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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Majestad ¿y por qué no con doña Leonor?

13/12/2021

La época trepidante que vivimos supone también, claro, planteamientos nuevos ante la Navidad que nos llega, en la que ya estamos casi inmersos: menos cenas de empresas, la costumbre de las 'cestas' que antaño llegaban, ilusionantes, a tu casa en franco declive, ya nadie envía un 'christma' a nadie. No, no culpemos solamente a las restricciones de una pandemia que no acaba de irse del todo y quizá se nos haga crónica: es que ni el mundo, ni Europa, ni España habían vivido desde hace décadas una era de cambios vertiginosos semejante a la actual. Y entonces, sospecho que hay que actuar.

No, la Navidad, en muchos aspectos, no será quizá ya nunca más lo que era, por más que la tradición quiera, y hasta cierto punto logre, imponerse. Supongo que en alguna medida habrá que ir renovando algunas costumbres, ciertas estrategias. Y quiero fijarme, por ejemplo, en algo que, lo confieso, me inquieta: el mensaje navideño del Rey. No son muchas las ocasiones en las que el jefe del Estado se dirige directamente a la ciudadanía. Este año, Felipe VI, que a mi entender es un gran rey, se ha enfrentado a aflicciones personales --familiares-- en las que algunos han querido ver un cierto riesgo incluso para la institución que él encarna.

Ignoro hasta qué punto tales aflicciones pueden o deben estar ausentes del mensaje que el Rey dirija a los españoles congregados, quizá esta vez en menor número que antes, para festejar la Nochebuena. Cuando el llamado rey emérito sigue, quizá algo escandalosamente, ocupando portadas, tanto abordar el que se está convirtiendo en uno de los principales problemas políticos de la nación como no hacerlo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Pero, en mi opinión, lo que ya no debe hacerse más es convertir el mensaje, que es herramienta muy valiosa, en rutina, en un pasar sobrevolando con buenas palabras cuestiones que, me parece, inquietan a una ciudadanía que, por otro lado, hay que reconocer que no parece proclive a que la inquieten demasiadas cosas que no sean las que afectan a sus vidas cotidianas.

Se me ocurre, sin embargo, que, para conectar mejor con esa ciudadanía, el Rey acaso deba renovar algo el formato e incluso los contenidos de su mensaje navideño, que al día siguiente recibirá, de todos modos, los elogios y las diatribas usuales, según de quién vengan. Pienso que va llegando el momento de que la princesa de Asturias, que ya ha dado muestras de su capacidad para ir ocupando mayores espacios de protagonismo, aunque aún se la quiera mantener en lo que entiendo que es una excesiva reserva, ocupe un lugar junto a su padre en algunos actos importantes, con trascendencia mediática, más allá de la rutina de las recepciones y las audiencias de palacio. Así, y a modo de ejemplo, ¿por qué no tener a doña Leonor, que es una figura creo que aún bastante desconocida, pero ya apreciada, a su lado en la pantalla en la noche más familiar del año? Sería, creo, un guiño de futuro ahora que el pasado se descompone y parece que no conviene hablar oficialmente demasiado de él, aunque sea cada vez más difícil conseguirlo.

Conozco, y en lo que cabe valoro, las cautelas que rodean siempre cada acto de la familia real, cada aparición pública, cada gesto. La prudencia es buena consejera, siempre que no sea pretexto para la inacción. Se han cometido, en mi opinión, algunos errores en los últimos meses con relación a la Casa del Rey. Quizá no es ahora el momento de repasarlos, pero sí de repensarlos.

Además, ya digo: los tiempos cambian que es una barbaridad. Y si el Papa es capaz de recibir a doña Yolanda Díaz casi como si de una jefa de Estado se tratara y si las campanadas en la medianoche que dará paso a otro año de mudanzas imprevisible van a ser ahora protagonizadas por Ibai llanos y no por el vestido de la señorita Pedroche, ¿por qué resignarse a que esta vez, en la muy importante cuestión que comento, todo sea más o menos igual simplemente porque siempre se ha hecho así?