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"Quien niega la violencia de género no conoce la realidad"

A.G.
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El director del Instituto de Medicina Legal, Amador Martínez Tejedor, habla en esta entrevista de la importancia de no revictimizar a quienes han sufrido cualquier tipo de delito y analiza el incremento que personas que fallecen solas.

Amador Martínez Tejedor, director del Instituto de Medicina Legal de Burgos. - Foto: Valdivielso

Lleva más de treinta años viéndole la cara a la muerte y a la parte más fea de la sociedad, lo que no ha conseguido que pierda el aire beatífico, el humor y la calma que parecen acompañarle  siempre. El médico forense Amador Martínez Tejedor (Valladolid, 1959), que hizo la carrera en la Universidad del País Vasco, no se ha olvidado nunca de la primera persona a la que le hizo una autopsia y considera que en su trabajo es fundamental la empatía con las víctimas, a las que afirma que hay que cuidar para que no se revictimicen, sobre todo cuando son menores. Y como sabe que de forma instintiva todo el mundo piensa que su trabajo es estar rodeado de cadáveres recuerda que el 70% de sus pacientes son vivos. 

¿Cómo le cambió la actividad al Instituto de Medicina Legal la llegada de la pandemia y el confinamiento de marzo de 2020?
Esto no se cerró en ningún momento y enseguida recibimos instrucciones precisas por parte del Ministerio de Justicia. Durante el confinamiento más estricto se suspendieron los juicios presenciales, salvo los especialmente urgentes como los de violencia de género, y los reconocimientos presenciales, excepto los que eran imprescindibles como los  de los detenidos si así lo pidieran, ya que es su derecho. Se realizaron reconocimientos telemáticos con presos y en los internamientos psiquiátricos no voluntarios. La tecnología funcionó y ayudó mucho y se utilizó el teletrabajo para determinadas actividades como la elaboración de los informes tras el levantamiento de un cadáver.

¿Es cierto que no se pudo hacer autopsias a las personas fallecidas por covid?
Hubo una recomendación de la Sociedad Española de Anatomía Patológica que transcribió las recomendaciones internacionales en el sentido de que no se debían hacer autopsias, salvo que fuera una necesidad ineludible, a un fallecido por covid por el riesgo que suponía la manipulación del cadáver para el personal y sobre todo hace año y medio, que no conocíamos nada sobre el virus. Si hubiera sido necesaria alguna autopsia tendría que haberse realizado en un tipo de salas muy específicas, de las que hay muy pocas en España -en Castilla y León no hay ninguna- y se hubiera hecho una autopsia poco invasiva minimizando los riesgos, sobre todo en aquellas maniobras que pudieran generar aerosoles.
Cualquier lego en la materia podría haber pensado que ante tan elevado número de muertes que se produjeron al principio, el de autopsias también crecería...
Mantuvimos el mismo número de otros años, no se incrementaron de forma significativa; hubo algunas muertes en las que se detectó covid en el exudado nasal (el servicio de Microbiología del HUBU nos facilitó el material preciso para realizarlo) porque la regla fue hacer la PCR antes de cualquier autopsia. Si era positiva se hacía un reconocimiento  mínimo y se tomaban muestras para la analítica de tóxicos evitando aerosoles en todo momento.

Amador Martínez Tejedor, director del Instituto de Medicina Legal. Amador Martínez Tejedor, director del Instituto de Medicina Legal. - Foto: Valdivielso

¿En qué casos se somete a un cadáver a una autopsia?
Las hay médico legales, que son las que ordena un juez, y las clínicas, que se hacen en los hospitales que están preparados para ello y que tienen un interés científico. Las primeras se hacen en casos de muertes violentas, ya sea accidentales, suicidas u homicidas y en las sospechosas de criminalidad y las que son súbitas, imprevistas, las que suceden en un estado de aparente salud y que por ese mismo motivo no hay datos para poder certificar el fallecimiento. Estos casos de muertes naturales no certificadas por los médicos son más de la mitad de las que hacemos, el 55% del total. También se hacen cuando hay una denuncia por posible mala praxis médica y el juez lo ordena.

¿Se redujeron mucho el año pasado las muertes violentas?
Sí, me consta que hubo una reducción significativa aunque no absoluta porque aunque la gente estuvo en casa también hubo conflictos.

Las asociaciones que trabajan con mujeres víctimas de violencia machista advirtieron del repunte que iba a haber de casos tras el confinamiento, algo que se ha comprobado a nivel nacional. ¿Ustedes lo han percibido? ¿Ha incrementado la labor de la Unidad de Valoración Forense Integral de Violencia de Género?
Nuestra unidad de valoración no tiene mucha demanda, no porque no estemos disponibles sino porque reconocemos, sobre todo, a víctimas de agresiones físicas; estudios integrales de violencia de solicitan poco -nosotros actuamos siempre por orden del juez- y aunque ha habido un incremento con respecto al año pasado tiene que ver con que en 2020 hubo muy pocos. Cuando la persona está en un ambiente en el que no tiene escapatoria, se adapta, sabe que tiene que asumir una realidad, que es la supervivencia y parece que todo se pacifica y se asumen cosas  que no se asumirían en otras circunstancias y al abrirse todo el conflicto se multiplica porque la problemática nunca ha desaparecido. Pero probablemente haya mejores estadísticas de violencia de género en la Fiscalía que en las nuestras. 

¿Qué piensa de que exista un sector de la sociedad y de la clase política que niega la existencia de una violencia específica hacia las mujeres?
Que no conocen la realidad. Con que se pasaran por un juzgado de violencia y conocieran a una mujer que ha sido víctima se les acabarían las dudas. Esto es una realidad, hay mucha más violencia del hombre a  la mujer que al revés, que hay muchas más mujeres muertas por sus parejas o exparejas; en general, hay mucha más violencia por hombres hacia otras personas.

¿Cuál cree que es la razón?
Esto, que se ha estudiado mucho, ocurre en todos los contextos culturales, la expresión física de la violencia es más propia de los hombres, cuando dos chicos se pelean, por ejemplo, lo hacen con más fuerza y las peleas entre hombres en la calle por cualquier circunstancia son muchísimo más frecuentes que las que se producen entre mujeres.

¿Cómo aborda al examen de una víctima de violencia de género?
Hay dos momentos; uno inmediato, urgente, que ocurre en el juzgado de violencia cuando la jueza ordena el reconocimiento de la víctima para informar sobre sus lesiones físicas o estado psíquico, y luego hay un estudio integral programado que se realiza por el médico, el psicólogo y el trabajador social forense para informar al juez, pero no de una manera inmediata, del estado emocional de la víctima, de la personalidad e imputabilidad del autor, de la evaluación del riesgo de nueva violencia... Hay que tener siempre una actitud empática y comprensiva, explicar lo que va a ocurrir y obtener el consentimiento para ello porque no hay nada peor que ir a un sitio a hablar con alguien que no sabes quién es ni qué repercusión va a tener esa entrevista en la que te preguntan cuestiones íntimas y aunque se haya presentado una denuncia cuesta mucho expresar según qué cosas como, por ejemplo, cuando se ha sido víctima de una agresión sexual dentro de la pareja algo que, de hecho, muy pocas veces refieren.

Cambio de tercio. ¿Cómo van las obras de ampliación de sus instalaciones?
Muy avanzadas ya. Este Instituto fue proyectado hace 25 años y comenzamos a trabajar  en 2001, antes de su creación formal, que fue en 2003, pero llegó un momento en el que nos vimos desbordados tanto por el trabajo, que se fue ampliando cada vez más, como por el personal que se fue incorporando. Vamos a ganar 480 metros cuadrados, que es más de lo que tenemos ahora mismo y el sentido de estas obras es incorporar salas amigables para el reconocimiento de los menores víctimas de delitos o hijos de mujeres víctimas de violencia de género porque su protección comienza en ese momento para prevenir la victimización secundaria. Se trata de que los niños se encuentren cómodos y en un ambiente adecuado, que no sientan que es extraño u opresivo, algo que incluso puede dificultar el testimonio. Hay una sala de exploración con cámara gesell para observar a los niños; otra, para la comisión judicial que puede estar presente en la habitación de al lado viendo la declaración y todo estará conectado con los juzgados de la capital y de la provincia.

¿Cómo cree que afecta a los niños la violencia que sufren sus madres?
Que un niño o una niña vivan en un ambiente de violencia es siempre traumático sin que ni siquiera haya que demostrar pericialmente nada, yo creo que hay que darlo por supuesto porque es una realidad. Nadie que crece en un ambiente de violencia es ajeno a él sino que le genera un daño emocional muy significativo.

¿Se denuncian muchos casos de abusos sexuales a menores?
Hay casos, pero lo más significativo en los últimos tiempos es un incremento apreciable de las denuncias de chicas menores, pero no niñas de 8 o 10 años sino de 12 o 14, de agresiones sexuales.

¿Lo achacan a que se denuncia más o que ocurre más? 
A las dos cosas. Nuestra intervención se produce cuando la chica va a urgencias del hospital y allí cuenta lo que le ha ocurrido y procedemos a su reconocimiento con el ginecólogo de guardia y si la víctima tiene pocos años, con un pediatra. Todos los años tenemos denuncias de abusos sexuales a menores, otra cosa es que haya pruebas. Una situación frecuente es la de un niño o niña que vuelve a casa con su madre después de un régimen de visitas con el padre y que ha notado que tiene una irritación y que se queja  y la madre sospecha que ha podido pasar. A veces es el padre el que acusa al compañero de la madre. 

¿Es fácil comprobar la veracidad de  los abusos de un niño?
No, salvo que haya lesiones significativas o indicios biológicos del agresor. Si no las hay, es necesario recurrir a la psicología del testimonio, que es ordenado por el juez con un protocolo que permite establecer si es creíble o probablemente creíble, sin poder asegurarlo al cien por cien.

¿Se han encontrado alguna vez con  agresiones sexuales grupales a una mujer?
Pues concretamente grupal, no, pero sí que hubiera otra persona en el momento de los hechos. No es frecuente pero sucede, ha habido algún caso. 

Ustedes son los primeros profesionales, junto con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que contactan con las familias de una persona que se ha suicidado. ¿Qué cree que pueden aportar para reducir el número de estas muertes? 

En Burgos hay alrededor de una treintena todos los años, tenemos una tasa de unos 8-9 por cada cien mil habitantes y son mayoritariamente varones. El suicidio, además de la tragedia personal y familiar que supone, es un problema de salud pública que ha de abordarse con políticas de prevención y una condición sine qua non para que esto se produzca es tener un conocimiento de la realidad que se trata de prevenir y para eso son fundamentales unos datos fiables, que están en los institutos de medicina legal, así de claro. Hace dos años el Ministerio de Justicia y el Instituto Nacional de Estadística establecieron un acuerdo para que todas las muertes con intervención judicial fueran registradas en una base de datos para tener unas cifras fiables de accidentes de tráfico, suicidios y homicidios y que no se escape ninguno. Dicho esto, el momento en el que se acude al levantamiento del cadáver es crucial y es muy importante la actitud y no entrar, valga la expresión, como un elefante en una cacharrería sino darse cuenta del momento que está viviendo la familia y ser sensible a esa realidad. Siempre hablamos con ellos, les explicamos cuál es nuestro papel allí, qué va a pasar con el cuerpo... Ahora estamos trabajando en un proyecto para que después de la autopsia y pasado un tiempo contactar con las familias si lo desean, saber cómo están, responder, si podemos, a sus preguntas y contactarlas con grupos de autoayuda. Uno de los sentidos de los institutos de medicina legal es la salud pública, es el futuro porque a partir de los datos que se obtienen se pueden prevenir no solo muertes por suicidio sino muertes súbitas de tipo cardíaco en jóvenes, en deportistas, etc.

Una de las realidades con las que nos abofeteó la pandemia fue la muerte en soledad en los hospitales pero hace ya tiempo, sobre todo en las grandes ciudades, que va creciendo el número de personas mayores que mueren solas. ¿Se encuentran con muchas? ¿Han notado un incremento en esa forma de morir? 
Cada vez vemos más personas que no solo mueren circunstancialmente solas sino que están solas: viven solas y mueren solas y nadie se ha interesado por ellas hasta que los vecinos comienzan a detectar un mal olor o un hijo llama después de no sé cuánto tiempo. Esto sin duda es cada día más frecuente. Me consta que los servicios sociales tratan de ayudar en estas circunstancias pero con mucha frecuencia algunos no se dejan ni dejan entrar en sus casas a los trabajadores sociales y se suele acudir a procedimientos urgentes de incapacitación o de ingresos en residencias, esto es frecuentísimo. Nosotros intervenimos en ello y con eso se previenen algunas de esas muertes en soledad pero aún así nos las seguimos encontrando.

¿Cuando hace una autopsia usted piensa en la persona que fue ese cadáver?
Pienso en los aspectos técnicos pero como he hecho el levantamiento o lo ha hecho otro compañero conozco el contexto en el que ha ocurrido la muerte y no es lo mismo la muerte súbita de una persona de 89 años a una víctima de violencia de género, de un homicidio o de un suicidio. Procuramos ceñirnos a lo estrictamente científico pero es inevitable que afecte de alguna manera.

¿Piensa alguna vez en su propia muerte y sabe cómo le gustaría que fuera?
Creo que uno suele morir como vive. Tengo la experiencia del fallecimiento de mi padre y de algún otro familiar y de amigos y tengo conciencia clara de que la muerte es una realidad ineludible. Para los que tenemos fe, como es mi caso, no es el final del camino sino el comienzo de otro y eso le da una perspectiva distinta, no es una perspectiva desesperanzada como pueden tener algunos; la vida es diferente si uno tiene una perspectiva trascendente.  

Sorprende que alguien que ha tenido en sus manos las vísceras de tanta gente y que sabe que somos materia que se pudre crea en la vida más allá de la muerte.
Pero es una vida diferente, transformada. No creo en la reencarnación, mi planteamiento es católico.

¿Por qué cree que la sociedad le ha dado la espalda a la muerte?
Porque una sociedad del bienestar huye de la propia vulnerabilidad.