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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Primer trienio

26/07/2021

El líder del PP, Pablo Casado, ha comenzado su campaña a la Presidencia del Gobierno al cumplir tres años al frente de partido, con una unión de los suyos, animados por la victoria en Madrid de Díaz Ayuso, que ganó sin necesidad de ponerse la camiseta y salir al campo de juego, aunque si las cañas se tornan lanzas puede que le cuesta el liderazgo del que sus compañeros empujan en estos momentos.
Aunque las encuestas del CIS dan ahora al PSOE como mayoritario en intención voto,  superando en 5,2 puntos a los populares, se han vivido tiempos muy difíciles que pueden orientar a los ciudadanos a votar en contra de quien gobierna, se vio en la comunidad madrileña donde no se habló de propuestas sino del casticismo que encierra la tradición de tomar unas cañas, también como ejercicio de libertad, palabra de la que se ha venido haciendo un uso maniqueo. Hubo muchos que compraron el mensaje, incluso votantes socialistas, lo que pone de relieve que algo mal ha hecho Pedro Sánchez, como lo demuestra además el giro que ha dado a su Gabinete y también al partido.
Pero siendo de la oposición, y aspirando a ser alternativa, también se tiene una responsabilidad que Casado no ha ejercido en la línea del cuanto peor mejor, lo que le deja en evidencia, más si practica la teoría extendida por su secretario general García Egea,  de que allá donde no gobiernan no están para aportar alternativas sino para desgastar al contrario.
Ese es el bagaje que presenta Casado y que parece que le puede llevar al éxito, eso sí con la ayuda de la ultraderecha, de la que se ha ido separando, en sus constantes vaivenes, pero que ha crecido gracias a votantes populares. No obstante presentará algún baluarte de Cs para hacerse la foto más centrada.  Se sabe muy poco de su tendencia política y hacia dónde quiere dirigir el partido, solo trasciende que mantiene bloqueadas las instituciones del Estado, ahí quizá deba compartir culpas con la otra parte, la de Sánchez,  y que quiere derogar una gran mayoría de leyes aprobadas en esta legislatura, manteniendo aún vivo el espíritu irreconciliable de las dos Españas, al que recurre haciendo crecer la crispación y la tensión.
Perseguido por el dinosaurio de la corrupción que aún tiene desfilando hacia los tribunales a muchos de los exdirigentes populares, apoyado por los presidentes de las autonomías donde gobierna su partido, aunque no sean sus candidatos, pero se encuentra en época de no derrochar nada, Casado debe comenzar a explicar cuáles son sus fórmulas para resolver los problemas de los españoles, aunque le resulte difícil abandonar las posiciones más críticas que son las que propician el tradicional voto contra alguien.        
Si Sánchez tiene un reto tras los indultos, que es normalizar la situación en Cataluña, y le irá mal si ello no se cumple, Casado se enfrenta, primero, a ganar, la única oportunidad de subsistir, y luego arremangarse y trabajar, que este trienio es cosa bien distinta, solo jugar al pim, pam, pum.