scorecardresearch

De Miranda a Nepal con el espíritu más solidario

JUNIOR VIEIRA
-

Iñigo Bornachea relata su voluntariado en una escuela del país asiático, donde ven la discapacidad como «un castigo divino»

La escuela donde colaboraba Iñigo Bornachea contaba con 44 alumnos. - Foto: DB

Casi 8.000 kilómetros separan Miranda de Ebro de Nepal. Con tan solo 23 años, Iñigo Bornachea viajó hasta este país asiático para realizar durante tres meses un voluntariado. Su trabajo consistía en formar a dos mujeres locales en tareas de fisioterapia en un colegio de educación especial. «Allí piensan que la discapacidad es un castigo divino», cuenta. Precisamente, para dar ayuda a los que lo padecen nació la ONG Familia de Hetauda. Aina Barca, su fundadora, estuvo ayer en la Casa de Cultura para hablar junto a este mirandés de su experiencia y de la importancia del papel de la agrupación benéfica en territorio nepalí. 

Un simple gesto puede desembocar en una experiencia de por vida. Y eso le pasó a este mirandés. A través de Fisios Mundi, Bornachea decidió contactar con la agrupación y tras superar una entrevista, viajó hasta Hetauda, concretamente a una zona rural de las afueras. Graduado en Fisioterapia, pretendía «aportar todo lo que se pueda a nivel profesional, sin ninguna intención de superioridad y tratando de dar pequeños conocimientos».  Lo hizo en el Asha School, «que significa esperanza en nepalí». 

Se trata de un colegio de educación especial de niños con discapacidad intelectual. «Tienen 44 alumnos, viven once niños cuyos padres residen en zonas muy rurales», explica. Junto a Carla, su compañera, su labor consistía en formar a dos mujeres en diferentes tareas. «Para tratar alteraciones motoras o problemas para la marcha hay una parte de fisioterapia», cuenta Bornachea. La religión hinduista está muy expandida en Nepal y su creencia en la reencarnación hace que muchos discriminen a quien lo padecen. «Tratamos de sensibilizar», comenta.

Para ayudar a estos niños nació hace 10 años la ONG Familia de Hetauda. «Aina Barca ha luchado mucho y tiene un trabajazo que es increíble», cuenta el mirandés, quien añade que él solo es «un granito de arena». Con el objetivo de «buscar socios», ambos organizaron ayer una charla en la Casa de Cultura a la que acudieron casi cincuenta personas. «Como ciudadano de Miranda quiero ser el vínculo de la ONG, podemos conseguir un número de socios que serán una gran ayuda», remarca. 

La agrupación benéfica se encuentra actualmente inmersa en varios proyectos. «Están trabajando para la inserción de los niños y las mujeres. Tanto en la escuela de Hetauda como una nueva en Katmandú». Todo ello quedó expuesto en una conferencia que además de incluir sus experiencias, también se expuso un vídeo y se organizó una pequeña merienda.