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Una compañera de piso que rompe moldes

C. Andrade y C. Arcos (EFE)
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Isabel, una anciana de 93 años, evita la soledad y la falta de actividad compartiendo su vivienda con Allison, una estudiante colombiana de 24 años que se ha convertido en su 'pareja perfecta'

Una compañera de piso que rompe moldes - Foto: Cristina Andrade Celia Arcos

Intercambian recetas, van de compras, charlan mientras descansan en un banco, se cuentan sus batallitas, van a la peluquería... Son Allison, una estudiante colombiana de 24 años, e Isabel, una anciana española de 93, que comparten piso gracias a una iniciativa que pone en contacto a personas a las que separan varias generaciones.

Nueve meses de convivencia que gracias a la pandemia han cundido más para la relación, porque Allison ha tenido sus clases por internet, lo que les ha permitido pasar mucho más tiempo juntas y sin tener «una palabra más alta que otra», como relata la joven.

Los primeros días en la casa, ninguna sabía cómo «romper el hielo», confiesa la joven, que asegura que los ratos que pasaban en la cocina preparándose la comida les han unido mucho.

Una compañera de piso que rompe moldesUna compañera de piso que rompe moldes - Foto: Cristina Andrade Celia ArcosTanto es así, que la anfitriona le ha enseñado a hacer tortilla de patatas y la sudamericana le ha cocinado alguna especialidad gastronómica de su país.

Isabel nunca ha vivido sola. Su nieto ha compartido techo con ella desde que era muy pequeño, pero decidió «independizarse». Su «hueco» lo ha ocupado Allison, pero la joven regresará un mes a su país para ver a su familia. 

A la anciana le tiembla la voz y se emociona cuando piensa en la despedida, aunque sea por poco tiempo. Por suerte, no ha estado sola durante la pandemia y se ha sentido acompañada por Allison. Sin embargo, la realidad de este colectivo no es tan favorable como la de esta nonagenaria, ya que según un estudio del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto Nacional de Salud Carlos III, uno de cada cinco mayores se siente solo y uno de cada cuatro sufre depresión.

Precisamente, una de las soluciones para afrontar la soledad en personas mayores es el modelo de convivencia de estas dos mujeres.

Incluso el proyecto España 2050, presentado el pasado mayo por el Gobierno, y que condensa 50 objetivos que el país debería alcanzar de aquí a ese año, presenta como «fórmula alternativa» de convivencia la intergeneracional, en la que personas mayores y jóvenes comparten piso.

Frente a otras alternativas como las residencias, esa posibilidad ofrece a los mayores la oportunidad de llevar una vida activa y dinámica. A sus 93 años, Isabel sigue siendo tan coqueta como cuando era joven. Aún se pinta las uñas y acude a la peluquería regularmente, aunque ahora lo hace acompañada de Allison. «Me vas a sacar en la foto despeinada», bromea.

Estas compañeras de piso no se pierden series, programas o telenovelas como Supervivientes o Love is the air. A la joven no le importa acompañar a su compañera en algo que entretiene a la anciana.

Porque aunque entre ellas hay más de medio siglo de diferencia y un océano de por medio, en este tiempo juntas han aprendido mucho la una de la otra.

Fue a través de una monja colombiana como Allison conoció esta opción de convivencia. Ninguno de sus amigos ha vivido esta experiencia ni había oído hablar de ella antes. En el caso de Isabel, fue su hija la que, al irse su nieto de casa, le propuso seguir compartiendo piso, aunque, esta vez, con alguien ajeno a la familia.

Una iniciativa de éxito

Desde hace más de 25 años, el programa Convive, de la asociación Solidarios, se encarga de poner en contacto a mayores con jóvenes de perfiles compatibles para que vivan esta experiencia. Hasta ahora, han organizado más de 1.800 convivencias en varias comunidades. Solo en el último año, según indica uno de los responsables del proyecto, Marcos Böcker, se han realizado 90 emparejamientos en Madrid.

El perfil de los jóvenes que participan en esta iniciativa intergeneracional es, en un porcentaje similar, el de estudiantes españoles y latinoamericanos entre 18 y 36 años.

Para acoger en casa al joven, la persona mayor debe contar con una vivienda adecuada y no puede estar en una situación de dependencia avanzada.

El programa es gratuito, ninguna de las dos tiene que pagar por acceder a él. El único dinero que el estudiante tiene que aportar son 70 euros en concepto de gastos o 90 si la casa tiene acceso a internet.

Una cifra muy asequible dado el elevado precio de los alquileres y un motivo por el que Allison se decantó por la opción de convivencia, lo que le permite ahorrar dinero a la vez que vivir una experiencia «enriquecedora».

Tras estos meses de compartir casa con Isabel, la joven colombiana no duda en recomendar esta alternativa a otros jóvenes, a los que anima a hacerlo.