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Los riesgos de las nuevas formas de pornografía

A.G.
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La graduada de la UBU Marina Hijosa obtiene un sobresaliente en su trabajo de fin de grado que analiza los límites de los derechos fundamentales en la plataforma OnlyFans en la que miles de mujeres jóvenes ofrecen contenido erótico a cambio de dinero

Marina Hijosa, en la Facultad de Derecho de la UBU. - Foto: Valdivielso

Hace más de cuatro décadas ya lo dijo el sabio Quino por boca de su hija favorita, Mafalda, en una tira referida a la carrera armamentística que seguían las dos grandes potencias en plena guerra fría: "Desde el arco y la flecha hasta los cohetes teledirigidos es sorprendente lo mucho que ha evolucionado la técnica y deprimente lo poco que han cambiado las intenciones". Con la explotación del cuerpo de las mujeres ocurre algo parecido, que ha pasado de realizarse en una esquina (aunque hay muchas aún, las más vulnerables, que aún sobreviven en descampados) a una pantalla de ordenador o de móvil, pero el objetivo sigue siendo el mismo: sacar provecho de ellas. Una de las mejores evidencias es la existencia de la plataforma OnlyFans, archiconocida entre la gente joven, en la que miles de mujeres ofrecen contenido audiovisual erótico y pornográfico a cambio de dinero, y que desde hace un mes está en el punto de mira del FBI en Estados Unidos por posibles casos de pornografía infantil y presunto lavado de dinero. En la actualidad, existen más de 700.000 cuentas de creación de contenido registradas en todo el mundo y unos 50 millones de usuarios que pagan por verlas.

Marina Hijosa, graduada en Derecho por la Universidad de Burgos y estudiante del último curso de Ciencias Políticas, puso el foco en esta nueva forma de pornografía a la hora de desarrollar su Trabajo de Fin de Grado (TFG) porque tuvo claro desde el principio "que quería relacionar el Derecho con el estudio del Feminismo" y tras desechar otras opciones decidió analizar qué ocurre con los derechos fundamentales en OnlyFans ya que "su licitud o no ha sido el debate más candente en este último año en redes entre las feministas más jóvenes". Esta investigación, "magnífica", a juicio de su tutor, el profesor de Derecho Constitucional Carlos Lozano, le ha hecho merecedora de un sobresaliente como nota.

Hijosa, de 22 años, incorporó en el trabajo no solo su interpretación teórica sobre cuál es el límite de los derechos fundamentales en esta red social sino que entrevistó a una joven de forma anónima que se expuso allí para ganar dinero y ella misma abrió una cuenta para comprobar qué seguridad ofrece en cuanto a la protección de los derechos de los usuarios. Su análisis se centró en si el consentimiento prestado por las creadoras de contenido en OnlyFans es válido o si se vulneran los derechos fundamentales: "Desde mi punto de vista no existe un consentimiento con plenas garantías", afirma la graduada.

"Si bien es cierto que en los términos de uso de la plataforma se establece que, efectivamente, se habrá de constatar la identidad y la edad de las creadoras de contenido, durante la investigación, al crear la cuenta y publicar imágenes no se me requirió identificación ninguna. Sin embargo, también es cierto que realicé una entrevista a una ex-creadora de contenido de esta plataforma y sí que relataba esta necesidad de verificación de la identidad y de la edad. Entiendo que tales comprobaciones se realizarán en el momento de monetizar el contenido creado, pero no es necesario cuando la suscripción a la cuenta de la creadora es gratuita", explica.

"CLARA FALTA DE CONTROL". Marina Hijosa añade que considera que existe "una clara falta de control en cuanto al contenido, por lo que cabría plantearse qué pasaría si, por ejemplo, yo, mayor de edad con cuenta verificada, publicase en mi perfil contenido de determinada conocida mía menor de edad, o usase tales imágenes o vídeos a través de los mensajes": "No puedo afirmar que no exista verificación, pero desde mi punto de vista es evidente la necesidad de mejora de los mecanismos de control del contenido, para que este se ciña a lo establecido en los términos de uso". Destaca, por ejemplo, la imposibilidad de acceso a ellos en cualquier lengua que no sea el inglés, "lo cual en sí podría suponer una dificultad para la aceptación con consentimiento válido".

La entrevista a una mujer joven que optó por OnlyFans para apuntalar su economía es muy reveladora. Cuenta que al principio empezó por curiosidad y porque le llamaba la atención el hecho "de ver que hay mucha gente que gana relativamente bien con eso y yo estoy trabajando y sufro bastante, así que pensé que un dinero extra no me venía mal". Apenas estuvo cinco meses en la misma y lo dejó "porque ya no tenía tiempo, porque a mi pareja tampoco le parecía tan agradable la idea e incluso yo me sentía incómoda con el contenido que estaba creando".

Esta joven afirmó que no le parecía que la plataforma protegiera el contenido que ella mostraba: "Que yo sepa y de momento, a mí no me ha pasado pero sé que hay muchas creadoras a las que les capturan su contenido y luego aparece por todas las redes sociales". Para hacer frente a esto, agregó, la plataforma pone una marca de agua con el nombre de las usuarias en las publicaciones: "Esto quiere decir que si en algún caso ves a alguien que está compartiendo tus fotos podrías denunciarles. Pero solo es una marca de agua".

Por otro lado, al ser preguntada la chica anónima si lo consideraba un ‘trabajo sexual’ (a lo largo de todo el TFG Hijosa utiliza esta expresión pero aclara que no comulga con ella ya que la palabra trabajo para calificar tales actividades les profiere una licitud de la que, en su opinión, carecen) contestó que sí y que se acerca más a la pornografía que a la prostitución "porque es contenido explícito".

Marina Hijosa tiene claro que se trata "de una nueva forma de pornografía" pese a las diferencias con la ‘tradicional’ en cuanto a la personalización del contenido y la autonomía de creación, es decir, que las chicas no están sujetas a indicaciones, pero no tiene claro si esta práctica las puede acercar a la industria del porno: "Hasta donde sé existen canales a través de aplicaciones como Telegram para la difusión de cuentas y contenidos de OnlyFans y no me parecería sorprendente que la industria del porno utilice estos medios para captar nuevas reclutas. Las jóvenes deberíamos pararnos a analizar el daño que, como sociedad, se hace a otras mujeres con el uso de plataformas que explotan los derechos de nuestras compañeras legitimando así la existencia de las mismas".