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Jesús de la Gándara

La columnita

Jesús de la Gándara


Condición

18/08/2022

El cambio climático ha venido para quedarse. Si a alguien le quedaba alguna duda, las oleadas de calor tan persistentes de este verano lo confirman. El protagonismo mediático del tiempo ahora es coherente con las repercusiones para la vida humana. El dato, hace mucho calor, se convierte en un problema, cómo dormir con estos calores, y en una catástrofe, incendios abrasadores. Esa concatenación, convertir un dato en un problema y este en una catástrofe es lo que hace que ciertas personas no logren adaptarse al estrés de la vida, padeciendo trastornos de adaptación con ansiedad, depresión, insomnio, etc. Ese modo de afrontar los avatares de la vida no sirve para adaptarse. Los datos deben ser apreciados con serenidad y mesura, los problemas afrontados con recursos y soluciones, y las catástrofes, como se pueda. Pero en el cambio climático nada de esto se hace, el mundo se comporta de modo neurótico, por un lado alarmista y por otro pasivo, lo vamos dejando, como si fuera algo ajeno o inevitable, hay que cambiar cómo lo concebimos y afrontamos, como hacemos en psicoterapia para ayudar a las personas con trastornos de adaptación.

Quizá un concepto que puede resultar útil es el de condición. Podemos contemplar el cambio climático no como un dato anodino, o un problema sin solución, o una catástrofe inevitable, sino como una condición estable. La palabra condición es muy interesante. Es un cultismo latino con un origen doble. Por un lado viene del verbo condicere, que denota algo convenido o acordado que nos compromete, que se ha manifestado solemnemente y que una vez dicho debemos aceptar y adaptarnos. Pero, curiosamente, también viene del verbo condire, de donde vienen condimentar, es decir preparar, arreglar, añadir algo para que salga bien, ya sea comida o dificultad de la vida. Si aceptamos el cambio climático como una condición que nos concierne y compromete, aunque no podamos cambiarlo podemos hacer algo para arreglar lo que podamos y adaptarnos a lo que no podamos. Para no ser pasivos ante el dato, ineficaces frente al problema y víctimas inocentes o insolidarios frente a las catástrofes.