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Futuro

MARTÍN G. BARBADILLO
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"La vida, como el fútbol o la carrera de un actor o actriz, tiene vaivenes y no pasa nada. Burgos vivió su momento de esplendor en el siglo XVI, ahora lo viven otros, pero probablemente jamás se ha vivido tan bien aquí como ahora..."

Futuro

¿Qué es? Es el tiempo que está por venir.

Edad. El futuro existe o no, según se mire. La filosofía del "Eterno Presente", por ejemplo, habla de que solo está el momento actual, mientras pasado y futuro son inexistentes. El futuro es una creación humana, una idea, el lugar que da esperanza cuando el presente es oscuro. Hunde sus raíces en los orígenes de la especie.

¿Vamos a hablar del futuro de Burgos? Especular en realidad, porque nadie puede conocerlo con certeza. Aun así me parece un ejercicio interesante porque, en este país, hablar del futuro es un tabú.

¿Cómo? Sí, aquí ningún gobernante hace planes a largo plazo ni intenta vislumbrar cuáles pueden ser los problemas, necesidades y soluciones en unos cuantos años. Y las rarísimas veces que lo hacen, encima, los ponen a caldo. En esto los chinos sí lo tienen claro, planifican a décadas vista.

Hay que pensar en el futuro, está claro, porque llegará de todas formas. ¿El de aquí cómo lo ves? Pues vamos a empezar citando a los clásicos burgaleses, en este caso al gran músico Tonino Carotone, natural de Capiscol.

¿Y qué dice? Su temazo Me cago en el amor, comienza con una introducción recitada en italiano, con deje macarrilla, en la que afirma que este "È un mondo difficile... E futuro incerto". Ahí está toda la verdad, amigo: mundo difícil, futuro incierto.

No nos pongamos agoreros. Para nada. De hecho, el futuro tiene pinta de que será una continuación del presente, un presente que ya dura cientos de años. Burgos, y Castilla en general, siempre han estado bastante poco pobladas, pero además pierden peso poblacional respecto a España desde hace décadas, o incluso siglos. Unos datos: en el año 1900, el país tenía 18,6 millones de habitantes y esta provincia 338.828; 50 años después, 27,9 millones y 397.048, y en 2020, 47,3 millones y 355.693. Conclusión: si en este periodo Burgos hubiera crecido como España contaría con más de 900.000 habitantes. Esa es la dimensión de la catástrofe.

Pues vaya. Sí, es mejor que seamos conscientes de que el futuro será minimalista: poca gente y mucho espacio. A partir de los años cincuenta del siglo pasado se vaciaron los pueblos en el mayor movimiento poblacional de la historia del país y todo apunta a que en los próximos años se acentuará una diáspora importante de las ciudades de tamaño medio, como esta, sobre todo de jóvenes (con cualificación), que ya está ocurriendo.

¿No va a quedar nadie? Alguien sí, pero cada vez menos. Cientos de pueblos dejarán de tener habitantes permanentes en las próximas décadas, cuando sus actuales moradores desaparezcan. Serán resorts veraniegos, más o menos como ahora pero a lo bestia. Contra eso, poco se podrá hacer; se trataría de salvar los pueblos algo más grandes y hacer que allí las condiciones de vida sean atractivas, o al menos razonables. Y la ciudad, como otras parecidas, es probable que se distancie más de las de mayor tamaño.

Menudo panorama. Se puede mirar desde distintos puntos de vista. Evidentemente perder población hace que se reduzcan las oportunidades, pero se trata de que en esas condiciones sea un lugar agradable para vivir y eso es posible. Además, nada está escrito.

¿Qué quieres decir? Evidentemente, parte de lo que ocurra en el futuro, a una persona o a un país, depende de lo que haga para que suceda eso u otra cosa. Pero también están los vaivenes del destino, las circunstancias que hacen que nada se pueda predecir con certeza.

¿Las carambolas? ¿Qué se descubra petróleo? Bueno, esa película ya la vimos en el pasado y acabó como Bienvenido Mister Marshall de nuestro amado Berlanga. Me refiero a que, por ejemplo, una decisión política, como la instalación del Polo de Promoción Industrial en 1964, lo cambia todo. En ese caso multiplicó en pocos años la población de la ciudad y la libró, dicho con todos los respetos, de ser Zamora. Podría haber políticas que fomentasen el equilibrio territorial o, como decías antes, que alguno de los recursos locales se convirtiese en goloso; en ese caso, insisto, evitar el cuento de la lechera.

Igual, de repente, se necesitan cantos de río para hacer superrascacielos sostenibles… O cardos y amapolas para medicinas, quién sabe. Esto que dices nos permite hablar del paisaje que cambiará, como ya lo está haciendo. Yo me imagino montes de aerogeneradores y plantaciones de huertos solares llegando hasta el horizonte; espero que dejen algo de espacio para los montes y huertos reales.

¿Y de qué se vivirá aquí? Aquí y en cualquier sitio es una verdadera incógnita. Estamos en un momento de cambio comparable a la revolución industrial. Precisamente la existencia de industria es nuestro hecho diferencial y mientras aguante la ciudad también lo hará. Pero cada vez hay más preocupación por cómo se producen los alimentos y tenemos campo para aburrir; quién sabe si habrá futuro en los surcos (en ecológico, se supone). También hemos descubierto el teletrabajo: gente harta de ciudades grandes con precios aún más grandes podría valorar trasladarse a una urbe más pequeña, cómoda, rodeada de naturaleza y barata.

Siempre que no les importe el frío… Sí, los cobardes buscarán otros destinos, pero incluso en eso el futuro pinta más templado, aunque no sea una buena noticia. En cualquier caso, si hay gente con empuje y ganas todo es posible, ¿por qué no?

Te veo ya más optimista. No hay que temer al futuro. La vida, como el fútbol o la carrera de un actor o actriz, tiene vaivenes y no pasa nada. Burgos vivió su momento de esplendor en el siglo XVI, convirtiéndose en un lugar relevante a nivel continental. Ahora ese puesto lo ocupan otros, pero probablemente jamás se ha vivido tan bien aquí como ahora, a pesar de los problemas. Hay que ver eso también.

Estoy de acuerdo. Se acaba una forma de ocupar el territorio que surgió en la llamada Reconquista y la consiguiente repoblación de esta zona y que ha marcado el carácter y la historia de esta tierra por más de mil años. Nos ha hecho como somos. Pero la vida es cambio permanente: vendrán otros usos, otras maneras y personas de otros orígenes para que la vida siga. Y yo creo que, por muy mal que esté la cosa, siempre se podrá salir al cañón del Ebro, al valle de Valdivielso o algún hayedo en otoño y seguir disfrutando de momentos como esos. Seguirán estando ahí.

Eso espero. Ya sabes, cuanto más le pidas al futuro más te decepcionará. Trata de ser comedido, en esto y en todo, porque "È un mondo difficile... E futuro incerto".

Si quieres parecer integrado. Haz como si el futuro no existiera, es la costumbre nacional. Qué le vamos a hacer.

Nunca, nunca nunca… Digas que la única que conoce el futuro es la vidente esa que sale por la tele de madrugada. Puedes encontrar público poco receptivo a ese discurso.

ARCHIVADO EN: Burgos, España, Zamora