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Jesús de la Gándara

La columnita

Jesús de la Gándara


Bajo el volcán

08/11/2021

Así se titula la famosa novela de Malcolm Lowry, una de las mejores del siglo XX, cuya acción sucede en Cuernavaca, México, durante el día de la fiesta de difuntos. Dominando esa ciudad hay un enorme volcán, el Popocatépetl, que siempre está activo. La novela relata la destrucción vital del protagonista, G. Firmin, por la pérdida de su amada y el abuso de alcohol. Está llena de tipismos hispanos, como el Anís del Mono que beben los personajes, o la frase Salud y pesetas, y tiempo para gastarlas, que todos ansían. 
El protagonista es un personaje trágico, arrasado por la carencia afectiva y la desesperanza, aunque en realidad es reflejo de una sociedad destruida por la pobreza, la miseria, la desesperanza en la posibilidad hacia una vida mejor. En un momento dice: ¿Por qué había erupciones volcánicas? Porque… bajo las rocas, por debajo de la superficie de la tierra… Etc. Pero esas explicaciones no sirven para nada, son solo presunciones científicas que apenas tienen valor humano. Pero sigue: Desmoronábanse las paredes, desplomábanse las iglesias, familias enteras huían presa del pánico con todas sus pertenencias pero siempre había aquellos que saltaban entre los charcos de lava derretida, fumando sus cigarrillos…. Como ahora, como aquí mismo, en La Palma, bajo el volcán sufren los que allí vivían, padecen la destrucción que no es solo de sus casas y haciendas, que es arrasamiento de sus vidas, de aquello en lo que habían depositado esperanza, seguridad y afecto. Por eso cuando se van se llevan los retratos y los adornos, los pocos enseres queridos. Porque en ellos está el amor, y, como dice el novelista en otro lugar, se puede vivir sin casi todo, pero no es posible vivir sin amor. 
Ahora las pantallas han pasado de agotarnos con el Covid, -que por muy de cerca que nos toque es, de puro grande, ajeno- a este desastre menor que nos concierne a todos, pues bajo el volcán que los turistas contemplan extasiados, tras esa terrible belleza que admiramos atónitos, bajo ese fúnebre manto de cenizas… está la vida cotidiana, el amor y su amargura, la alegría y su fragilidad, mientras el flujo de lava candente reaviva las heridas que tanto nos llevan doliendo, como nos duele ver, y así acaba la novela, un perro muerto en la barranca.