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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Corazón salvaje

04/07/2022

En mi casa tenemos una broma cada vez que en el telediario cuentan una decisión política absurda. Siempre nos imaginamos el momento en que se tomó, la reunión en la que algún iluminado (por lo general el que está al mando) suelta una barbaridad o tontería. Entre los demás, normalmente subordinados, algunos se darán cuenta de lo ridículo de la ocurrencia, pero callarán, porque decir la verdad no puntúa. Y nos los imaginamos ahí, mirando para abajo y pensando «buff, en la que nos va a meter con esta memez», pero con la boquita convenientemente cerrada. Para eso también hay que valer.

Algo así debió pasar con la elección de la estepa como lugar para instalar las barracas este año. Como todo el mundo sabe, se prometió cambiar la ubicación de los últimos años, se propuso otra que generó más protestas de los vecinos que si se tratase de un cementerio nuclear y, finalmente, el Ayuntamiento se arrugó y las llevó al desierto, pero literalmente. Y allí que se plantó un servidor  con su familia una tarde de la pasada semana, por supuesto, en autobús urbano. Y flipé, es todo lo que puedo decir. Por un lado, la cosa recordaba a esas «ferias del condado» que salen en las películas americanas, con las atracciones colocadas entre los campos de maíz y los graneros, por las que pasean tipos con camisas de cuadros. Y, por otro, era como un escenario de película desasosegante, tipo  Corazón Salvaje, que de repente vas en coche y te topas con un montón de luces de neón y una noria girando en medio de la nada y sabes que algo chungo va a pasar.

El día de autos hacía un frío del carajo y allí soplaba un viento de, al menos, fuerza 7. Llegamos a última hora; un sol totalmente anaranjado se metía ya por la izquierda detrás de las naves industriales y los campos secos hasta el horizonte, después estaba la hilera de luces de las atracciones montada ¡sobre una carretera! y, a la izquierda, el puro campo, cereal a la espera de una cosecha inminente. Muy, muy loco; para verlo y también experimentarlo y sentirlo.

Allí, congelado, con una docena de churros en la mano, pensaba en la reunión en la que se decidió; los argumentos, las miradas, los silencios... ¿Se imaginan que en Río de Janeiro trasladasen el Sambódromo al monte, o que el Oktoberfest se celebrase en un polígono industrial de Munich? Si el erial de las barracas les parece tan idóneo, que el año próximo trasladen allí también la cabalgata, el pregón y hasta los títeres. Es cuestión de que se hable en una reunión, lo mismo sale. 
Salud y alegría.