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"Él sale de prisión en 4 años y Leticia está en un nicho"

Juanma de Saá (Ical)
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La presidenta de la Fundación Leticia Rosino y madre de la joven asesinada en Castrogonzalo (Zamora) en 2018 reclama el endurecimiento de las penas

Inmaculada Andrés, madre de Leticia Rosino. - Foto: Ical

Inmaculada Andrés Pascual preside la Fundación Leticia Rosino, una organización que lleva el nombre de su hija, asesinada el 3 de mayo de 2018 cuando paseaba por las afueras de Castrogonzalo (Zamora).

La persona que cometió ese crimen tenía, entonces, 16 años, por lo que ingresó en un centro de menores y, ahora, ya en la cárcel, cuenta los días para recuperar su libertad, cosa que ocurrirá en apenas cuatro años. Después, no podrá acercarse durante un lustro ni a Tábara ni a Castrogonzalo. Ante estos plazos que se antojan exiguos, el clamor de la familia de Leti es insistente para que se modifique la Ley del Menor y "no salgan tan baratos" los delitos en los que se cercena de raíz una vida.

La Fundación Leticia Rosino acaba de publicar 'Mis ilusiones rotas', un libro sobre violencia de género elaborado con las aportaciones de 335 escolares de 18 centros educativos de la provincia de Zamora. La portada de la obra, cuya primera edición es de 200 ejemplares, incluye el dibujo de una flor con varios pétalos deshojados, en cuyo centro figura el nombre de 'Leti', como todo el mundo llamaba a la joven. 

En su casa, en Tábara, Inmaculada Andrés (Sesnández de Tábara, Zamora, 1963) expone con suma serenidad y firmeza la necesidad de un cambio legislativo para que los jueces "no tengan que imponer penas tan leves a quienes no valoran nada una vida".

¿No son pocos 200 ejemplares pocos para ese libro?

Sí. Es verdad. Queremos que se editen todos los que sea posible y que lleguen a la gente para que haya conciencia del problema que hay.

Puede que algún menor que ha hecho su aportación al libro sea legislador dentro de  unos cuantos años.

Ojalá. Lo que pasa es que tendría que evolucionar mucho todo. Me da la impresión de que los chicos de ahora vienen con unas ideas en las que parece que se vuelve un poco para atrás. Como que se dan por normalizados comportamientos que no pueden normalizarse. Se ha ido avanzando pero veo en jóvenes de 15 o 16 años señales de volver atrás.

En un mundo marcado por el buenismo, perder una hija de esta forma no impide poner nombre al culpable.

Es que se trata de un asesino, un depredador. Todo lo que se le diga es poco porque ha asesinado. Es su definición y no le puedo llamar de otra manera. Una vida vale siete años y, en este caso, le llevaron a la cárcel pero podría no haber sido así. En nada, estás en la calle.

¿Cree que se han llevado iniciativas populares al Congreso por asuntos mucho menos importantes que modificar la Ley del Menor?

Sí. Intentamos mover las cosas pero se ha paralizado todo por la pandemia. Estamos organizando actos y conociendo a gente y todo va muy lento. Nos ofrecen apoyo y espero contar con él en el futuro cercano.

¿Mantiene relación con personas que han vivido tragedias similares?

Sí. Estamos en contacto con Mayte, la madre de Laura Luelmo, y Marimar, la madre de Sandra Palo, y ha habido otras personas que se han puesto en contacto con la Fundación porque tienen el mismo problema de haber perdido hijos a manos de menores. Sienten impotencia y piden ayuda. Lo que pedimos nosotros, que es que se endurezca la Ley, no es ni un capricho ni una venganza. Es reclamar que se aplique un castigo que vaya acorde con lo que significa quitar una vida. No puedes ir a comprarla a ningún sitio. Cuando oigo las tertulias, me hierve la sangre cuando dicen que hablamos 'desde la rabia y el dolor'. ¿Cómo quieren que hable, entonces? Es muy fácil dar consejos desde una silla cuando todo está bien, tu familia está bien y no tienes ese dolor. Es muy fácil decirle al otro que no coma cuando tienes la barriga bien llena. Una vida no tiene precio, simplemente.

¿Qué concepción tiene y qué concepción tenía del perdón?

Sigo pensando que depende del acto. Depende del tipo de delito. Puede haber personas que cometen delitos, sin hacer daño a nadie, por necesidad o por una mala decisión. En esos casos, cualquiera merecería una segunda oportunidad. Yo, si puedo ayudar, ayudo. Pero aquí estamos hablando de una vida. Mi hija estaba muy ilusionada con ser madre, tenía su trabajo, quería viajar, quería hacer muchas cosas. Viene un chaval, te cruzas con él y se acabó todo. Te quita la vida por un antojo. Y, ahora, ¿qué? Esa persona está ahí, con todos sus privilegios. Tiene su plato de comida, viene el invierno y tiene su calefacción. El asesino de mi hija sale en cuatro años y Leticia está metida en un nicho. Leticia no vuelve a salir. El perdón, de momento, para nada. No.

¿Se siente preparada para cuando ese joven salga de la cárcel?

No, no. Ahora sabes que está encerrado pero, cuando salga, va a ser complicado. Pierdes lo que más quieres en el mundo y no hay vuelta de hoja. Es para siempre. 

¿Cómo es hoy un día normal?

Intento hacer lo que hacía antes. Siempre hemos sido de celebrar la Navidad. Somos ocho hermanos y nos juntábamos más de 20 personas. Éramos de adornar la casa, cantar villancicos y mucha alegría y jolgorio. Leticia era la mayor de los niños que había y siempre un hermano se disfrazaba de Papá Noel  que venía con el saco de regalos. Una algarabía tremenda. Ella era mucho de adornar y de poner muchas luces. Le gustaba mucho y era muy familiar. Yo voy a seguir con eso. No me la quito de la cabeza. Todavía, ayer, colocando, había cintas de villancicos de cuando era pequeñita y cuentos. Siento una nostalgia… Pero, ahora, no tiene nada que ver. Sigo colgando los adornos pero, de alegría, nada. Nada. Ya no te ríes. No hay nada que te haga gracia ni te dé ilusión. Haces todo por los hijos y, en esa edad, piensas que ya se están estabilizando, que ya está hecho lo más difícil. Ella seguía haciendo cosas porque era muy emprendedora. Su casita, su pareja, su familia, su trabajo, estar asentada aquí, cerca de nosotros... Decía que la calidad de vida que tenía ahora era lo máximo. Estaba muy bien.

¿La Fundación está asesorada legalmente para conseguir su objetivo?

Tampoco hemos hablado con tantos abogados porque estamos un poco a nivel familia y tenemos que trabajar mucho todavía. En la mayoría de los casos que hay ahora de violaciones y asesinatos, los culpables salen impunes, sin condena alguna. Si acaso, unos años de reclusión y ya está. Ahí queda todo. Nosotros creemos que hay que endurecer mucho más las penas. Es que, ahora mismo, una violación, la chica que violan así, lo primero, queda traumatizada para toda la vida. ¿Y la familia? Ahí está la reacción de cada uno. Eso no tiene perdón. Hay que conseguir que la Ley sea lo suficientemente dura para que quien vaya a matar se lo piense dos veces. Si es cadena perpetua, ¿por qué no? Y, aun así, ¿qué va a aportar esa gente luego a la sociedad? Somos una sociedad piadosa pero ¿qué piedad ha tenido ese asesino con su víctima?