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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


El espectáculo

08/11/2021

El dimitido/cesado concejal de Licencias, Julio Rodríguez-Vigil, va a dar días de gloria. Detrás de su aspecto de chico tímido y formal se esconde una bestia del espectáculo. Los antecedentes de su historia, a la que uno se está enganchando, son conocidos: el alcalde recibió un chivatazo de una funcionaria que aseguraba que el edil "sustraía" (o distraía si prefiere) documentos que eran necesarios para tramitar sanciones a un archiconocido hostelero local. De la Rosa le dijo que se iba o le echaba, y él dejó el cargo de responsable de Licencias y su partido, aunque siguió de concejal raso.

El caso es que el Ayuntamiento ha abierto una investigación para ver qué había pasado con todo este asunto. Primero comparecieron ante los abogados municipales varios funcionarios que dieron su versión de los hechos y el miércoles lo hizo el interesado. Este periódico publicaba una foto buenísima en la que Rodríguez-Vigil subía las escaleras alfombradas del consistorio, con el cuadro del Cid de Marceliano Santamaría al fondo, junto a su letrado venido de Madrid, nada menos, y poniendo cara de inocente y ofendido. Lo hacían con una gravedad tan exagerada que parecía que caminaban hacía la Sala Primera del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

Su declaración duró cinco minutos y su contenido se desconoce porque no hizo declaraciones. Dará explicaciones "llegado el momento", aseguró misterioso, manejando con pulso firme la tensión de su melodrama. Aunque no hace falta ser Sherlock Holmes para averiguar que no dijo nada. Tanto si es inocente como si el lodo le llega por la cintura, en tan poco tiempo solo se puede hacer lo que dicta el manual: negarlo todo y despedirse con educación. De hecho, todo lo que ha explicado, pomposamente, el concejal desde que se lo quitaron de encima es que se reserva "las acciones que procedan en defensa de mi honor por las falsas acusaciones vertidas contra mi persona", asegurando que "me querellaré contra quienes me injurien", que es lo mismo que se puede oír en Telecinco cualquier tarde en boca de casi cualquiera.

El personaje sobreactúa, pero la película de por sí es un sainete. Si el Ayuntamiento cree que algo huele a podrido, ¿no sería más fácil dejarse de teatrillos de juicios de pega, denunciarlo ante la Justicia de verdad y que se encarguen los profesionales? Yo si se me rompe la caldera, llamo a un fontanero. Pero si es por el espectáculo, bienvenido sea, porque la Justicia auténtica es tan lenta que uno pierde el hilo de la trama. Salud y alegría.