El último reencuentro

P.C.P.
-

Regresan a la residencia Reyna Amalia los usuarios trasladados a Miranda hace 3 meses, cuando fue intervenida por la Junta

Los primeros residentes llegaron a las 11 de la mañana. - Foto: Daniel Canas

Mariluz recorre el pasillo central una y otra vez, marcha ‘alante’ y marcha atrás, con su silla de ruedas y una toalla con la palabra Miranda serigrafiada. Siente la necesidad de reconocer de nuevo el terreno, de reubicarse donde estaba cuando el bicho se coló en su rutinaria existencia. Sobre la mesa se extienden golosos los dulces, que alguno prueba a hurtadillas mientras espera a que lleguen los del segundo turno de traslado. No hay sentido del compañerismo que pueda resistir tamaña tentación. 
La hora de la comida se les ha echado encima cantando eso de ‘No estamos todos, falta Antonino’. Así están desde el 17 de abril, cuando la Junta de Castilla y León decidió intervenir la residencia Reyna Amalia de Briviesca y trasladar a 9  de sus ocupantes a Miranda de Ebro para salvaguardarles de la pandemia. Se marcharon para unos días y han sido los últimos en volver a casa, tres meses después.
La vida en el centro se apagó aquel día, cuando Antonio salió por la puerta. Acostumbrado a no tener más límites que los de su propio cuerpo como pastor, estas semanas han sido un auténtico calvario para él. «Me tenía que haber metido debajo de la cama. Me han tenido atado, quieto, sin poder menearme. No podía ni dormir», confiesa entre carantoñas y piropos del personal, que loa su corte de pelo.
Las trabajadores les recibieron entre aplausos.Las trabajadores les recibieron entre aplausos. - Foto: Daniel CanasLas metafóricas ataduras de Antonio, compartidas por toda España durante el confinamiento, se han prolongado más tiempo del previsto por el susto que a última hora sufrieron en la residencia mixta de la Junta en Miranda de Ebro, con un positivo que obligó a aislar a parte de los usuarios y que finalmente se quedó en un susto. Por lo demás, todo eran parabienes ayer para el personal de la que ha sido su casa de acogida estas semanas.También por la comida, «fenomenal» en palabras de Rafael Molina, de 77 años, a quien le estaba esperando un sobrino para llevarle a su pueblo,Cascajares de Bureba. Pese a tener el estómago satisfecho, ha acabado «hasta la mismísima coronilla» de la situación. «Fuimos para dos días y nos han tenido allí demasiado tiempo», se queja.
Igual o más largo se ha hecho la separación a las trabajadoras de la residencia Reyna Amalia.Pilar Frías estaba de vacaciones ayer pero acudió al centro privado, a la entrada de Briviesca, para darles la bienvenida. Lo mismo que una compañera suya, que con la tibia rota también ha querido formar parte del comité de recibimiento.
Jesús Torres, natural de Cerezo de Río Tirón, recuerda con tristeza el día que tuvieron que salir de Briviesca y aunque se ha ido haciendo, «siempre hay un poco de añoranza porque cambia todo, el sistema, los horarios...», enumera. Y con alegría la jornada del martes, cuando todos los residentes de Miranda que estaban aislados volvieron al comedor y el director del centro les comunicó que la situación se había normalizado y podían volver a ‘casa’. «Han sido muy afables, no se les puede pedir más de lo que han hecho», aunque no le hayan dejado tener una botellita de moscatel en la habitación para tomarse sus chupitos.
Antonio fue en el segundo viaje. No quiso dejar a sus compañeras solas.Antonio fue en el segundo viaje. No quiso dejar a sus compañeras solas. - Foto: Daniel CanasEn dos viajes regresaron a Briviesca los mayores a quienes la Junta decidió trasladar, ante un brote de COVID-19 que infectó a la mayoría de los usuarios del centro privado y mermó la plantilla. No han tenido miedo, aseguran, pero sí han tratado de guardar distancias incluso dentro de la propia residencia mixta por miedo al contagio.
Al final, se ha hecho tarde y las pastas y los bombones quedan sobre la mesa. Se da por finalizada la celebración del reencuentro. Los trabajadores se afanan en colocar las cajas y bolsas con las pertenencias llegadas de  Miranda y la ayuda de Antonio, que quiere recuperar cuanto antes su lugar en la vida, ponerlo todo en orden.


Más fotos:

Lavado de manos, imprescindible.
Lavado de manos, imprescindible. - Foto: Daniel Canas
Una trabajadora, con la tibia rota, charla con Mariluz en el pasillo
Una trabajadora, con la tibia rota, charla con Mariluz en el pasillo - Foto: Daniel Canas