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Gadea Gutiérrez

Plaza Mayor

Gadea Gutiérrez


Vergüenza

22/12/2021

Llevo 22 meses seguidos leyendo y escribiendo casi a diario de la pandemia y he llegado a la conclusión de que no hay experto en el mundo que tenga alguna certeza de hacia dónde se dirige. En este tiempo ha habido tantas afirmaciones que luego han sido desmontadas por la realidad como para componer un libro. Y da la sensación de que ahora estamos alcanzando una cota máxima de confusión, en la que nadie parece tener nada claro, pero todos hacemos lo mismo.

Recalco antes de nada que soy firme defensora de las vacunas y que las administradas en Burgos frente a la covid han demostrado sobrada eficacia; basta con echar un vistazo a los datos oficiales para comprobarlo. Pero por eso mismo me avergüenza que en un número determinado de países hayamos entrado en una espiral de administración indiscriminada de dosis a destajo mientras que millones de personas no pueden recibir ninguna porque, sencillamente, no las pueden pagar.

No he leído todavía en cuánto reduce una tercera dosis las posibilidades de que yo, que se supone que tengo acceso a una sanidad del primer mundo, enferme de forma grave si me contagio por SARS-CoV-2. Pero, sin ser ninguna eminencia, sé que las probabilidades de muerte de una persona no vacunada que enferme gravemente en ese llamado tercer mundo son altas.

El coronavirus no va a desaparecer y tampoco esa gente sin inmunizar contra su voluntad, aunque nosotros nos dediquemos aquí a ponernos un sinfín de dosis seguidas sin saber muy bien qué ganamos y qué perdemos con ello. Así que ahora que estamos en Navidad, quizá sea un buen propósito para el 2022 que los expertos del mundo centren sus esfuerzos y conocimientos en conseguir que la vacunación sea una realidad allí donde hace falta y no solo donde se puede pagar, aunque ahí no sea tan necesaria.