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El monstruo del río se hace fuerte en el Sobrón

G. ARCE
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En los últimos dos años se ha notificado la captura de 16 siluros en las aguas del embalse del río Ebro. Su número y su tamaño siguen creciendo: algunos ejemplares superan el metro de longitud

Ejemplares de siluro capturados en el embalse del Sobrón. - Foto: Manuel Villanueva

Se tiene constancia de la presencia del siluro (Silurus glanis) en el embalse del Sobrón desde el año 2010, aunque no es descartable que -gracias a la acción intencionada del hombre- lo habitase desde hace más tiempo, porque el río Ebro es la principal vía de penetración de esta especie invasora en los ríos españoles. Pequeño no es, pues en los grandes cauces fluviales de centroeuropa -de donde procede- llega a alcanzar los 2,5 metros de longitud y superar los 100 kilos. Pero estamos ante un pez de aguas profundas, cenagosas y turbias, que gusta del crepúsculo y las sombras para cazar todo lo que encuentre al alcance de su enorme boca, desde otros peces hasta anfibios, roedores e incluso aves acuáticas. 

Pese a la dificultad para capturarlo, censarlo y eliminarlo, en el Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos tienen claro que la población de siluro se ha consolidado en el Sobrón en los últimos años y no descartan tampoco que se haya podido expandir aguas arriba del Ebro, porque el pez de agua dulce de mayor tamaño en Europa no tiene competidores y ni la contaminación ni la falta de oxígeno en el agua le afectan.

Prueba de su prosperidad es que en los últimos tres años se ha notificado la captura de 16 ejemplares (ninguno en 2019, 10 en 2020 y 6 en 2021) con longitudes que oscilan entre los 72 y los 110 centímetros, es decir, peces ya maduros cuya esperanza de vida -si no hubiesen picado el anzuelo- podría haber alcanzado hasta los 26 años de edad.

Estos números, recuerdan desde Medio Ambiente, están afectados por las restricciones a la movilidad que sufrieron los pescadores durante el año de la pandemia, por lo que podrían haber sido mucho mayores. Además, los ejemplares del pasado año fueron capturados por el mismo pescador...

Voraz y agresivo 

El siluro es un gran depredador, muy voraz y agresivo, que causa un gran impacto en los ecosistemas acuáticos que no son los suyos. En el Sobrón, detallan desde Medio Ambiente, está provocando un importante impacto sobre otras especies de peces, como los ciprínidos autóctonos: la madrilla (Parachondrostoma miegii) y el barbo de Graells (Luciobarbus graellsii). Asimismo, tampoco se libran de su voracidad los anfibios autóctonos.

Caza de noche, su momento de mayor actividad, cuando se desplaza siguiendo el rastro de sus presas.

"Tiene el cuerpo alargado y comprimido lateralmente en la parte posterior. Su piel no tiene las típicas escamas de la mayoría de los peces, estando recubierta de abundante mucosidad. Su cabeza es grande, ancha y aplanada, con seis barbillones bucales, dos largos y móviles en la mandíbula superior y cuatro más pequeños en la inferior. La coloración en su dorso es azul negruzca, parda o verdosa. Los flancos son más claros, con color jaspeado y su vientre blanco con reflejos rojizos", describen los técnicos de la Junta.

Durante estos meses de bajas temperaturas permanece escondido, invernando, en zonas profundas de este embalse que se reparte entre las provincias de Burgos y Álava.

Con la llegada de la primavera, entre mayo y julio, comienza su periodo de reproducción. "El macho realiza un nido en zonas ribereñas con mucha vegetación y lodo, donde la hembra deposita hasta 30.000 huevos por cada kilo de peso [multipliquen]. Posteriormente el macho mantiene la oxigenación necesaria de los huevos en el lodo mediante el movimiento de la cola. La eclosión de los huevos se produce antes de los 3 días".

El crecimiento de esta especie es descomunal en comparación con las otras especies que habitan las aguas que ha invadido y que pronto serán su comida. "Al año de vida alcanza una media de 20-30 centímetros (como una trucha común), teniendo tallas de 100 centímetros a los 6-7 años. Alcanza la madurez a los 3-4 años, con una longitud total de 39-71 centímetros", explican.

Es decir, los ejemplares capturados por pescadores en los últimos dos años superan holgadamente los 4 años de vida y han tenido tiempo suficiente para reproducirse en el embalse cuyas aguas se utilizaron para la refrigeración de la central nuclear de Santa María de Garoña. "Es difícil estimar la población actual de esta especie en la provincia, pero es fundamental seguir realizando controles para evitar que aumente, con el consiguiente perjuicio para las poblaciones de especies piscícolas autóctonas".

Planes

En 2019 se aprobó el plan de control del siluro, que afecta no solo al pantano del Sobrón sino al azud de Almarail y los embalses de La Cuerda del Pozo y de Los Rábanos, en Soria. El objetivo de este plan es erradicar la especie de los ríos de Castilla y León, aunque la propia Junta reconoce que es "francamente difícil o casi imposible".

Desde 2019 y de forma ininterrumpida, el Servicio Territorial de Medio Ambiente autoriza la pesca de siluro en los términos municipales de Valle de Tobalina y Bozoó a aquellas asociaciones colaboradoras de pesca burgalesas que lo solicitan. Estas asociaciones son las que notifican las capturas que realizan y que implican el sacrificio del pez.

Invasores 

El siluro llegó a España, a los grandes embalses del Ebro en Aragón, como trofeo de pesca, reclamo de pescadores de toda Europa y negocio turístico para los pueblos ribereños. Quizá, con el afán de tener las zonas de pesca más próximas a Burgos y el País Vasco, se introdujo en el Sobrón hace unos años y, una vez dentro, es imposible de erradicar.

El siluro no es la única especie invasora exótica en los ríos de Burgos. También prosperan otras pero de menor tamaño, como el percasol o pez sol (Lepomis gibbosus), el black-bass o perca americana (Micropterus salmoides), el alburno (Alburnus alburnus), la lucioperca (Sander lucioperca), el lucio (Esox lucius) y la carpa (Cyprinus carpio), o los cangrejos rojo (Procambarus clarkii) y señal (Pacisfastacus leniusculus).

Si son capturados, deben ser sacrificados inmediatamente. Sin embargo, hay excepciones que permiten el retorno al agua, como es el caso de la carpa en todo el curso del río Duero a su paso por Burgos, así como en los embalses del Ebro y del Sobrón. El black-bass se puede devolver en las lagunas de Dobro y en los embalses del Ebro y del Sobrón.