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La crisis inflacionaria encarece 2.600€ el coste de la vida

David Alonso
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El aumento desbocado del IPC durante se ha comido más de 1.300 millones de valor real a los salarios de los trabajadores de la región. La subida del 22% en el coste de las energías y del 13% en los combustibles estrangulan las cuentas familiares

Imagen de una mujer haciendo la compra en un hipermercado. - Foto: Óscar Solorzano

El desbarajuste inflacionario que trae de cabeza a la sociedad no es ninguna novedad, pero sus efectos no dejan de hacer mella en las cuentas de las familias de Castilla y León que ven como cada mes que pasa su poder adquisitivo continúa menguando frente a unos precios que siguen sin encontrar su techo. Hasta 2.600 euros se ha encarecido la vida en los hogares de la Comunidad durante el último año, arrastrados por una energía y carburantes que no dejan de estrangular las cuentas de las familias, con repuntes de entre el 15 y 20 por ciento respecto al pasado año. Un mordisco interminable a la economía doméstica que se agrava con el paso del tiempo, ante la imposibilidad de que los salarios puedan contrarrestar un golpe, habiéndose llevado por delante ya 1.400 millones de poder adquisitivo de los sueldos y casi 4.500 de los ahorros de los castellanos y leoneses. 

Y es que, doce meses después de que el IPC comenzase su tenebroso rally hacía la cima de la montaña –en abril de 2021 la inflación marcó un repunte del 2,5%, por segundo mes consecutivo–, el impacto se acrecienta y las medidas puestas en marcha son incapaces de tirar hacía abajo de una estadística que, en el caso de Castilla y León, acumula un repunte mensual medio de casi el siete por ciento durante el último año.Números que se entienden mejor si se traducen al mordisco que han pegado al bolsillo de la ciudadanía. Dos mil seiscientos veinte euros se ha encarecido la vida de los hogares de Castilla y León durante el último año por culpa de la inflación. O lo que es lo mismo, un 10% más que los 25.150 euros del gasto medio por hogar que realizaron las familias castellanas y leonesas.

Primera necesidad

Un problema que trasciende el carácter meramente económico y ya se ha filtrado hasta el ámbito social. Realidad que se visibiliza al comprobar como el precio de los bienes de primera necesidad –aquellos que se considera esencial para la supervivencia de las personas como alimentos, electricidad o ropa– para un hogar castellano y leonés se han disparado en casi 2.100 euros respecto a hace un año, ahogando las cuentas familiares.

La palma se la lleva el coste de la electricidad y el gas, que ha repuntado en la Comunidad un 22,05% por ciento de media durante los últimos doce meses. Esto se ha traducido en un irremediable sobrecoste cercano a los 2.000 euros por cada hogar castellano y leonés al año, pasando de los 8.800 que destinaron a pagar las facturas de luz y gas en 2020, a los casi 11.000 actuales. Un elemento vital en el día a día que acumula ya varios meses creciendo sin control arrastrado por las tensiones internacionales y acrecentado por la invasión rusa sobre Ucrania .

No se queda atrás los carburantes, que han hecho lo propio un 12,5 por ciento de media, lo que ha dejado un aumento en el coste de los repostajes de 350 euros por hogar al año, hasta los casi 3.000. En tercer lugar se sitúan los alimentos y bebidas no alcohólicas, con un repunte de casi el cinco por ciento, encareciendo la cesta de la compra de un hogar en más de 200 euros respecto a hacer un año, superando ya los 4.500 euros. 

El resto de indicadores del IPC que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE) también se han incrementando, aunque ya en menor medida, con variaciones entre el 0,5 y el tres por ciento. De hecho, solo uno de los doce índices sobre los que se calculan el Índice de Precios de Consumo solo uno, el de las comunicaciones, anotó un descenso en el coste para los hogares 

Salario y ahorros

Y es que el problema inflacionario que atenaza la economía regional y nacional no solo tiene su impacto sobre el coste de la vida, sino que está empobreciendo a las familias, toda vez que sus sueldos y ahorros son incapaces de contener la escalada del IPC y siguen depreciándose mes a mes. De hecho, los trabajadores de Castilla y León han perdido ya entre 1.300 y 1.400 millones de euros de poder adquisitivo, toda vez que la subida media salarial pactada en 2021 fue del 1,4%, lejos, muy lejos, del avance cercano al 7% que acumula el IPC durante los últimos doce meses. 

Situación más dramática la que viven los 75.000 millones de euros que los castellanos y leoneses tienen en depósitos bancarios, y cuya rentabilidad es prácticamente nula. Esto lleva a que la inflación campe a sus anchas y se haya ventilado ya entre 4.500 y 5.000 millones de euros de valor real de estos ahorros.