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Voltereta emocional

Diego Izco (SPC)
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El pronóstico del clásico vuelve a cambiar de color tras el bajonazo azulgrana y el subidón blanco

Dembélé (d), que ha vuelto a la titularidad, pugna por un balón con el reivindicado Camavinga. - Foto: Julio Muñoz (EFE)

Real Madrid y Barcelona están enganchados por hilos invisibles que mueven y agitan mecanismos dependientes entre sí: es imposible que a los dos les vaya bien al mismo tiempo. De una manera difícil de entender desde afuera, el Barça se viene abajo con los éxitos blancos y viceversa, y ambos viven una especie de dependencia mutua para completar una alegría que no es completa si 'el otro' no fracasa. 
Toda esta tesis casi filosófica se explica perfectamente en la voltereta emocional que ha sufrido su relación en la antesala del clásico en tres semanas. Una cronología de sobresaltos en tres  actos y un desenlace (el próximo domingo 20 a las 21,00 horas en el Bernabéu) cada vez más impredecible. 

 

Acto 1

Distancia inicial. Desde el arranque de la Liga, el equipo merengue sienta las bases de campeonato. No ha habido un juego brillante, pero sí regularidad, la base de todo título doméstico. Este primer acto se desarrolla con un Madrid estable y un Barça noqueado por la traumática salida de Messi, incapaz de encontrarse a sí mismo (como para encontrar el gol). Para la jornada 17, el cuadro de Ancelotti está con 42 puntos al frente de la tabla, el Sevilla está a siete... y el conjunto culé es octavo a 17. Los blancos conquistan el Camp Nou (1-2, jornada 10) y los azulgranas se desangran: ya han jugado la carta del cambio de entrenador (Sergi sustituye a Koeman en la 11 y Xavi a Sergi en la 13), pero están sin continuidad por las lesiones, sin patrón, sin juego y sin gol, apenas 26 marcados y 20 recibidos, mientras los números del líder (39-15) son claramente superiores: poseen el 83 por ciento de los puntos (13 victorias, tres empates y una sola derrota) frente al exiguo 49 por ciento de su rival (seis triunfos, siete empates y cuatro derrotas). Las dos preguntas entonces son: ¿Cuándo entregar el trofeo al Madrid… y llegará el Barça a la próxima Liga de Campeones? La eliminación azulgrana en la Champions, primera tras 21 presencias consecutivas en octavos, agranda la herida. 


Acto 2

Reacción y equilibrio. Desde ese punto, el invierno sienta mejor al Barça. Sin terminar diciembre, el Madrid empata con el Cádiz (0-0) y pierde (1-0) con el Getafe:da síntomas de debilidad por primera vez, algo que tiene continuidad con las tablas de enero (Elche y Villarreal) o la eliminación copera a manos del Athletic. El triunfo sobre los culés en la Supercopa (3-2) se había gestado en la prórroga, pero la sensación del partido era que los catalanes habían nivelado por fin la balanza e incluso decantado a su favor en el mercado de invierno. Mateu Alemany, el hombre que llegó para reestructurar el proyecto 'post-Messi', inyecta en el vestuario a Alves, a Ferrán Torres, a Adama y a Aubameyang. Con esas piezas, Xavi halla al fin el toque y la velocidad necesarias, hasta el punto de firmar la mejor racha de la temporada (tres victorias consecutivas con cuatro goles anotados, incluyendo la eliminación del Nápoles, uno de los 'cocos' de la Europa League). Al mismo tiempo, el Real Madrid es vapuleado en el Parque de los Príncipes. Todo está a punto de estallar tras el 1-0 (y nueve paradas de Courtois, penalti a la 'Pulga' incluido) y, de repente, los pronósticos del clásico ya son azulgranas. 

 

Acto 3

Otra voltereta

Europa ha vuelto a cambiar la cara al próximo Madrid-Barça. En los preparativos, los blancos se sacan de la chistera un 4-1 ante la Real Sociedad, una de las mejores defensas de LaLiga, mientras los blaugranas sufren (y además ganan con polémica) ante el Elche. El gol de Mbappé en la vuelta (0-1) parece mantener el 'statu quo', pero la pifia de Donnarumma desencadena la tormenta perfecta que arrasó al PSG... y el Real Madrid (al que cualquier observador hubiese eliminado de cuartos solo viendo el partido de ida) sale reforzado. Por esa teoría de los hilos invisibles, el arrollador Barcelona no puede hacerle al día siguiente un solo gol al duodécimo clasificado de la Liga turca, el Galatasaray, y deberá ir a Estambul a jugarse la vida tres días antes de un clásico que recupera el favoritismo merengue.