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El corazón verde de la Sierra de la Demanda

JUAN ÁNGEL GOZALO
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A la ruta de Pozo Negro se une la del tejo que se inicia en Tres Aguas y sigue por la cascada de Los Chapatales

La mayor parte de los 61 kilómetros cuadrados del extenso término municipal de Fresneda de la Sierra están ocupados por frondosos hayedos y extensos pinares de repoblación. - Foto: Luis López Araico

Fresneda de la Sierra Tirón tiene doble apellido y no es baladí porque en su territorio, enclavado en el medieval valle de San Vicente, es el auténtico corazón verde -ahora blanco por la nieve- de la Sierra de la Demanda, término que hace referencia al histórico y largo pleito por los pastos entre Ezcaray y Fresneda en tiempos de Felipe II. Además, la villa tiene el lujo de ver nacer, en el bello paraje de Tres Aguas, al sinuoso afluente del Ebro, que le presta sus azules aguas en Haro no sin antes recorrer 50 kilómetros por tierras burgalesas y riojanas.

En los más de 61 kilómetros cuadrados del extenso término municipal, la mayor parte ocupados por frondosos hayedos y extensos pinares de repoblación, Fresneda suma un sinfín de parajes de excepcional encanto en los que disfrutar no solo de aire puro y de una agreste naturaleza sino también de unas magníficas panorámicas que van más allá de la raya con Ezcaray. Desde Cenáticas -saltando la muga y el vallado que impide el paso de las vacadas- se abre magníficas vistas desde las que escuchar las sonoras berreas de los cérvidos. Además, en Collado Hermoso se ubica uno de los miradores más atractivos de Fresneda. Se pueden otear -y atacar si se es equipado y experto alpinista- más de una quincena de picos que se acercan o superan los 2.000 metros, entre los que se encuentran algunas de las cumbres más icónicas como las de Toro Cuervo, Campos Blancos, Otero, Cabeza Aguilez, Taborlaza, Zarzabala o Remendía, entre otros.

Con los pies en la tierra, solo hay que adentrarse por sinuosos y empinados caminos, sendas, vericuetos, majadas, cortafuegos y trochas para disfrutar de este tesoro verde y, sobre todo, de su 'mar' interior. La laguna glaciar de Pozo Negro sigue siendo la joya de la corona y además lugar de peregrinación y encuentro para los fresnedinos. Contar con Luis María Monja, regidor alcalde, y Ángel Hernando, teniente de alcalde y joven ganadero, como guías para la visita es un lujo porque ambos conocen al dedillo estos intrincados montes, pero si deciden aventurarse -siempre en compañía, con cautela y bien equipados- no hay problema porque las principales rutas y senderos cuentan con balizamiento y señalización además de precisos mapas en la red y abundante cartelería para no perderse. A pie, en bicicleta o en coche, mil opciones se abren para hacer una escapada o disfrutar de una estancia más larga porque las posibilidades de excursiones son muchas. Ahora además, tiene el aliciente -o la complicación, según se mire- de la nieve y el hielo. En todo caso, extremen las precauciones.

Como en Roma, en Fresneda casi todos los caminos llegan o parten de Tres Aguas, un precioso paraje situado a seis kilómetros de la villa y que en sí misma ya es una opción para el paseo tranquilo y sosegado a la vera del Tirón. Se llega por una amplia pista de tierra que discurre paralela al río y cuenta con un acogedor refugio, ahora cerrado por imperativo sanitario. Es el kilómetro cero para muchas de las rutas y senderos, entre ellos el GR-290, que en su segunda etapa une Fresneda con Barbadillo de Herreros, y marca además la ruta a la laguna glaciar de Pozo Negro. Para ello hay que internarse en el camino de San Antonio -cerca de la verde plazuela aún se observan algunas ruinas del cenobio antoniano que allí existió- hasta la Pasada del Ortigal. Cuatro kilómetros -la ruta suma unos diez, en total- en la que se puede disfrutar de un variopinto jardín botánico -pinos, avellanos, fresnos, sauces, saucos, cerbellanos, hayas, mostajos…- y, si hay suerte, descubrir en la espesura algún corzo, jabalí o ciervo, que abundan porque estos montes, que forman parte de la reserva nacional de caza. Metidos de lleno en el hayedo, la ruta -exigente pero bella - va paralela al arroyo que baja del Pozo Negro y al barranco del mismo nombre. Con las hayas a la espalda el paisaje cambia a ese bosque bajo -los brezos y los tojos, entre otras especies arbustivas abundan- la senda llega hasta la misma laguna, situada a la sombra del pico del Otero, uno de los dos mil que besa el cielo fresnedino y de cuyas faldas brotan subterráneos manantiales. El paraje a pesar de la altura es accesible también en coche gracias a la pista abierta desde el cordal de Campos Blancos, que enlaza también con el alto de la Cruz de la Demanda (acceso a Ezcaray). El Ayuntamiento además quiere acometer, según comenta el alcalde, una nueva pista desde Tres Aguas por el intrincado monte las Zarras, que a la vez sirva también de cortafuegos.

Como otras muchas lagunas, Pozo Negro - que no hace honor al color porque sus aguas son cristalinas- tiene asociadas mil y una leyendas. Su perímetro es de 300 metros y una profundidad ignota. Eso sí, sus verdeazuladas aguas -cambian de tonalidad según las horas- son frías, pero recomendables para darse un chapuzón en los días de veraniega canícula, aunque los remolinos antaño asustaban a los lugareños. En los meses de invierno no es menos atractiva porque la nieve y el hielo cubren su superficie. Por cierto, en el camino tradicional a Pozo Negro, el salto del Pesebre es también referencia obligada.

La laguna -que cuenta con una campa y piedras en la que sentarse para dar cuenta del almuerzo o la merienda- puede no ser final. Para los paseantes más aguerridos, por empinados vericuetos pueden coronar picos como el Torocuervo, Campos Blancos, Cabeza Aguilez, Taborlaza o, si prefieren, puede llegar hasta la Cruz de la Demanda o a los míticos San Lorenzo (Ezcaray) o el San Millán (Santa Cruz del Valle), que son ya palabras mayores. También se puede llegar a la laguna por la ruta del Convento, que hace referencia al de San Bernardo, ya desaparecido aunque se conservan algunas piedras a la vera de la ruta, que discurre entre pinares con ejemplares de enorme altura y porte. Se enfila por una pista forestal que suma 15 kilómetros y se coge justo pasado las Peñas Huecas, en la carretera que sube a Tres Aguas. Cualquiera de las dos opciones es buena.

Otro punto interesante a descubrir es el de Collado Hermoso, que muestra una panorámica del valle magnífica. No en vano este y otros parajes fueron utilizados para rodar la película Caso Cerrado, del recordado director Juan Caño, que por cierto ha donado su enorme biblioteca -14.000 libros- a la villa, de la que eran originarios sus padres. En el film intervino, en la que ha sido hasta ahora su última película, Pepa Flores (Marisol). Sin prisas y teniendo en cuenta que la duración de la ruta Tres Aguas-Collado Hermoso es de unas cinco horas, en este marco de exuberante naturaleza y centenarias hayas hay un singular y milenarios tejo, el de Zarzabala. Nada mejor que para descubrir este y otros que seguir su propia ruta, que además incluye al espectacular cascada de los Chapatales. Se trata de singular salto de agua que se encuentra a apenas 15 minutos de Tres Aguas siguiendo la ruta del arroyo de Zarzabala. Este cauce discurre por el barranco del mismo nombre y se une al Rehoyo, que desciende presuroso desde Cabeza Aguilez, y el de Ticumbea, que baja de los montes de Remendía. Los tres aportan su fresca y deliciosa agua -en San Antonio está la toma para el abastecimiento a la Riojilla burgalesa- para conformar en el entronque que da origen al río Tirón y, a partir de ahí, discurre hasta la villa fresnedina siempre entre prados.

Opiniones divididas, unos dicen que habría que hacer más accesible la cascada de los Chapatales y otros no y eso ha llevado, de momento, a dejar tal y como están los accesos. Para llegar a los pies del salto hay que trepar un pequeño trecho asiéndose y pisando las raíces de centenarias hayas que afloran en la senda. No es complicado, pero conviene ir con cuidado para acceder a la poza -frecuentada por bañistas en verano- y disfrutar de este rincón paradisiaco, en el que solo el rumor del agua rompe el silencio.

Por la senda que sube por el salto a través del barranco de Zarzabala y con el río como compañero -hay que remontarlo en dos kilómetros- se accede cómodamente al tejo milenario, uno de los más singulares no solo de Burgos sino también de España por su porte. En Castilla y León solo hay uno más grande, está en la localidad abulense del El Barraco, según cuenta el alcalde, que como el resto de vecinos está orgulloso de este gigante verde. Tiene nada menos que 7,20 metros de perímetro, aunque en la base la circunferencia es de 8,36 metros, otros diez de altura y su siempre verde copa suma 17x15 metros. Antes de llegar al gigante verde se pasa por otros tres ejemplares más jóvenes.

No es el único tejo que hay en los montes de Fresneda -muchos siguen ocultos en la espesura- pero hay otro tejo menos espectacular que el de Zarzabala. Se trata del de Emprevivas, que hace alusión al paraje donde crece. En algunos tramos la senda del tejo se entrecruza con las que conducen a Pozo Negro. Este ejemplar tiene una circunferencia de casi 6 metros y 21 metros de altura.

Aquí se acaba la visita realizada, pero no las posibilidades que ofrece para montañeros, ruteros y turistas Fresneda. La villa forma parte de la senda del lobo, que ha puesto en marcha la mancomunidad Sierra de la Demanda y que a lo largo de 68 kilómetros une Ezquerra con Pineda.