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José Ramón Remacha

El mirador diplomático

José Ramón Remacha


Gas de Libia

29/07/2022

Las noticias de Argelia no apuntan solución a la crisis energética que nos viene. Más bien lo contrario. El error ha sido de bulto por no calcular la reacción al apoyo sin contrapeso que Sánchez decidió para Marruecos en el tema del Sahara. Eran previsibles las represalias. El precio del gas sube, el suministro es insuficiente, las relaciones comerciales se estancan, los pagos se suspenden. Argelia mira hacia Italia. 

Ante este panorama se enciende una luz en Libia. Las pretensiones y recomendaciones de EEUU y de Naciones Unidas han tenido efecto positivo. Así resulta del acuerdo alcanzado en el terreno militar. Ambos ejércitos enfrentados se detienen ante el horrible panorama que asola al país. Deciden establecer un mando único. Se suspenden las luchas que marcan el estado de guerra civil y se denuncia la intervención extranjera presente en ambos bandos. Y vuelve la producción petrolífera que tiende a recuperar los niveles perdidos por la guerra. Quedan atrás los errores de cálculo consistentes en sembrar una primavera árabe para acabar con Gadafi, sin conocer la realidad cultural y política del mundo árabe. Efectivamente se acabó el régimen paternalista y autocrático del señor de la jaima en el desierto. Tenía muchos adeptos, unos convencidos y otros interesados, pero todos comprometidos en mantener un soporte a la vez feudal y popular. Al estilo del lugar. Cayó Gadafi y cayó Libia. Y con ello se hizo un vacío insuperable y peligroso. Hasta hoy. 

La reconstrucción del país, el control de las movidas migratorias y la exportación de sus enormes recursos energéticos son las tres asignaturas pendientes. Estos afanes tienen horizontes atractivos si Libia cuenta con el apoyo internacional necesario. No basta un acuerdo militar. Pero terminar la guerra es el principio. Falta ahora que países vecinos occidentales respondan al paso dado por los militares libios. Seguro que Francia se hará presente, Italia quisiera participar, pero no está en el mejor momento por la crisis interna tras el síndrome Draghi. No faltará EEUU. Turquía se hará presente a su estilo, como ha hecho con las candidaturas de Suecia y Finlandia en la OTAN. Y de España no se sabe, no contesta. Pero todo es posible. Al menos a nivel empresarial y de economía de mercado.