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Larga vida al choricillo de Carnaval

S.F.L.
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El pozano Cristóbal Cuevas se empeña en mantener las tradiciones centenarias, como la del Jueves de Todos, con reparto del embutido

Larga vida al choricillo de Carnaval - Foto: S.F.L.

A ningún pozano le agrada ver las calles de la villa vacías, las casas cerradas y comprobar como las costumbres más ancestrales se pierden a la velocidad de la luz. Pero a Cristóbal Cuevas menos. Su afán por intentar que los más jóvenes vivan lo que en su día disfrutaron sus bisabuelos le mantiene ocupado más tiempo del que los vecinos imaginan, pero siente que su obligación moral de intentar que las tradiciones de la localidad no terminen por convertirse en recuerdos supera los esfuerzos. El espíritu de colaboración ciudadana también se ha visto reducido conforme desaparecen las celebraciones, pero él se empeña en mantenerlas con vida.

El primer acto de Carnaval pospandemia de toda la provincia corresponde con el Jueves de Todos, y la villa salinera no lo ha pasado por alto. Al choricillo tampoco. Cuevas, con el apoyo de otros, se encarga de programar algunos de los actos de la festividad. Antaño, tal día como el de ayer, «los niños no acudían a la escuela por la tarde e iban por las casas pidiendo huevos, patatas y chorizos para merendar y llenar bien los estómagos, ya que el miércoles próximo llegaba el de Ceniza, y con ello el inicio de la Cuaresma», explica. «Los adultos elaboraban un puchero con tocino, grasa y morcilla y así celebraban la fiesta», añade. Con el paso del tiempo, la costumbre ha evolucionado hasta la entrega del suculento embutido cocido en los bares de la localidad, un acto que todos los pozanos y residentes de otras localidades cercanas tienen marcado en el calendario.

Cristóbal hizo los deberes bien pronto por la mañana y repartió entre los hosteleros de los tres bares abiertos un lote de chorizos, que compró con los beneficios obtenidos en la rifa de San Antón en la fábrica local. Para ser un jueves y de noche, el ambiente prometía. A las 20 horas la barra de los locales se fue abarrotando de gente con ganas de pasar un buen rato con los conocidos y de saborear un pincho caliente. Pocos fueron los valientes, y solo los adultos, los que optaron por juntarse en la calle, ya que la temperatura rondaba los 2 grados. «A estas horas los niños ya están en casa», declara Ramón.

El embutido marca el inicio del Carnaval en Poza, y este año, a pesar de que el coronavirus todavía acecha, los pozanos y hosteleros agradecen que «poco a poco, todo vuelva a lo de antes». El público respondió al reunirse en los bares, «algo poco común entre semana», según Isabel Párraga, propietaria del hostal Gary, de donde al enterarse que la merienda corría a cargo de los dueños, Daniela y Yeraldín, dos colombianas alojadas en el local durante sus vacaciones en España, no quisieron perderse el encuentro. «Habíamos probado el chorizo en nuestro país pero este está delicioso», manifiestan.

Marisa, María del Carmen y Teresa se muestran encantadas de picotear el embutido mientras juegan su partida de parchís. Les da pena que no haya mucha gente «pero así nos toca a más», declaran entre risas. «Lo importante de estas tradiciones es que los que vienen detrás no las pierdan», añaden.