«No podemos vivir siempre en la oscuridad del invierno»

ALMUDENA SANZ
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ENTREVISTA | Cuatro años después de su último poemario, 'La condición humana', Premio Paul Beckett, y unos meses antes de un volumen recopilatorio de su obra, que publicará a final de 2023, el poeta Ricardo Ruiz vuelve con 'Animal de invierno'

Ricardo Ruiz, poeta. - Foto: Luis López Araico

Cuatro años después de su último poemario, La condición humana, Premio Paul Beckett, y unos meses antes de un volumen recopilatorio de su obra, que publicará a final de este 2023, el poeta burgalés vuelve con Animal de invierno, un libro que arranca con su conocido tinte fatalista para terminar con un revelador tono luminoso.

Detrás de sus nuevos versos se encuentra el poeta de siempre, fácilmente reconocible, el que ya se ha despedido del tipo con traje y corbata / en las oficinas matinales, pero sigue vendiendo su corazón / a cambio de un minuto de ternura. A esas pequeñas cosas acaricia más que nunca, mejor que nunca, Ricardo Ruiz (Burgos, 1963) en Animal de invierno (Ed. Ars Poética), un poemario por el que corretea la infancia, aflora poderoso el amor, se entrevén sus inquietudes creativas, sus amigos y sus referentes, sus ilusiones, decepciones e inspiraciones; un volumen en el que acecha la muerte y en el que el carpe diem se deja querer. De todo lo que envuelve a este libro y de la próxima publicación de otro recopilatorio con su obra de 1980 a 2023 habló en un recital hace unos días en la librería Luz y Vida. 

¿Qué Ricardo Ruiz aparece en Animal de invierno?
Todos mis libros tienen un alto componente autobiográfico y quienes me siguen saben los temas que me preocupan: el paso del tiempo, el poder evocador de la memoria, la familia, el sentimiento amoroso, la fugacidad del tiempo... Una poesía intimista y elegíaca, que he trabajado siempre, que se completa con una segunda parte más luminosa, algo más celebratoria. Ese animal que camina en la oscuridad del invierno en busca de la luz guía el libro. 

El invierno ha grabado sus huellas dactilares / sobre mi vida revela en el primer poema. ¿Cómo son esas marcas que el invierno ha dejado?
La vida te provoca heridas que sanan y no sanan, todos estamos llenos de cicatrices, buenas y malas, no todas son reflejo de un tiempo oscuro; hay que tener heridas porque eso significa que has vivido. 

¿Tiene más buenas o más malas?
Al cincuenta por ciento. Hay de todo. No hay que ser especialmente pesimista ni frívolo. La vida es así, un camino de rosas y de espinas. 

En La ciudad de los dos inviernos habla de Aquella ciudad de entregadas amas de casa / que soñaban con playas de deseo al sur de sus trajes de baño / de poetas que escribían cartas de amor sin destino... ¿A quién canta ese amor el poeta? 
Es un poema dedicado a la ciudad de Burgos. No cantas solo tu amor a personas, también a la propia vida, al paisaje, a un recuerdo... Mi poesía siempre ha sido fatalista y elegíaca, pero en los últimos años, quizás porque me queda menos vida de la que he vivido, amo más los momentos, el carpe diem, la vida no está para perderla y hay que aprovechar cada instante, de ahí los poemas más esperanzadores de la segunda parte. 

Pero aún es invierno y considera que La poesía no puede salvar el mundo doliente, / pero sin ella el mundo es más sucio y más gris... 
La poesía no puede salvar el mundo y pensarlo sería absolutamente ingenuo, pero sí nos permite afrontar la hostilidad y la deshumanización del mundo, del día a día, de manera más llevadera. La poesía es un arma contra la oscuridad del mundo. 

La muerte es una faena irreversible y te preocupa, pero no te obsesiona»  

¿Falta poesía en la actualidad? 
Ahí se puede entrar en un largo debate, con muchos flancos. Ahora se lee poesía más que nunca, pero hay mucha de usar y tirar, emanada de las redes sociales, y esto es un arma de doble filo. Pero yo prefiero que se lea poesía, buena o mala, a que no se lea. La parte negativa es que hay que discernir el grano de la paja y estar atento, hay poesía facilona, muy convencional, de rápido consumo, que adolece de oficio, técnica, lecturas... ¿Hace más falta que nunca? Las artes en general, y la poesía lo es, son absolutamente necesarias, nos permiten seguir viviendo, afrontar la cruda realidad. Lo importante es tener una inquietud, sea la que sea. 

Recuerdo aquellos días de la infancia / donde la vida sabía a castañas asadas… (La castañera). En aquella playa donde un niño feliz e inocente / jugaba a contar las olas... (Aquella playa). ¿La infancia, en varios poemas, sigue siendo la verdadera patria del hombre, que acuñó Rilke? 
La infancia es un elemento poético y vital. Es el momento de la vida más inocente, más ingenuo, más desinhibido... en el que más feliz eres. La vida es un camino de rosas y espinas, pero en la infancia todo son rosas. En mí es un tema recurrente porque fui absolutamente feliz y guardo recuerdos gratos que nunca perderé. 

También vuelve a la presencia y la ausencia de sus progenitores, en Breve carta a mi padre, La casa familiar y Mi padre y mi madre
La figura de los padres siempre ha estado. La de mi padre, que falleció hace muchísimos años, siendo yo aún muy joven, la eché mucho en falta, y la de mi madre, que, al contrario, es muy longeva. Para mí son figuras antagónicas, la muerte y la vida, y están muy presentes. 

¿Están más presentes con el paso de los años? 
Posiblemente, con el paso de los años te das cuenta de que la familia es muy importante. Tus padres, tus hijos, tu pareja y tus hermanos son cuatro patas fundamentales. 

Aquí el frío es una forma de vida (…) / Y una manera de morirnos también... ¿Cuánto le preocupa la muerte? 
Cuando eres joven la muerte no existe, no tienes tiempo de pensar en ella, pero yo acabo de cumplir 60 años, me queda menos tiempo de vida del que he vivido y la muerte es una faena irreversible y te preocupa, aunque no te obsesiona. 

¿Y morirse en vida?
Tengo una vida muy rutinaria y mantengo mis inquietudes personales y culturales y, afortunadamente, eso me permite seguir viviendo. En esta vida estamos para luchar por las cosas que amamos. 

Pero los animales de invierno / pedimos el regalo de la luz / para que no nos duelan tanto / el frío de las sombras y los huesos... ¿Sus versos no dan esquinazo a la enfermedad? 
Mis libros son continuidad de los anteriores y siempre están mis zozobras y mis condicionantes vitales. Es una indagación más en mis taras físicas. La carrocería no es la misma a los veintitantos que a los cincuenta y tantos. 

En dos poemas, La casa familiar y El día que murió Aute, repite unos versos como una suerte de estribillo. ¿Por qué esta estructura? ¿Se cuela su condición de melómano? 
No los había visto como un estribillo, pero en mi trayectoria literaria el cine y la música siempre están muy presentes. 

Es lamentable que nuestros políticos mediocres, soberbios e ignorantes no valoren una figura como la de Bouza»

En estas páginas suenan Franco Battiato, Luis Eduardo Aute y 091. ¿Qué busca un poeta en la música? 
Son pequeños homenajes a mis artistas favoritos. Battiato, genial, único y ecléctico, al que sigo desde hace muchos años; Aute, el cantautor con las letras más profundas de este país; y 091, uno de los mejores grupos desde los ochenta al que se ha hecho poca justicia en España, con Lapido como magnífico compositor. 

Aparecen homenajes a músicos y también a escritores, como a los burgaleses Pascual Izquierdo y Antonio L. Bouza. A este último dedica El centauro del Olimpo y suelta los halagos envenenados de los fariseos / y la baba que caía de los labios de los ángeles. ¿Se puede leer como una crítica a como se han portado con él?
Indirectamente, sí. En ese poema escribí un homenaje a su perfil personal y literario, y esos versos sí son una pequeña crítica a la injusticia que se está cometiendo con Bouza. Es absolutamente lamentable que no se tenga en cuenta a una figura como la suya, que puso a Burgos en el mapa cultural español y que nuestros políticos mediocres, soberbios e ignorantes no lo quieran valorar. Hace buena la máxima de Antonio Machado de que Castilla desprecia cuanto ignora. Nos dedicamos al baboseo y despreciamos el talento. Pero no solo los políticos, también cierta intelectualidad que ha mirado para otro sitio y nunca ha querido ver en Bouza lo que ha sido, un referente cultural de esta ciudad, que mantiene una deuda de gratitud con él que será eterna mientras no la subsane. 

En el primer poema de la segunda parte, El resplandor del deshielo, ya se atisban esos rayos de luz: Hemos esperado pacientes el fin del invierno / la primera tormenta de primavera, el resplandor del deshielo… ¿Siempre llega la primavera, incluso a la vida de un poeta elegíaco?
No llega siempre, pero uno tiene que buscarla. La obligación es buscar la luz, no podemos vivir siempre en las tinieblas, en la oscuridad del invierno, y esa búsqueda implica todo, luchar por tus inquietudes, por la familia, por un ideal social o político... 

Fue imposible apagar aquel fuego abrasador. / Ningún incendio ha ardido igual desde entonces, escribe en Habitación. ¿El erotismo no sabe de edades y aguanta en su poesía? 
Absolutamente, es un poema de sentimiento y fragor amoroso. Tiene un corte erótico, sí, pero nunca pornográfico. Si lo ves de lejos se aprecia un cuadro de Hopper. 

Cuando cada día camino por la ciudad / siento que algo mágico puede suceder / la caída de una hoja / la melodía de un pájaro / el murmullo del río... ¿Sigue defendiendo la belleza de las pequeñas cosas?
Ahí está el milagro de lo cotidiano, la magia del día a día. Tú vas caminando por la calle y buscas una epifanía, un alumbramiento, un resplandor, una iluminación. 

Y, sin embargo, el invierno no se acaba de ir, pese a ser verano. El poema Una tarde de agosto en la Ribera se cierra con el verso Una legión de girasoles custodiaba el camino de regreso al invierno... 
Este es un poema absolutamente estival, de veneración de la luz, pero, efectivamente, todo tiene un fin, si viviéramos siempre con esa alegría permanente sería irrespirable. La vida es todo, la elegía y la celebración, la luz y la oscuridad, el canto y la pérdida. Y por eso es maravillosa. Los poetas fatalistas somos los que más amamos la vida. Yo me considero un adorador de la vida. 

Al otro lado del mar hay un faro que te guía en la niebla / cuya luz resplandece señalando tu destino... ¿En esa Vida siempre hay un faro? 
Siempre. 

¿Cuál es el suyo? 
Ese faro que te indica el camino, a no pararte y seguir luchando, son las inquietudes culturales, la familia, la vida... Esto es lo que me sigue guiando y ojalá no me falte nunca.

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