesivamente complicado, empezarían su recorrido desde la segunda burbuja, obviando el tramo que requiere de largas descompresiones. «Hay que explorar todas las opciones», comenta el espeleobuceador leonés.
Tipperary es un punto estratégico porque es la única galería grande y seca en todo el Pozo Azul, con aproximadamente medio kilómetro de recorrido: «Ese recorrido, además, es ascendente por lo que podría existir o quizá existió en algún momento una entrada en superficie a esa galería. Porque los vecinos de la zona nos han comentado en muchas ocasiones que una de las tareas de los lugareños era ir a tapar cuevas para evitar que cayera el ganado», apunta González.
Cuentan también con la información de los geólogos y espeleólogos del grupo Edelweiss que han analizado las rocas, su estratificación y las fracturas del terreno. «De momento son teorías, pero para contrastarlo tenemos que entrar en la cueva y buscar ese acceso desde el interior», añade.
La ubicación de Tipperary en el exterior se localiza aproximadamente entre Sedano y Nocedo. En esa zona se colocará el resto del equipo de Mallison después de haberle ayudado a sumergir el material en la cueva. Cuando el inglés llegue a Tipperary colocará un dispositivo que les permitirá comunicarse a través del sistema Cave-Link, un emisor de ondas de muy baja frecuencia que transmite mensajes de texto.
De todas formas tampoco van a ciegas. «Jason ya exploró esa galería hace cuatro años, pero no pudo continuar porque llegó a una zona con un pozo vertical y le faltaban cuerdas, arneses y todo tipo de material de espeleología vertical. Esa tarea quedó entonces pendiente», repasa Pedro González.  
La campaña está prevista que comience la semana que viene y continúe durante la primera de septiembre. Junto a Mallison y González, que estos días exploran cuevas en León, contarán con un equipo de entre 6 y 8 personas.