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La Policía aumenta la presión sobre las zonas de botellón

F.L.D.
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Agentes de la Local extreman estos días el control en los parques, especialmente el Castillo, para evitar las reuniones. También velan por que los bares cumplan las restricciones

Los agentes sancionan a cinco jóvenes que hacen botellón cerca del Castillo. - Foto: Luis López Araico

Cae la tarde y por las laderas del Castillo asoman algunos chavales cargados con bolsas llenas de botellas de alcohol y bebidas gaseosas para mezclar. Pero subir hasta lo que llaman la explanada cada vez es más arriesgado. Coches de la Policía Local vigilan constantemente esta zona para evitar precisamente que haya botellones o reuniones que desemboquen en un brote de contagios de covid-19. Con las nuevas restricciones de la Junta de Castilla y León, esa presencia del cuerpo municipal es más frecuente si cabe. Pero no solo en el epicentro de las juergas juveniles, también en otros focos de esta práctica como El Parral, el parque de San Isidro o las zonas de ocio, donde los bares están obligados a cumplir normativas cambiantes cada semana. 

Nos montamos en un coche policial con el oficial Álvaro y con el agente Raimundo. La primera parada de su ronda es obligada. Enfilan la subida al Castillo desde la avenida del Cid para comprobar que en el entorno del Centro de Recepción de Aves no hay chavales tentando a la suerte. «A veces suben con los coches, ponen la música a tope y echan la tarde bebiendo», comentan. A mitad de camino, recuerdan que el fin de semana anterior hubo «jaleo». Demasiado. Sin embargo, y no ocultan su sorpresa, este lugar está vacío. 

Tampoco encuentran gente en las escaleras anexas al mirador, donde chicos y chicas de 15 o 16 años suelen organizar sus particulares fiestas al aire libre. Son esas las edades de un grupo de siete chavales a los que sorprenden en lo que todo el mundo conoce como la explanada. Al verles, dos de ellos agarran las bolsas y se largan a la carrera. El resto intenta excusarse, pero reconocen que estaban bebiendo cervezas, ron y calimocho. Los restos del botellón están esparcidos por el entorno y los agentes les instan a recogerlos. Intentan hacer pedagogía con ellos mientras se agachan para retirar los cartones de vino y las botellas de plástico. No evitan la sanción (...).

(Más información, en la edición impresa de Diario de Burgos de este lunes o aquí)