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Vivir en Marte

R. PÉREZ BARREDO
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Un equipo multidisciplinar del que forma parte el arquitecto burgalés Alfredo Muñoz está diseñando una ciudad para 250.000 personas en el Planeta Rojo. No es ciencia ficción. «En el año 2054 podría ser una realidad», afirma

La ciudad proyectada se ubica aprovechando un acantilado del planeta. - Foto: ABIBOO Studio

No habla como los visionarios, ni con el tono mesiánico a que acostumbran los iluminados por más que sus palabras parezcan sacadas de una novela de Philip K.Dick: pura ciencia ficción. Todo lo contrario, lo hace con tal aplomo y convencimiento que por momentos deja de parecer una idea peregrina a oídos de cualquiera que sea el interlocutor. Pero el arquitecto burgalés Alfredo Muñoz es claro y hasta tajante: vivir en Marte, el Planeta Rojo, es posible; tanto, que él mismo está diseñando una ciudad para 250.000 personas que ya tiene incluso nombre, Nüwa. No lo está haciendo solo, claro. Este burgalés, que desde hace unos años se codea con la crema de la arquitectura mundial, forma parte de un proyecto multidisciplinar en el que hay astrobiólogos, astrogeólogos, astrofísicos, ingenieros aeronáuticos, biólogos, químicos, psicólogos, arquitectos, artistas... Liderado por el astrofísico Guillem Anglada, descubridor del exoplaneta Proxima-B, este heterogéneo equipo de expertos, agrupados en una red llamada SONet llevan varios años trabajando en aportar soluciones sostenibles en entornos fuera de la Tierra. Y entre ellas, la que atañe especialmente a este burgalés, que responde a la petición de un concurso de The Mars Society, el organismo más relevante a nivel internacional en cuanto a la exploración del Planeta Rojo se refiere y muy vinculado a la NASA, que planteó la necesidad de incluir, dentro de esa convocatoria, una propuesta para una ciudad permanente en Marte.

«En SONet vimos una oportunidad muy buena de poder concretar todos nuestros estudios y propuestas en este proyecto de la ciudad de Nüwa -finalista entre más de 175 proyectos-», explica a este periódico Alfredo Muñoz, que vive a caballo entre Miami yNueva York. «Todo depende de la financiación y de ser capaces de resolver algunos retos que todavía no los tenemos solventados desde el punto de vista técnico», admite a propósito de la viabilidad real de construir la ciudad que él y su equipo de ABIBOO Studio han están diseñando. «Pero es más viable técnicamente de lo que puede parecer.Hemos tenido a más de 30 científicos de prestigio internacional trabajando en ello. Creemos que para el año 2054 pueden darse las condiciones para que pueda iniciarse la construcción», apostilla.

Entre los asuntos técnicos aún por resolver -rutas críticas, los llama Muñoz-, destacan el poder transformar CO2 en oxígeno; en este sentido, se está llevando a cabo un experimento que, de no funcionar, impedirá la viabilidad «de una colonia permanente en Marte», explica el arquitecto burgalés. Otra cuestión clave en el caso de Nüwa, que se construiría en la ladera de uno de los grandes acantilados de Marte con gran acceso a agua, «es la tecnología de excavación; esa tecnología ya existe hoy por hoy, pero los materiales son el gran reto, ya que lo que planteamos es que la ciudad sea completamente autosuficiente y para ello debe construirse con materiales de allí, apenas procedentes de la Tierra salvo la tuneladora y poco más.Pero con el agua y CO2 podemos obtener carbono, que a su vez nos puede derivar en la obtención de acero, que sería el material más importante desde el punto de vista de obra civil para la arquitectura». 

Otro desafío pasa por resolver el asunto de la energía. «El problema de Marte es que hay tormentas de arena frecuentes que anulan completamente la obtención de energía solar. Aunque estamos planteando la energía nuclear como plan b para esos momentos de tormentas de arena, habría que desarrrollar mucho más una posibilidad de energía alternativa para cuando la solar no funcione». Asimismo la robótica y la inteligencia artificial constituyen dos pilares esenciales. «Aunque esa tecnología se está desarrollando a pasos agigantados, debería estar más desarrollada. Pero teniendo en cuenta todas estas variables, si se alinean, este proyecto en Marte es viable.Esto no es una locura. Tenemos una visión similar a la que se tuvo con el Canal de Panamá».

Un reto excepcional. Teniendo en cuenta las condicionantes atmosféricas señaladas por los expertos, para el excepcional reto del proyecto de la ciudad de Nüwa el equipo responsable del diseño arquitectónico que dirige este burgalés se decantó por la ladera de un acantilado de Marte, esto es, una ciudad vertical. La elección del lugar y del sistema constructivo vinieron impuestos por los condicionantes del planeta que tiene una gravedad que es un tercio la de la Tierra. «Esto implica que si construyéramos los edificios como en nuestro planeta, los edificios tenderían a explotar por la presión. Además, la radiación solar y la gamma obligan a construir sin espacios expuestos al cielo», apostilla el fundador de ABIBOO Studio que está especializado en la construcción a gran escala.

En un terreno abruptamente escarpado que ofrece la oportunidad de crear una ciudad vertical insertada dentro de la roca, protegida de la radiación y expuesta a la luz solar indirectamente. Ahí decidieron ubicar Nüwa. En la pared rocosa se han planificado los ‘macro edificios’, excavaciones que albergan construcciones de tipo modular para uso residencial y laboral, unidas entre sí por una red tridimensional de túneles. Los módulos tienen forma tubular de 10 metros de diámetro y 60 metros de largo, con capacidad para dos plantas. El proyecto presenta tres tipos diferentes de módulos residenciales y tres de trabajo. Estas seis categorías estándar reducen la complejidad, los costes y los tiempos de construcción, señala Muñoz.

«Los módulos incluyen zonas verdes y espacios dedicadas al arte, y ‘áreas de nieve’ que ayudan a disipar el calor y limpian el aire. Los huertos urbanos son jardines comunitarios con animales y agua destinados a proporcionar bienestar físico a la población. Para crear un vínculo emocional con la Tierra, se han incluido amplios espacios naturales artificialmente creados. Se les ha dado el nombre de ‘Green Domes’ y hay de dos tipos: los que permiten la presencia humana y actúan como los parques y los que presentan vegetación experimental con atmósfera puramente marciana», explican desde ABIBOO Studio. Los macro edificios estarían conectados por sistemas de ascensores de alta velocidad similares a los de los rascacielos en la Tierra; el punto más alto del acantilado es la Meseta, una extensa planicie donde se han situado las infraestructuras para la producción de alimentos, energía y los procesos industriales relacionados con su producción. Por el contrario, al pie del acantilado, en el Valle, se han situado amplios pabellones destinados a la interacción social con estructura traslúcida que ofrece vistas de los paisajes de Marte y protegidos de la radiación exterior por amplios voladizos sobre los que se coloca material resultante de las excavaciones. En el Valle también se contemplan estructuras específicas para albergar hospitales, escuelas y universidades, actividades deportivas, culturales, zonas comerciales y tren que comunicaría con el transbordador espacial. Además de las construcciones para vivir, trabajar, educarse y facilitar la vida social y el intercambio, un asentamiento humano en Marte requiere también estructuras para que se cumplan las funciones básicas de producción de aire, agua y comida. Los cultivos se llevarían a cabo en módulos agrícolas con una atmósfera enriquecida en CO2; la movilidad dentro de la ciudad se realizaría en dirección vertical a lo largo del acantilado a través de ascensores de alta velocidad. Para el transporte horizontal se prevé un sistema de buses y trenes livianos, en tanto que en el Valle, un sistema de estaciones de tren conectan con el aeropuerto espacial que en el caso de Nüwa se ha situado dentro de un cráter. Todo el transporte dentro de la ciudad se lleva a cabo dentro de espacios presurizados a través de vehículos eléctricos.