Que pase el siguiente

C.P.
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Los burgaleses se meriendan al Hapoel de Jerusalén y se postulan como serios candidatos al título. La defensa y el juego coral fueron demasiado para un rival falto de ritmo y dependiente de sus individualidades

El nivel ofensivo de los burgaleses fue brutal. En la imagen, Horton se lanza a por un balón dividido. - Foto: Alberto Rodrigo

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Exhibición coral del Hereda San Pablo

No vale solo con tener talento. Así se pueden ganar partidos pero no títulos. El Hereda San Pablo demostró ayer la importancia del grupo, de compartir el balón y de ser solidario, en definitiva, dejó claro el valor de ser un equipo frente a un Hapoel de Jerusalén que trató de vivir de sus individualidades y se chocó contra un muro. Ni los nueve millones de presupuesto ni contar en la plantilla con el ‘MVP’ de la Basketball Champions Legue les sirvieron a los hebreos para frenar a un conjunto burgalés que barrió a uno de los favoritos (62-95) y mañana espera al JDA Dijon, un adversario, sobre el papel, de menor entidad que el cuadro hebreo.
 La gloria está un paso más cerca. «Solo dos partidos», decía Cook mientras se retiraba del OAKA. Eso es lo que le queda por delante al San Pablo para tocar el cielo europeo. El conjunto burgalés dio un recital de cómo jugar al baloncesto ante el Hapoel en un partido que dominó de principio a fin. Salió más entonado, tuvo más ritmo, defendió como nunca y, antes del descanso, ya tenía medio billete en el bolsillo. En el tercer cuarto, remató la faena y los minutos finales fueron un mero trámite. Kravic, imperial con un ‘doble-doble’ de 18 puntos y 10 rebotes, y McFadden, letal desde el triple, fueron de lo mejor del choque.
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