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Dos años sin nadie que quiera la cafetería de la estación

H.J.
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Hace meses que el Adif no recibe ofertas por parte de ninguna empresa interesada en la explotación y la terminal ferroviaria continúa abastecida únicamente con máquinas

La habitual frialdad del vestíbulo principal se hace todavía más evidente ante la ausencia de un espacio de restauración en el que refugiarse. - Foto: Alberto Rodrigo

El próximo mes de diciembre se cumplirán dos años desde que la cafetería de la estación de trenes de Burgos cerró sus puertas. Una terminal ferroviaria que da servicio a una ciudad de 180.000 habitantes, en el eje Madrid-País Vasco y que de repente se quedó sin un mínimo espacio hostelero donde ofrecer algo de comida o bebida a los viajeros.

La empresa Medas, que llevaba en la estación Rosa de Lima varios años, no concurrió a la última convocatoria del Adif y el concurso quedó desierto, pues nadie se interesó por la explotación de este espacio por el que pedían 8.000 euros al año más una inversión inicial de 115.000 euros. Las condiciones económicas fueron excesivas, incluso teniendo en cuenta que hablamos de una época prepandemia con más pasajeros que en la actualidad.

Entonces el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias anunció que prepararía otro concurso e incluso dijo tener una empresa interesada en la explotación. Sin embargo, la llegada del coronavirus frustró aquella posibilidad y hasta hoy no ha vuelto a tener más aspirantes.

El Adif explica que «la cafetería de la estación de Burgos Rosa de Lima no ha recibido ofertas de ningún interesado para su gestión desde que, a consecuencia de la situación de pandemia, no se llegó a formalizar contrato con la única empresa que mostró interés en ella. Desde entonces se encuentra disponible y así está publicado como tal en la página web» del organismo ministerial.

Recuerdan además que «como solución provisional para dar servicio al viajero y hasta que aparezca algún interesado y formalice la apertura de la cafetería, se negoció con una empresa la instalación de unas máquinas autoventa con bebidas calientes, bebidas frías y snacks». En efecto, al menos la sed y el hambre se pueden calmar en un par de dispensadores automáticos emplazados junto al gran panel informativo de salidas y llegadas.

Sin vuelta a la normalidad. El caso de Burgos no es exclusivo, pues hay otras estaciones en España con las cafeterías cerradas, pero sí llama la atención su caso por el tamaño de la localidad directamente afectada y por el potencial de viajeros que, en teoría, debería tener una línea situada en el camino entre el norte y el sur.

Sin embargo, la crisis del coronavirus ha golpeado duramente al transporte de viajeros por ferrocarril. No solo desde el punto de vista del número de viajeros, que se redujo drásticamente por las restricciones a la movilidad y posteriormente por el miedo a viajar, sino también porque Renfe suprimió decenas de frecuencias en toda España que posteriormente ha ido recuperando de manera paulatina. En el caso de Burgos, en las últimas semanas se ha anunciado la recuperación de diversas frecuencias, pero todavía no se ha alcanzado una situación de vieja normalidad.