«Una empresa familiar funciona con la cabeza y el corazón»

R.N.S.
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La familia Alonso ha vivido la evolución generacional como un momento necesario para el propio proyecto de Ferroplás

Padre e hijo en el local de la Avda. Castilla y León, 20. - Foto: Luis López Araico

Tras 45 años al frente de Ferroplas, Roberto Alonso sintió que ya era hora de que su hijo comenzara a administrar el negocio. «Yo entendí que mi proyecto, después de 45 años, ya estaba suficientemente maduro y que era necesario que alguien tuviera que empezar con una nueva idea sobre cocinas, baños, reformas..., es decir, con una renovación del proyecto», expone el antiguo gerente. Hace 10 años que Roberto asistió a un curso sobre protocolos familiares y realizó el de su propio comercio. Por lo que vio conveniente redactar un protocolo familiar en el que sentara las bases del relevo y del futuro del proyecto. En él dejaron implícito, con el acuerdo de toda la familia, que quien había acompañado en la empresa al padre durante 15 años era quien iba a llevar las riendas de esta. 

Para Tito, quien al igual que su padre también se llama Roberto, no fue fácil continuar con la firma a pesar de llevar desde los 15 años implicado en el oficio. «Hace cuatro años me dejó una empresa líder en el mercado y heredar esa responsabilidad ha sido una tarea complicada. «Lo he cogido con ilusión y con muchas ganas de poner en marcha grandes cambios», advierte el nuevo gerente. «Llega un momento en el que tiene que haber cambios», comenta su progenitor quien ve conveniente una renovación, acepta que hubiera tenido dificultades para llevar a cabo la transformación que su sucesor a llevado a cabo. Por esto asegura que quien llega nuevo es capaz de poner en marcha ideas modernas con mayor fuerza y ganas.

Ambos vivieron el traspaso como una evolución muy tranquila y muy natural. «Es un proceso de desenganche de todo a lo que estás acostumbrado. Tuve que empezar a hacer las cosas por mi propia cuenta y sin consultar nada a mi padre», advierte el vástago. Su ascendiente siempre pensó que él no debía de aparecer por el local ni interrumpir el trabajo de su heredero. Cree que los consumidores, así como los trabajadores, tienen que saber quién es el hijo y, por tanto, quién domina la empresa. «No me ha costado nada llevar a cabo esta transformación. Estoy más que feliz con la situación. Confío mucho en Tito y cada mes tengo conocimientos de la situación económica de la empresa», expone el anterior propietario.

Su sucesor no tiene duda de que las tareas de la generación anterior fueron mucho más arduas que las suyas. «Arrancar de cero y posicionar tan bien un negocio no es una tarea cómoda», advierte el progenitor. Él ha vivido momentos duros como la crisis, que en su sector fue muy fuerte y grandes cambios en el mercado como, hoy en día, la llegada a la capital de grandes almacenes de bricolaje. Debido a esto, uno de sus objetivos es enseñar a los clientes a diferenciar lo que es un comercio y lo que es una gran superficie. «Actualmente nos tenemos que posicionar y debemos conseguir diferenciarnos del resto», expone Tito.

Esta familia tiene muy claro que la empresa no es lo principal. «El proyecto es importante pero lo primordial es la felicidad de tus hijos, por lo tanto no puedes inculcarles que se tienen que quedar con el comercio. Deben poseer vocación», declara Roberto. En todas las firmas familiares se pueden encontrar grandes dosis de emoción. Además, la relación con la familia implicada en el oficio es delicada de modo que saber como manejarla es esencial si se quiere que el proyecto no llegue a su fin.

 

HISTORIA

Hace unos 45 años el padre de Roberto creó , con la ayuda de un amigo, un pequeño taller en la Calle Vitoria. En este taller trabajaron dos personas hasta que el padre de Roberto le advirtió que si no se implicaba en el negocio, él abandonaría su taller. Roberto entró en el proyecto y crearon un buen equipo en el que su padre se ocupaba de las ventas y él del taller. 

Su padre falleció y todas las responsabilidades recayeron sobre Roberto. Hasta que hace cuatro años, puso en la gerencia de Ferroplas a su hijo Tito, quien ya llevaba en el negocio familiar desde el año 2000.