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"Quisimos montar un bar con la esencia de la parte vieja"

J. ORTEGA
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Miranda tras la barra (VI) | Jóvenes y mayores pueden disfrutar de buena compañía y de la música de los 90 y 2000, "la mejor de la historia", en La Madre (calle El Cid, 19)

Dani y Nacho destacan el carácter intergeneracional que ostenta el bar La Madre. - Foto: Jesús J. Matías

Hay empleos que, más que una obligación, se convierten en la mayor pasión. Trabajar en lo que a uno le gusta es una de las mayores suertes que alguien puede tener... y Dani Nunes se puede considerar afortunado, como cogerente del Bar La Madre, un establecimiento que define como "intergeneracional".

Esta aventura surgió hace 7 años en el que siempre se ha tenido por uno de los mejores laboratorios de ideas: la barra de un bar. "La idea surgió de la manera más tonta. Nacho, mi socio quería montar un bar en la Parte Nueva y los que estábamos delante decidimos lanzarnos", recuerda Dani.

El gerente ya contaba con mucha experiencia en hostelería, aunque en un ambiente distinto. Contó con varios pubs en el Casco Viejo que le hicieron destacar conocido en el mundillo, aunque acabó cruzando a la otra orilla del río debido a un "cambio generacional", según confirma: "Nosotros empezamos muy jóvenes a trabajar en la Parte Vieja y, conforme vas creciendo, vas teniendo otras expectativas. Al final ha sido nuestra forma de plasmar que hemos madurado", comenta entre risas. Sin embargo, el salto no fue fácil en sus inicios: "Al principio nos costó adaptarnos, el cambio era bastante grande. No es lo mismo tratar con un cliente de 40 años a las doce del mediodía que con uno de 18 a las cuatro, pero creo que conseguimos adaptarnos muy rápido porque la gente nos lo puso realmente fácil", declara. Mención a parte para los vecinos de la zona, a los que Dani agradece que les hayan hecho sentir "parte del barrio".

Pese a este cambio, tanto Dani y sus socios tenían claro que no querían perder la identidad con la que ya contaban: "Queríamos montar un establecimiento que tuviera algo de esencia de la Parte Vieja y con los años se demuestra que estamos consiguiendo continuar con ese legado. Los camareros que tenemos, por ejemplo, son los mismos que tenía conmigo en aquel entonces", confiesa Dani.

El éxito fue inmediato: "La falta de alternativas en el ocio nocturno en este lado del Ebro nos benefició mucho también", considera Dani, "todo el mundo vio muy bien la idea y la primera noche que abrimos ya dimos un golpe sobre la mesa".

El hostelero considera que todos los camareros deberían obtener un máster en psicología por la función que cumplen muchas veces. "Al final te conviertes en el amigo y en el confesor de mucha gente. Somos una especie de psicólogos para los clientes y eso es algo bueno, porque lo bonito de ser camarero es esa relación que formas con las personas que vienen a tu bar", detalla.

Resulta ineludible tratar el tema de la pandemia, una época que "se sufrió" en La Madre: "En diciembre de 2019 fue nuestro quinto aniversario y veíamos que 2020 sería ya nuestro año, pero en marzo se fue todo al garete. Fue un golpe duro, incluso a nivel personal". Las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias fueron más sangrantes al tratarse de un bar con licencia de ocio nocturno, lo que provocó unas pérdidas "de casi 100.000 euros". Sin embargo, el componente "familiar" y humano que reside en este bar hizo que no se despidiese a ningún trabajador: "Metimos a todo el mundo a ERTE y dejamos todo pagado a nuestros proveedores porque sabíamos que ellos también lo iban a pasar mal", confiesa Dani.

Con todo, La Madre es un bar abierto, en el que personas de cualquier edad pueden disfrutar de la buena compañía y, cómo no, de la música de los 90 y 2000, "la mejor de la historia", concluye.