Oasis veraniego en la N-I

R. Pérez Barredo
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Hace un año recorrimos algunos de los pueblos más maltratados por el infernal tráfico de la Nacional-I antes de la liberalización de la autopista. Regresamos a los mismos sitios en el primer verano del año 0 después de la AP-1

Oasis veraniego en la N-I - Foto: Miguel Á?ngel Valdivielso

Abel ha visto la luz. Este vecino de Quintanapalla, apasionado de la bicicleta, casi no se cree todavía lo que para él supone, por primera vez en décadas, rodar por la calzada de la Nacional-I con tranquilidad, sin miedo y casi ya en solitario, como el escapado de una ronda ciclista. Algo impensable hasta hace unos meses, cuando esta malhadada vía -en cualquier día del año, pero más aún en época estival- era un diario y nocturno infierno de tráfico, especialmente pesado: camiones y más camiones. Es el primer verano desde la liberalización de la autopista. Y los vecinos de las poblaciones que entre Burgos y Miranda han soportado el intenso y peligroso tráfico de la vieja nacional lo están percibiendo sobremanera. Abel fue encuestado por este periódico hace uno año respecto del infierno de vivir lamiendo esta carretera; entonces, se mostraba desconfiado sobre el anuncio de la liberalización de la autopista, pero auguraba que, si se llevaba a cabo, la vida en su pueblo cambiaría.Acertó. 
«Ahora es muy diferente. Ha cambiado totalmente. Por fin puedo ir con la bicicleta sin temor a que me arrollen», concede Abel sin dudarlo. «Todos los vecinos coincidimos en ello. Esto no tiene nada que ver. Es otra historia. Hasta se nota menos ruido, que antes era tremendo. Y para la maquinaria agrícola ha sido una maravilla. La verdad es que esto está más tranquilo que Dios», apostilla montando en su ‘burra’ y echando a rodar por una carretera casi desértica poco antes del mediodía.
El aspecto que presenta la travesía de Monasterio de Rodilla, histórico punto negro de la N-I, se antoja inimaginable para quienes han vivido marcados a fuego por un tráfico salvaje. Aunque no encontramos a la pareja de veraneantes que el año pasado se mostraba expectante ante la posibilidad de que la situación cambiara, los vecinos con los que hablamos muestran su alegría ante la nueva realidad de la carretera. «Es increíble, no tiene nada que ver. Hay menos de la mitad de tráfico que antes. Y eso se nota una barbaridad, aunque a los negocios los haya hundido.Se vive mucho mejor, sin ninguna duda. Y casi sin ruido», explica un vecino de Monasterio. Cuando antes, casi a cualquier hora del día, constituía una heroicidad cruzar la carretera o incorporarse con un vehículo a la misma en este pueblo, ahora es coser y cantar. Increíble. (Más información en edición impresa)