scorecardresearch

Informático de pueblo y a mucha honra

A.C. / Nofuentes
-

El joven madrileño Martín Juez, recién instalado en Nofuentes, espera sacar adelante su proyecto de servicios a domicilio para quienes necesitan aprender a manejarse en el mundo digital

Martín Juez García con su portátil y su furgoneta frente a la localidad de Villapanillo, que protagoniza los carteles que ha puesto ya en una veintena de localidades. - Foto: A.C.

Martín Juez García tuvo su primer acercamiento a la vida rural y a la naturaleza en Irlanda, durante el Erasmus de su Formación Profesional en Sistemas Microinformáticos y Redes. Allí se dio cuenta de que «en el campo era capaz de subir montañas, pero en la gran ciudad me costaba subir las escaleras de casa». Y decidió que tenía que dejar Madrid atrás. Lo hizo con su pareja y una furgoneta de 21 años acondicionada para poder dormir en ella.

«Estábamos agobiados, hartos de vivir en Madrid con mucho ruido y mucha gente», recuerda este veinteañero que quiere llevar sus conocimientos sobre el mundo digital a los pueblos más recónditos, allí donde sigue siendo cada día más útil y necesario saber manejar el móvil y todas sus aplicaciones y herramientas para multitud de gestiones. Si el panadero, el frutero o el pescadero llegan a muchos rincones del mundo rural, Martín Juez pensó que también lo podía hacer él  y por eso ha decidido lanzarse como 'Informático de pueblo' o a domicilio.

Su proyecto está arrancando. Apenas lleva un mes afincado en Nofuentes, tratando de mantener contactos ayuntamientos que le presten espacios donde poder atender a personas mayores que quieran mejorar sus conocimientos y aprender a manejar sus teléfonos móviles o incluso hacer sus pinitos en informática. En su mente está dar soluciones a quienes tienen dificultad para desplazarse a los grandes núcleos de la comarca, donde ya existen tiendas y servicios de informática.

Desde enseñar a realizar videollamadas hasta manejar la banca digital, dar solución al almacenamiento masivo de documentos o resintonizar y ordenar los canales de televisión están entre sus servicios. Martín Juez piensa en cosas sencillas para facilitar el día a día de quienes ven un muro infranqueable en lo digital, aunque también puede poner a punto un ordenador de quien ya esté más avanzado en conocimientos y siempre a domicilio.
Primero pensó en ofrecer asesoramiento, cursos y talleres que fueran gratuitos para sus usuarios y alumnos y cuyo coste corriera a cargo de los ayuntamientos, pero no ha recibido el respaldo necesario, por lo que ofrece sus servicios de modo privado a cambio de tarifas muy económicas.

Entre los pasados 4 y 7 de este mes pasó por Presura, la V Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural, y su idea gustó a muchos de los agentes sociales que se dieron cita allí. Pero ponerla en práctica no está siendo tan sencillo. Confía en que una vez que comience a conseguir clientes, el boca a boca le ayude, aunque le queda mucho camino para darse a conocer en la inmensa comarca de Merindades.

Martín Juez viene del barrio madrileño de Aluche, aunque antes de llegar a Merindades había recorrido ya miles de kilómetros por el medio rural del norte de España en busca de un lugar idóneo donde afincarse. Gracias a contactos familiares o de amigos, él y su pareja han pasado por Navaluenga, en Ávila; Fuentes de Magaño, en la despoblada comarca de Tierras Altas de Soria; Cantabria; País Vasco o por la comarca de Cameros, en La Rioja. Su inseparable furgoneta ha servido a la pareja de alojamiento, aunque también han vivido en casas de conocidos.

El problema común que siempre han encontrado en los, «más de cincuenta pueblos» donde lo han intentado es la falta de una oferta de vivienda en alquiler. Encontrar casa en una localidad pequeña es casi misión imposible en opinión de Martín y de su pareja, Ana de la Calle. «Los propietarios, en general, prefieren vender a alquilar, y también vemos cómo muchas casas se caen», lamentan.

Un 33% menos de población. Pero cómo llegaron Martín y Ana a Nofuentes, a la capital de la Merindad de Cuesta Urria, un municipio herido por la despoblación y el envejecimiento rampante, que ha perdido el 33% de su vecindario en una década y ha caído de 435 a 291 habitantes, según el último dato oficial de 1 de enero de 2020.

En su búsqueda de un lugar en  el mundo contactaron con una amiga de la familia que trabaja en el grupo de acción local de la comarca de La Demanda, Agalsa, y allí se toparon con el técnico Javier Ruiz, nacido y enamorado de su pueblo, Nofuentes. Gracias a él lograron una vivienda, en la que aún faltan algunos detalles, pero ya se han instalado y están dispuestos a luchar en medio del frío invierno que se avecina, porque Merindades es el lugar que más les ha gustado de todos los que han recorrido. En Facebook se puede encontrar ya al 'Informático de pueblo'.