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Museos

MARTÍN G. BARBADILLO
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"Es el secreto mejor guardado de la ruta cultureta, porque estoy seguro de que la mayoría de la población no sabe ni que existe. Acoge arte que tiene que ver con Burgos desde el paleolítico hasta hoy, y en ese periodo han pasado cosas y gentes..."

Museos

¿Qué es? Los museos son los lugares en los que se exhiben obras de arte o de divulgación histórica, científica...

Edad. Ya en las cuevas prehistóricas se mostraban expresiones artísticas, así que acompañan a la humanidad desde que estaba en pañales.

La cultura, la cultura. Eso es. Está claro que esto no es París, pero hay cosas. De hecho, la apuesta de futuro y lo que ha puesto en el mapa últimamente a esta ciudad es un museo.

El de la Evolución Humana. Exacto. El edificio mola y la muestra permanente te explica quiénes somos y de dónde venimos, como decía Siniestro Total. Pero, si vives aquí, no vas a visitarla cien veces; por eso hay exposiciones temporales, gratuitas, que invitan a acercarse al complejo. Son producciones bien pensadas y montadas, que llevan a otro nivel la divulgación científica y sorprenden. Recuerdo una de animales ya extinguidos que convivieron con los humanos, con réplicas a tamaño real, verdaderamente impresionante. El MEH es primera división, apúntatelo.

Lo haré. ¿Algo más que apuntar? Bueno, como ya te he explicado, hay cosas por si te apetece hacer el cultureta. No todas son iguales, pero casi todas tienen su punto si se sabe mirar. Habría que distinguir los lugares copados por turistas y los que son más propios de la parroquia local. Evidentemente el MEH, el Museo de Telas de Las Huelgas y el de la catedral tienen, sobre todo, visitantes foráneos. De hecho, muchos burgaleses los han pisado, a lo sumo, una vez, y muchos ninguna.

Y entonces, ¿dónde puedo ir? Vamos a empezar por lo que, en mi opinión, es lo más potente. Existe un museo y una sala de exposiciones que cuentan con una oferta constante, consistente y de muy buen nivel: son la sala de la Casa del Cordón y el CAB, ambas gestionadas por la Fundación Caja de Burgos. En la primera, programan un poco de todo; yo he visto desde arte renacentista o escultura africana hasta fotografía. Está en plena calle Santander y permite, en un segundo, pasar del ruido y ajetreo urbano a sumergirse en el silencio de una colección de dibujos barrocos, por ejemplo. El CAB, por su parte, se centra en el arte contemporáneo. Está en un sitio espectacular (al lado de San Esteban), hay visitas guiadas, con los artistas, y fiestas de inauguración y clausura de las muestras. Para mí, el CAB es uno de los planazos de fin de semana por la mañana en esta ciudad.

Suena bien. Y lo está. Además de estos lugares, hay unos cuantos espacios, por lo general más pequeños, donde se organizan exposiciones. Aquí hay de todo: en el Fórum, por ejemplo, hay muestras divulgativas; en el claustro bajo de la catedral también las hay artísticas. Este lugar permite poner un pie dentro del templo y echar un vistazo, que ya está bien de por sí. Lo mismo sucede en el palacio de la Isla, sede del Instituto de la Lengua, donde se organizan exposiciones relacionadas con la literatura y el idioma que propician atravesar el muro, cruzar el jardín y entrar en ese lugar tan fantástico.

Me está apeteciendo. Es una manera de pasear y husmear en edificios curiosos si eso te gusta. Otro punto de esa ruta es el monasterio de San Juan: organiza exposiciones temporales en el claustro y es la sede del Museo Marceliano Santa María (ahora en obras), que creo que en las últimas décadas ha recibido menos visitantes que la Luna en el mismo periodo...

Igual por eso está en obras. Su futuro no es claro. Hay además salas de exposiciones varias en las que enseñan su obra, sobre todo, artistas locales, lo que siempre está bien. Hay una en el Teatro Principal, llena de vericuetos y escaleras; otra en la Plaza de España, y la reina de esta categoría: el Consulado del Mar, en el Espolón.

¿Qué tiene de particular? Su ubicación, en el Espolón a pie de calle. No tengo datos, pero me atrevería a decir que es la más visitada de la ciudad después del MEH. La gente camina por el paseo y entra, aunque sea por no pasar frío. Esa es la realidad. En estas salas se puede ver desde colecciones de pintura de artistas burgaleses hasta belenes o dioramas de playmobils. Yo esto último lo visité tres veces la pasada Navidad en el Teatro Principal; vivo con un ultrafán.

Yo también lo soy. Me alegro. Igualmente, para autores locales está disponible el arco de Santa María. Ofrece la oportunidad de subir sus escaleras medievales, contemplar el mural espectacular de Vela Zanetti y, si quieres, llegar hasta el exterior de la parte más alta del edificio, con vistas al río. Si vas con niños les puedes contar que estáis en un castillo. Alucinan. Y hay más.

Suponía. Dejamos para el final una joya: el Museo de Burgos. Es el secreto mejor guardado de la ruta cultureta, porque estoy seguro de que la mayoría de la población no sabe ni que existe. Está, medio escondido, en la calle Miranda y ocupa dos antiguos palacios renacentistas. Acoge arte que tiene que ver con Burgos desde el paleolítico hasta la actualidad, y en ese periodo han pasado cosas y gentes por aquí. Es muy recomendable. Hace años que se habla de su reforma, aunque no acaba de materializarse. Algunas zonas de este museo deberían estar en un museo: la parte que muestra las piezas arqueológicas parece uno de esos lugares en los que los espías concertaban citas en la Guerra Fría. Es algo más que vintage, y no lo digo como crítica; a mí me encanta así.

Iré. Además, es muy tranquilo; siempre que he ido estaba yo solo, lo que tiene su punto. Hazlo al menos una vez.

No lo dudes. Y déjate caer por otros lugares mencionados si quieres un rato de paz, porque por lo general también están muy tranquilos. Es altamente improbable que encuentres colas.

Si quieres parecer integrado. Una vez más, habría que decir que parecerás más integrado si no visitas estos lugares. Pero te los estarías perdiendo.

Nunca, nunca, nunca... Toques las obras, eso solo es aceptable en los museos de ciencias pensados para niños. Parece una obviedad, pero es que se ve de todo.

*Este reportaje salió publicado el 12 de diciembre de 2020 en la edición impresa de Diario de Burgos