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Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Las amenazas del clima

08/11/2021

Hasta hace unos pocos años los riesgos y peligros que acechaban al futuro del planeta a causa de los cambios que se producirían en el clima eran considerados poco menos que motivo de ciencia ficción o, en el mejor de los casos, una predicción que sólo después de mucho tiempo podría tener visos de verosimilitud. Así lo veíamos y la reacción de muchos de nosotros no pasaba del «a mí no me tocará» o del «que lo arreglen los que vienen detrás, que pueden ser los afectados». Una gran parte de los riesgos estaban conectados al desaforado aumento en la utilización de agentes contaminantes y, teniendo en cuenta que eso era un aspecto de lo que considerábamos la contribución al desarrollo y el disfrute del progreso, la disposición a renunciar a la cuota que pudiera correspondernos no entraba en nuestros cálculos; más bien pensábamos que la generalización de ciertos medios de todo tipo, aunque su uso tuviera elevada capacidad contaminante, había llegado a ser casi un derecho de cada uno, una vez alcanzada cierta capacidad adquisitiva. Debemos reconocer que generacionalmente fue así, tal vez porque veníamos de una situación de escasez en casi todo.
Lo que ha ocurrido de un tiempo para acá es que aquel debate futurista y lejano se ha convertido en una preocupación inmediata. Hoy conocemos datos y cifras sobre el avance del proceso de deterioro de la atmósfera y de la naturaleza en general que han convertido las predicciones en constataciones científicamente avaladas. Sabemos cuánto sube la temperatura media del planeta cada año, cómo evoluciona el nivel del mar a causa del deshielo polar, en qué periodo de tiempo el cambio climático tendrá efectos devastadores para la flora y la fauna, incluyendo en la fauna la especie humana, cuándo, de seguir así, el aire que respiramos será irrespirable, etc., etc. Y sabemos también la cantidad de emisiones que habría que eliminar, las variantes de energía contaminante que habría que suprimir o reducir, y, en fin, todo lo que eso supone, no ya para las siguientes generaciones sino muy a corto plazo. Lo que falta es saber hasta dónde estamos dispuestos a actuar y si queremos hacerlo juntos. Esas son las respuestas que debieran proporcionar esas cumbres mundiales, tan necesarias, sobre un problema que sólo tiene solución con iniciativas urgentes, drásticas y compartidas.