Las futbolistas cumplen su parte

Agencias
-
Las futbolistas cumplen su parte - Foto: Brad Penner

El Mundial de Francia ha sido el campeonato de la reivindicación por los derechos de las mujeres en el deporte y donde la selección femenina de Estados Unidos se ha alzado como estandarte de esta disputa política

"Primero deberían ganar antes de pedir. Primero que terminen el trabajo", dijo el presidente de EEUU, Donald Trump, cuando la selección femenina declaró que no iba a acudir a la Casa Blanca si salían campeonas del Mundial de Francia por sentirse menospreciadas. Y lo hicieron. Y volvieron a desafiar a su presidente con gestos que mostraban la negativa a sus políticas y a las decisiones de su federación, apoyadas por los gritos de "¡Igualdad salarial, igualdad salarial!" que pronunciaban los aficionados estadounidenses tras ver a su selección proclamarse la mejor del mundo por cuarta vez. "¡Igualdad salarial, igualdad salarial!" gritaban más aficionados estadounidenses cuando las yanks recorrían Nueva York subidas a un autobús descubierto y mostraban la copa a su público
Pero lo que se pide realmente no es la igualdad salarial con respecto a los equipos masculinos, sino equidad. Porque, conscientes de que, por el momento, el fútbol femenino no mueve tanto dinero ni público como el masculino, no reclaman el mismo protagonismo que los chicos sino el recibir, por hacer el mismo trabajo, las recompensas y atenciones que merecen en función de sus méritos o condiciones. Y de eso las jugadoras de Estados Unidos saben más que nadie.

Porque ellas han conseguido cuatro Mundiales. Más que ninguna otra selección y cuatro veces más que el equipo estadounidense masculino. Son ellas el motor de su federación de fútbol. Son ellas las tetracampeonas de los Juegos Olímpicos. Son ellas las que cobran, sin embargo, menos que ellos. Y llevan con esta batalla legal desde el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, enarbolando una demanda colectiva que finalmente se resolverá a través de una mediación con su federación, donde reclamarán una remuneración y unos derechos, sino parejos a los de los futbolistas, acorde con su estatus. Esa demanda fue la única forma de expresar su hartazgo y denunciar una situación, a sus ojos, injusta; ya no solo por las cuestiones salariales, sino también por los lugares donde jugaron y cada cuanto tiempo, los entrenamientos, los tratamientos médicos e incluso el transporte a las convocatorias.

 

"El mejor Mundial de la historia"

El mismo sentimiento se palpa en otros países y el Mundial de Francia ha servido como altavoz para denunciar esta situación. Porque, aunque este torneo de chicas ha multiplicado su público hasta conseguir reunir en este campeonato mundial a 1.000 millones de telespectadores y la ocupación media de los estadios ha sido del 74,57 por ciento, con más de 1.160.000 de entradas vendidas, se echó en falta a Ada Hegerberg, actual Balón de Oro, que mantiene su renuncia a competir con la selección noruega por no existir un trato igualitario. Y llamaron la atención las botas teñidas de negro, sin ninguna marca comercial pero con el símbolo de igual, que la brasileña Marta Vieira utilizó para reclamar "respeto" hacia la mujer "en el fútbol y en la vida".
"Si la FIFA se preocupa de verdad y por igual por el fútbol de hombres y mujeres, ¿por qué está dejando que esta brecha crezca?", se preguntaba Megan Rapinoe, una de las figuras clave de la selección de EEUU, icono del femenismo, de los derechoso LGTBI y azote contra las injusticias y, en especial, de Donald Trump. A Pino no le vale la decisión de Gianni Infantino de doblar la cuantía de los premios para el próximo Mundial femenino (de 30 a 60 millones de dólares) si al mismo tiempo sube la recompensa masculina 40 millones más, hasta los 440. Pero este ha sido "el mejor Mundial de la historia", en palabras del propio Infantino, y hasta Nike ha reconocido que la primera equipación femenina de EEUU ha sido la más vendida en toda la vida de la empresa, superando a camisetas de equipos masculinos.

Sin embargo, en un estadio en el que el presidente francés Emmanuel Macron y el de la FIFA fueron abucheados, Rapinoe descorchó el champagne para celebrar, por el título y por la nueva visibilidad del fútbol femenino. "Estoy orgullosa de que el público haya cantado por la equidad salarial, realmente siento que mi discurso les ha llegado", dijo la estrella estadounidense en la conferencia de prensa, sujetando la copa del Mundo y sus trofeos de Bota y Balón de Oro del certamen. Pero ha sido en Nueva York, delante del público y los medios de comunicación, donde Pino ha replicado a Trump y al mundo: "Ya hemos cumplido con nuestra parte. Ya podemos hablar".