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«Ha faltado previsión y cuando nos han avisado ya era demasiado tarde»

Raúl Canales / Miranda
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Impotencia. Los afectados por la crecida del Ebro regresan a sus casas y locales con la sensación de que se podían haber tomado medidas preventivas con suficiente antelación para minimizar los daños de una inundación que deja pérdidas millonarias

Los garajes y sótanos quedaron totalmente cubiertos por el agua, que alcanzó cotas superiores al metro y medio en algunas zonas. - Foto: R.C,G.

El Ebro ha vuelto a su cauce aunque la ciudad tardará en recuperar la normalidad. Después de una jornada angustiante en la que superó los siete metros, el nivel del río se redujo ayer a la mitad, y según las previsiones mantendrá la misma tendencia a la baja en los próximos días.

El agua ha desaparecido de las calles pero deja tras de sí un  lodazal y cientos de vecinos a los que les llevará tiempo olvidar lo sucedido después de que sus casas, comercios y garajes, hayan sufrido los efectos devastadores de la mayor inundación de los últimos treinta años.

Tras dos noches en vela tocaba empezar con la limpieza. Aunque los trabajos arrancaron incluso antes del amanecer, el estado de las calles era desolador. El barro anegaba aceras y calzada, y la nieve, que cayó con insistencia durante la mañana, complicó aún más la situación.

Poco a poco los vecinos que habían pasado la noche en casa de sus familiares fueron regresando a sus viviendas y pasado el mediodía se restableció la electricidad en los 1.400 hogares que se habían quedado sin luz.

En los comercios, las bombas de extracción no alcanzaban y hubo que tirar de cubo y escoba. No faltaron manos solidarias y cualquier objeto era válido para achicar el agua acumulada.

Las pérdidas por ahora son incalculables, pero un paseo por la ciudad bastaba para comprender la magnitud del desastre. Los sacos de arena y los improvisados muros de contención no pudieron frenar  la crecida y muebles y mercancía flotaban sobre más de medio metro de agua.  

La sensación de impotencia era total. Algunos ni siquiera podían disimular las lágrimas y en las conversaciones se repetía la misma pregunta: ¿se pudo hacer algo más?

«Sabemos que son situaciones difíciles de controlar y no se trata de buscar culpables, pero quizá ha faltado previsión. Si se hubiera avisado con más tiempo habríamos podido sacar las cosas de mayor valor», aseguraba Fernando.

Aunque en base a los datos que se manejaban en la madrugada previa se inició la evacuación de algunas calles, «se dio menos importancia de la que realmente tenía porque no se esperaba que llegara a tanto». Por eso, en algunas zonas del casco urbano «cuando se quiso actuar ya era tarde», valoraba este comerciante. En su caso el agua ha destrozado el local en el que esta semana pensaba inaugurar un centro de estética, por lo que la apertura deberá retrasarse y quedará a expensas de la indemnización del seguro.

Los que ya habían podido hablar telefónicamente con sus compañías aseguradoras, informaban al resto sobre los trámites a seguir. Aún así, hasta que los técnicos no evalúen sobre el terreno «todo son especulaciones», apuntaba Blanca, que ya vivió una situación similar en el 2003.

La rabia contenida afloraba constantemente. «Nadie pensaba que iba a llegar hasta aquí. Decían que ya se había alcanzado la cota máxima pero cada hora que pasaba el agua estaba más cerca, hasta que al final nos alcanzó», explicaba a la puerta de su negocio Miguel, mientras que otra propietaria se interrogaba sobre su futuro «si nadie se hace responsable de las pérdidas».

En este sentido, Junta y Ayuntamiento han anunciado la concesión de ayudas  para los afectados y cobertura legal.