«Hoy el Camino son vacaciones baratas»

F.T.
-

AL PIE DEL CAMINO (III) | Amancio Yágüez, propietario del bazar El Peregrino, de Castrojeriz, es la tercera generación al frente de una tienda «en la que se puede encontrar de todo» y a sus 88 años no piensa en retirarse

Amancio Yágüez en su bazar, uno de los últimos vestigios del comercio rural tradicional, son dos referentes del Camino con muchos elogios en las redes sociales. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Amancio Yágüez es uno de esos personajes carismáticos que salpican el Camino de Santiago y a sus 88 años sigue al frente del negocio familiar, el bazar El Peregrino, parada casi obligatoria para los peregrinos que llegan a la plaza Mayor de Castrojeriz y necesitan cualquier cosa. Cruzar el quicio de la puerta de esta tienda es adentrarse en el túnel del tiempo y retroceder 150 años, que son los que lleva abierto este negocio familiar por el que ya han pasado tres generaciones.
Detrás del viejo mostrador, lo primero que hace Amancio es mostrar un documento enmarcado, y fechado en agosto de el año 1899, por el que la Compañía Arrendataria de Tabacos concede a Feliciano Rodríguez la potestad para comerciar y distribuir cigarros y cigarrillos. «Este era mi abuelo y hemos tenido la distribución del tabaco para esta zona hasta el año 1985, pero el negocio comenzó antes, hace 150 años», asegura Amancio quien, a sus 88 años, anuncia que el negocio «se termina ya» porque ninguno de sus hijos tiene previsto tomar las riendas del mismo.
Tras toda una vida al pie del Camino, Amancio piensa seguir detrás del mostrador mientras tenga fuerzas... «hasta que el cuerpo aguante porque esto es maravilloso, me lo paso muy bien con la gente del Camino, que se comporta muy bien», asegura este hombre que ha hecho muchos amigos tras toda una vida a la vera de la Ruta Jacobea, «y alguno de ellos  ha hecho hasta 27 caminos, y muchos vuelven a visitarme, solo para decirme hola Amancio y tomar un café o un vinito». 
Acostumbrado a corretear por la tienda desde niño, Amancio ha visto como el negocio familiar ha ido evolucionado (comenzó como zapatería, mercería, tienda de muebles y electrodomésticos, además de menaje de cocina) hasta convertirse en un bazar en el que el peregrino puede encontrar todo lo que necesita, desde una tirita o una postal hasta unas botas, calcetines, chubasqueros, sacos de dormir o mochilas, pasando por linternas o navajas. «Aquí tenemos todo lo que necesitan para hacer el camino», afirma con rotundidad, aunque reconoce que lo que más vende es calzado y calcetines «sin costuras».
Por esta tienda, en los últimos años, han pasado diariamente  cientos de peregrinos, pero este  año apenas entran al bazar diez, en le mejor de los días. «Es un año en blanco, no he tenido que hacer ninguna compra y estoy pasando con lo que tengo en la tienda, pasan muy pocos peregrinos», asegura Amancio, quien confía en que la situación mejore «poco a poco» y el Camino vuelva a tener la vida de los últimos años, una vida que este año se ha detenido.
Nadie mejor que él conoce la evolución que ha tenido en las últimas décadas el Camino de Santiago del que dice que, «hoy son vacaciones baratas, hay cantidad de gente que viene se mete en el albergue, compra cuatro cosas para comer, y ahí se pasan el día, en el albergue. No les interesa más, a pesar de que Castrojeriz tiene cosas que ver y ofrece de todo a los peregrinos. La cultura no les interesa mucho», asegura este observador simpático y locuaz. 
 Amancio es uno de esos personajes carismáticos que uno se puede encontrar a lo largo de la Ruta Jacobea, cuya imagen se queda grabada en la retina, y que vive el Camino desde que se levanta hasta que se acuesta. Acostumbrado a jornadas interminables, otros años abría a las ocho de la mañana y cerraba de noche, este verano no madruga y abre a las nueve para cerrar a las siete de la tarde. Un horario que mantendrá mientras la persiana de este negocio siga levantada porque en un horizonte no muy lejano ya se atisba el cierre definitivo. «No hay gente que quiera trabajar en esto, dicen que es muy esclavo y lo iré vendiendo todo como pueda porque mis hijos no quieren saber nada, aunque hay uno que me ayuda y me traer el género que encargo a algún almacén». Con Amancio, si nadie lo remedia, cerrará una de las pocas joyas del comercio rural tradicional que quedan en la provincia y el Camino perderá uno de sus referentes, una persona dispuesta a ayudar al peregrino.