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Salvador de Foronda

Diez Mil Preguntas

Salvador de Foronda


Necesitamos un cambio

06/01/2022

Obama no ganó las elecciones por ser de color. La victoria de Obama no representa el triunfo de los negros sobre los blancos. Posiblemente la mayoría de los afroamericanos ni siquiera ha considerado a Obama como uno de los suyos.

Un señor educado en Hawai, en uno de los mejores colegios del país, hijo de un keniata y de una blanca, criado en Kansas con su abuela blanca, con acento de blanco cultivado y graduado en Harvard.

Obama fue capaz, desde su discurso como telonero en la Convención Demócrata de 2004, de articular un sueño de un país que se construía superando las fracturas de demócratas y republicanos, de conservadores y liberales, de halcones y pacifistas, de blancos y negros, de azules y rojos… En definitiva, de crear una visión de nación que merece la pena ser compartida. Su gran activo fue el haber tenido la cabeza en las nubes y dar realidad a esos sueños.

Cuando se acercaban las elecciones, muchos pensaban que no ganaría, era un soñador, y la gente no compra sueños. Pero ganó, y es lo que me lleva a pensar que este país está necesitado de un nuevo presidente de Gobierno que nos devuelva sueños e ilusiones.

Necesitamos elecciones y poder elegir a un nuevo líder, Pablo Casado, que nos haga partícipe de una nueva política donde se pueda articular una sociedad, vertebrar su voluntad y ser capaz de proyectar un horizonte común en busca del consenso social.

El cambio ha comenzado, no solo en España, sino también en esta comunidad. Los sueños están en las nubes, es verdad, pero los pies están en el suelo, cualidad de un líder como Alfonso Fernández Mañueco que desea compartir sus sueños con los ciudadanos de esta comunidad. Sueños que emergen de una sociedad real. Para ello debe de reintegrar a la vida política 'el nosotros', razón de nuestra existencia y que ha sido cambiado, por el Sanchismo, en ese particularismo generalizado, que se organizan en torno a intereses específicos.

No digo que no sean loables y legítimos, y no cuestiono la bondad de muchas de estas causas, sino la degeneración de la política en una acción sectorializada, que trata de acomodar los intereses de las clientelas particulares por encima de intereses de esta comunidad.

España y Castilla y León tienen un sueño y por ello deben de caminar juntos hacia un cambio político donde la libertad sea entendida, comprendida, respetada y no coaccionada.