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Teletrabajo desde Aranda hacia el resto del mundo

L. NÚÑEZ
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Cada vez son más los arandinos que deciden volver a la Ribera del Duero gracias al trabajo a distancia. Unos reportan a San Francisco, otros a Suecia. Todos coinciden: la comarca ofrece más calidad de vida que las grandes ciudades

Teletrabajo desde Aranda hacia el resto del mundo

Teletrabajo bien podría ser una de las palabras que dejó 2020. Esta modalidad se ha triplicado en España durante la pandemia tras pasar de un 4% en los últimos diez años a más de un 16%, debido a los confinamientos y las restricciones de movilidad para frenar los contagios por covid, según diversos estudios. Aranda no es una excepción. De hecho, cada vez más arandinos y ribereños consiguen volver a sus raíces gracias al trabajo a distancia.

Uno de ellos es Guillermo López. Este ingeniero informático trabaja en una empresa estadounidense, con sede en San Francisco, que provee servicios de comunicaciones como voz, sms o WhatsApp a través de internet. Todo ello centrado en el mundo empresarial. En su caso, acumula cuatro años teletrabajando de forma más o menos estable. "Siempre digo que yo con un enchufe y buen internet puedo trabajar donde sea", indica.

Teniendo en cuenta que hay una diferencia de nueve horas entre Aranda y San Francisco, López suele realizar tareas de forma individual hasta las cinco de la tarde. Una vez que EEUU ‘despierta’, arrancan las reuniones grupales.

La última vez que este arandino de 32 años pisó una oficina fue hace casi un año. "Viajé a San Francisco porque una compañera se marchaba a Facebook y teníamos que entender los procesos de los que se ocupaba", recuerda. Ahora tendrán que transcurrir varios meses hasta que pueda volver a verse en persona con sus compañeros, ya que la empresa decidió cerrar las sedes al menos hasta julio.

Para Guillermo, la gran ventaja del teletrabajo es la flexibilidad horaria, no perder tiempo en los trayectos y también, porqué no, comer en casa y olvidarse del tupper. Algo en lo que coincide plenamente Mario Martínez, analista de recursos humanos en una compañía del sector de automoción. "Me levanto, me preparo mi infusión, trabajo, puedo comer lo que quiera, incluso realizar un poco de yoga y luego suelo tener la tarde libre para lo que quiera", asegura.

Pero no sólo eso. Martínez, también de 32 años, subraya que el teletrabajo "permite vivir con más calidad de vida fuera de Madrid. Estar en la Ribera es un lujo". Al fin y al cabo, recalca, apenas hay una distancia de una hora y media entre ambas ciudades por lo que "en cualquier momento puedes plantarte allí". En su caso, empezó a trabajar a distancia con la pandemia. Ahora tiene claro que no quiere volver a la oficina.

Quien también ha regresado a la Ribera es Raquel García Salvador. Lo hizo en julio, tras pasar el confinamiento en Irlanda, adonde había llegado en octubre para reforzar como responsable de selección una línea de negocio de la compañía tecnológica para la que trabaja. La covid echó por la borda aquellos planes. De hecho, Raquel no tiene pensado volver a Dublín. Aunque no sabe cuánto tiempo más se alargará su estancia en Aranda, valora positivamente pasar más tiempo con su familia después de meses de incertidumbre.

El teletrabajo también ha permitido a Rocío Peñacoba ampliar un par de semanas sus vacaciones navideñas en Aranda. Vive en Bélgica, donde ejerce como ingeniera en una firma de bienes de consumo personal, y asegura que realiza su trabajo "exactamente igual": "La eficiencia no ha cambiado en absoluto". A su juicio, eso sí, la mejor opción es combinar tareas online y presenciales "para no perder el contacto con tus compañeros".

Un mayor impulso. Los cuatro coinciden en que el trabajo a distancia constituye una buena herramienta para atraer talento, siempre que se acompañe de una buena conexión a internet. "Hacen falta infraestructuras acordes a este reto. La oportunidad se lleva gestando mucho tiempo y los políticos van con retraso", avisa López.