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Las inundaciones dañan 900 libros de la Biblioteca de la UBU

B.G.R.
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La instalación universitaria dispone de 150.000 volúmenes. Reabrió ayer sus puertas después de que el viernes tuviera que ser desalojada por el aguacero. Se habilitan más salas de estudio en Económicas

Personal del centro coloca los volúmenes afectados por el agua para que se sequen y puedan reponerlos en las estanterías. - Foto: Jesús J. Matías

Tras un fin de semana de intenso trabajo por parte de técnicos y personal de limpieza y mantenimiento, la Biblioteca General de la UBU reabrió ayer después de que la tromba de agua del viernes obligara a desalojar el centro por la entrada de abundante agua. Está operativa la primer planta y parte de la segunda y se prevé que a lo largo de esta semana la instalación se encuentre plenamente operativa.

Con las puertas de nuevo abiertas, el balance de daños ha sido inferior al inicialmente estimado con un «impacto mínimo» en los fondos bibliográficos, según asegura su director, Fernando Martín. En este sentido, apunta que el edificio, ubicado junto a la Facultad de Económicas, cuenta con 150.000 ejemplares, de los cuales 900 se han visto afectados por el agua y se estima que menos de 100 han quedado «inservibles». Se trata, principalmente, de volúmenes de literatura y enfermería, algunos de los cuales se hallan disponibles en formato digital, aunque la previsión pasa por reponerlos en papel en cuanto sea posible, así como colocar las placas del techo que se desprendieron por las goteras. 

El aguacero afectó sobre todo a la segunda planta del edificio, donde se ubican 50.000 libros, de los cuales 2.000 se ubicaban en la zona inundada. El volumen y la intensidad del agua caída, acompañada de granizo, no permitió su evacuación por las bajantes, de tal forma que se acumuló en la cubierta, que además es plana, por lo que encontró en los techos su vía de escape y de ahí pasó también a la primera planta, donde cayó en el mobiliario pero sin mayores consecuencias, tal y como señala Martín.

Reconoce el «susto y la gran preocupación» de los primeros momentos, ya que tuvo que desalojarse el edificio para preservar la seguridad de las personas y evitar la afectación del agua a los fondos bibliográficas. No obstante, precisa que se actuó «de inmediato» por parte de los servicios de limpieza y mantenimiento, llegando refuerzos de personal de Valladolid. 

Tras el cierre del inmueble y su  posterior limpieza, se procedió a valorar los ejemplares que presentaban algún daño pero que pueden recuperarse, encontrándose ayer en proceso de secado (...).

(Más información, en la edición impresa de Diario de Burgos de este martes o aquí)